WhatsApp Image 2026-07-12 at 3.55.54 PM (1)

“Todo ha sido pueblo con pueblo”

Más de un centenar de familias afectadas por los terremotos permanecen en campamentos improvisados, donde la ayuda de voluntarios y vecinos ha sido clave para sobrellevar la espera por una solución habitacional

—¿El gobierno les ha traído algo?

Angely Andrade hace silencio. Se contiene, solo niega con la cabeza. Segundos después, suelta un “no, todo ha sido pueblo con pueblo”. Durante décadas apoyó a los gobiernos de Hugo Chávez y más tarde de Nicolás Maduro. Hoy se siente decepcionada.

Desde los terremotos, duerme en la avenida Bolívar de Caracas, una extensa vía de dos kilómetros en pleno Centro. Allí Hugo Chávez solía organizar sus mítines. Ahora es el hogar de más de 100 familias que esperan por las reparaciones de sus edificios, construcciones de la Misión Vivienda, que sufrieron destrozos, sobre todo en la parte interna de los primeros cuatro pisos.

“No estamos aquí abajo por gusto”, dice.

Un gran toldo blanco, recubierto con bolsas negras, son, por los momentos, el techo y las cuatro paredes de Angely y su madre. Adentro hay dos camas improvisadas con colchonetas. El 90 % de las familias en el lugar —estima Angely—, tuvieron que comprar sus toldos, carpas y colchonetas o ya las tenían o las pidieron prestadas. Otro 10 % ha recibido estos insumos gracias a donaciones de empresas, fundaciones, organizaciones o personas particulares que se acercan continuamente a la zona. Angely se encuentra específicamente dentro del estacionamiento del Museo del Diseño y la Estampa, Carlos Cruz-Diez, ocupado ahora por 201 personas temporalmente refugiadas, entre los que hay bebés recién nacidos, mujeres embarazadas y adultos mayores.

Más riesgos y cargas para las mujeres 

Tras los terremotos, más de 17.000 personas han perdido su vivienda y hay registro de unos 59 campamentos transitorios, según datos oficiales. Estos lugares, donde emerge la solidaridad y el acompañamiento, también suelen ser espacios de caos y supervivencia, sobre todo para las mujeres, una población que afronta mayores riesgos y el aumento de sus ya pesadas cargas de cuidados. Hoy por hoy, a este panorama se enfrentan al menos 1,97 millones de mujeres —menores de 50 años—, que se  encontraban en las zonas con más afectaciones, según estima el Fondo de Población de la ONU.

Ya antes de la tragedia, las venezolanas dedicaban un 75% más de su tiempo que los hombres a ejercer labores de cuidado de la infancia y adultos mayores, lo que limitaba su acceso a ayuda, empleo o descanso. En un contexto que previamente era complejo, una catástrofe de esta magnitud condiciona, aún más, el acceso de las mujeres a servicios de salud sexual y reproductiva, aumenta el estrés y de otras afecciones de salud mental, incrementa el riesgo de violencia intrafamiliar y sexual, entre otras tantas vulnerabilidades. Además, la pérdida de ingresos y activos afecta de forma diferenciada a los hogares liderados por mujeres, que en Venezuela representan el 50%.

“El museo nos colabora con los baños y las duchas. Nosotros,  mujeres y hombres nos organizamos en grupos para limpiar estos baños. Para comer, ha sido gracias a los voluntarios y restaurantes que nos traen alimentos ya preparados”, detalla. El edificio de Angely, llamado Cinco Héroes Cubanos, está a pocos metros. Fue desalojado de forma preventiva desde el mismo 24 de junio, por Protección Civil. Desde hace unos días, obreros de la Misión Barrio Nuevo, Barrio Tricolor empezaron los arreglos del edificio Ojos de Chávez, pero hasta el momento los trabajos solo avanzan allí.

Todo ha sido gracias a las donaciones 

Miriam Chauran y Mirivic Carruido, madre e hija, viven, por los momentos bajo dos toldos, junto a ellas ocho personas más. Para dormir se dividen en tres carpas que reposan sobre paletas de madera para que no se mojen con la lluvia. Las cobijas, sabanas, colchonetas y demás insumos básicos que han recibido han sido gracias a donativos.

Miriam recuerda cómo a pesar de su artritis logró salir del edificio al momento del terremoto. “Cómo quedó el edificio traumatiza a cualquiera”, cuenta Marivic.

Las dos evitan entrar al edificio en la medida de lo posible desde aquel 24 de junio. Incluso ellas ven el edificio un “poquito” inclinado. Sin embargo, eso no ha sido verificado ni confirmado por algún experto, tan solo es una percepción de los vecinos y vecinas que siguen muy afectados tras los movimientos de 7.2 y 7.5 que ocasionaron destrozos principalmente en Caracas y La Guaira.

“Extrañamos todo de nuestro hogar, pero confiamos en Dios en que todo se va a solucionar”, añade Mirivic.

Una manicura mientras pasa el tiempo

Cae la tarde y no hay mucho que hacer en el campamento. María Peña aprovecha para pintarle las uñas a su madre, Aymara Méndez. No es manicurista profesional pero está en formación. Cerca de su toldo hay un punto de conexión. Gracias a eso pueden conectar la lámpara led que seca la pintura, dos ventiladores y poner a recargar los celulares. Para iluminarse usan bombillos inalámbricos. Su esposo está trabajando y hijo pequeño juega con otros niños en una cancha cerca de las carpas.

“Entre los vecinos tratamos de ayudarnos. Ha habido mucha solidaridad”, señala Aymara. Ella no sabe muy bien quiénes son las personas que se han acercado con alguna colaboración o ayuda pero presume que son organizaciones o fundaciones civiles o incluso familias que llegan a compartir casi cualquier cosa. Minutos antes, un grupo de personas pasó con un termo grande repartiendo tizana. En la mañana sabe que estuvo Médicos sin Fronteras y el día anterior hubo atención veterinaria.

“Yo veo más trabajo del pueblo. Sin embargo, tampoco estamos totalmente desasistidos. Aquí han venido peritos del gobierno y la Barrio Nuevo, Barrio Tricolor”, añade.

Un televisor para distraerse

Unas cuadras más allá está el edificio OPP-9, otra construcción social que, a diferencia de los edificios Cinco Héroes Cubanos y Ojos de Chávez, sufrió daños severos. Jonathan Contreras, habitante del OPP-9, vio como a su edificio le pusieron una etiqueta roja. Esto no necesariamente establece que deba ser demolido, pero sí desalojado hasta que se realice un estudio de patología estructural, según la explicación que han dado Comisión Presidencial de Evaluación de Habitabilidad en Infraestructuras sobre el significado de esta etiqueta. 

De uno de los soportes del toldo, cuelga un televisor, Jonathan lo trajo desde casa de su madre. Frente al aparato hay varias sillas plásticas, en una de ellas está él sentado viendo un partido del Mundial. Sobre una mesa hay una cafetera y una licuadora, algunos platos, vasos y tazas, es una especie de cocina improvisada. Son dos toldos los que cubren cuatro carpas, ese es el espacio donde convive la familia de Jonathan y tres familias más, 14 personas. Amigos y familiares de Jonathan han sido sus principales fuentes de ayuda durante estas dos semanas.

Jonathan agradece “a todos los venezolanos y venezolanas que los han apoyado en medio de la conmoción que atraviesa el país”. Menciona principalmente a “la parte privada”. Al gobierno, lo “único” que le pide, es que sus apartamentos sean reparados o que, en caso de no poder ser rehabilitados, sean reubicados lo más pronto posible para poder retomar sus empleos y los niños, niñas y adolescentes de su familia, el colegio.

Etiquetas: no hya etiquetas

Comments are closed.