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“Nos enseñaron a contar historias de una sola forma. Es mucho más complejo que eso”: Así fue el primer conversatorio de Autonomías de un Cuerpo Disidente

En el marco de la inauguración de la muestra Autonomías de un Cuerpo Disidente: 11 manifiestos transversales, la Galería Beatriz Gil realizó el pasado martes 24 de marzo un conversatorio sobre interseccionalidad, activismo y arte, con la participación de Mima Cortez y Gabriela Mesones Rojo, impulsoras de la Red de Periodistas Venezolanas

En Venezuela la cultura resiste y se vuelve raro encontrar espacios en donde, de forma multidisciplinaria, el arte teje un manifiesto coral. La exposición Autonomías de un Cuerpo Disidente es justamente eso: un lugar en donde la fotografía y el arte se erige como respuesta a las inquietudes en torno a la identidad LGBTIQ+ y sus diversas manifestaciones fuera del binarismo.

Esta exposición, bajo la curaduría de Lorena González Inneco, surge como resultado del ciclo formativo de Semillero Migrante, un taller impulsado por la fotógrafa y periodista venezolana Fabiola Ferrero —ganadora del World Press Photo y reconocida por su trabajo sobre la crisis y la diáspora venezolana— donde durante cuatro meses, distintos fotógrafos y fotógrafas venezolanas desarrollan un proyecto fotográfico desde todas sus vertientes investigativas y estéticas, de la mano de otros narradores visuales y mentores de toda Latinoamérica.

Como parte de un ciclo de conferencias en torno a los diversos ejes temáticos de la exposición, Gabriela Mesones Rojo —periodista, editora, poeta y artista visual— junto a Mima Cortez —activista, ilustradora, diseñadora y expositora en esta edición— se pasearon por un sinfín de temas que se desprenden de la obra expuesta.

Ambas compartieron que la exposición fue un ejercicio colectivo de descentralización y de visibilización desde lo interseccional.  Esa nueva mirada ocurre desde hablar desde otros espacios, tanto territoriales como identitarios. “Como el trabajo de Yris Paul, que desde el sur del país comparte cómo la minería atraviesa las vidas queer (…) o Gabriel Pinto, que desde Barlovento, narra una historia en donde lo afro y lo LGTBQ convergen. Porque lo afro es más que rojo, tambor y San Juan” comenta Mima.

De allí que uno de los ejes más potentes del encuentro fuera la necesidad de encontrar otras formas de narrar. “Nos enseñaron a contar historias de una sola forma. Es mucho más complejo que eso”, se dijo durante el conversatorio. La frase resumió buena parte de la discusión: narrar no consiste únicamente en registrar, sino en preguntarse desde dónde se mira al otro y cómo evitar que la representación refuerce la distancia, la revictimización o la otredad. En lugar de hablar por otros, se trata de ser puente para que cada sujeto pueda contarse a sí mismo, decidir cómo quiere ser visto y participar activamente en la construcción de su imagen.

Por otro lado, el trabajo de Mima, también expuesto, aborda una mirada optimista y digna de las vidas trans. “Las temáticas LGBTIQ+ siempre se suelen atar a lo romántico y sexual” comenta Gabriela. “Pero realmente tiene que ver con la autodeterminación humana, el cómo vivir, cómo amar, cómo vestirse. Tenemos hambre de autodeterminación, y la conseguimos con el arte”.  Es importante salir de las narrativas trágicas en torno a la diversidad sexual, porque la alegría también está presente en las vidas queer y necesita espacio de representación.

“El periodismo y el activimo me explica el mundo, pero el arte es el camino para entenderme a mí misma” comenta Gabriela, y es que, indudablemente, la muestra fotográfica parte de la necesidad del entendemiento de los propios expositores sobre sí mismos, sus vivencias, y las de sus retratados.

De fondo, Semillero Migrante apareció no solo como instancia formativa, sino como una estructura de acompañamiento para pensar la creación en colectivo. Las mentorías, la identificación entre lenguajes visuales y la posibilidad de asesoramiento en el proceso permitieron que la muestra se convirtiera en algo más que una suma de piezas individuales. Hay, en ese gesto, una apuesta por el largo alcance: trascender en lo colectivo, fortalecer comunidad y abrir discusiones que puedan ir más allá de la galería.

Y justamente, el conversatorio entre Mima y Gabriela cierra con la invitación de poder narrar visualmente y hacer arte fuera de espacios tradicionales, promover la cultura y hacer de él un espacio de unión entre artistas que tienen mucho para decir. “El arte no es para las elites. El arte es para todos. Es un espacio de union. Un puente”, cierra Mima.

Autonomías de un Cuerpo Disidente: 11 manifiestos transversales estará expuesta en la Galería Beatriz Gil, ubicada en Las Mercedes (Caracas) hasta el 26 de abril de 2026, en donde también se organizarán distintas ponencias.

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