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Encovi 2025: otro año de carga en el hogar y exclusión para las mujeres

La Encovi 2025 confirma que, aunque algunos indicadores económicos muestran mejoría, las mujeres venezolanas siguen sosteniendo de forma desproporcionada el peso de los cuidados, el trabajo doméstico y la supervivencia de los hogares. Mientras millones de ellas abandonan estudios o se alejan del mercado laboral para cuidar hijos, atender el hogar o asumir tareas no remuneradas, persiste una profunda desigualdad que limita su autonomía y profundiza la crisis de los cuidados en Venezuela

La Encuesta de Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi 2025) hace, cada año desde hace 10 años, una radiografía profunda de indicadores que dan cuenta de la pobreza, la desigualdad y los problemas estructurales que ponen en jaque las vidas de las personas en Venezuela. Para su última edición, el estudio encuestó a 11.352 hogares en 22 de los 24 estados del país, entre marzo y junio de 2025. 

Entre esas estadísticas, hay millones de mujeres: 14.433.491, de 28,5 millones de personas, según las proyecciones de Naciones Unidas (WPP-2024). Mujeres sin tiempo, mujeres cansadas, mujeres con el cuidado de la casa y de los hijos sobre los hombros. Nada está balanceado, es una brecha que no se nombra pero que cada año sigue presente. 

Este año, la encuesta elaborada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) evidencia una mejora de indicadores con respecto a años anteriores, como el índice Gini, que mide la desigualdad. Sin embargo, esto no ha mejorado el bienestar social: persisten los mismos problemas que hacen que menos mujeres participen en la fuerza laboral o que abandonen los estudios para dedicarse a la crianza

Esta desproporción en las labores de cuidado no es una percepción, ni una idea vaga. Así lo muestran los datos de la Encovi 2025: son ellas quienes acompañan, son ellas quienes sostienen. 

La encuesta muestra que 97% de la población escolarizada de 3 a 17 años hace las tareas en el hogar, y quienes les acompañan son en un 70% las madres, mientras que en el caso de los padres la cifra apenas llega al 4%; incluso es superior el porcentaje de abuelos (6%) y de hermanos (5%). También hay un grupo de población escolarizada que hace sus tareas en solitario (10%) y una parte que es acompañada por otras personas (5%).

Pero las madres no solo son el mayor grupo que acompaña en las tareas, también lo son a la hora de llevar a los hijos e hijas a los centros de enseñanza. Los datos de Encovi muestran que en el caso de los escolares de 3 a 5 años, el 70% de las madres llevan a los niños a clases, frente a un 14% de los padres. La tendencia persiste en los demás grupos etarios: en escolares de 6 a 11 años, la responsabilidad recae en el 66% de las madres y solo en el 13% de los padres.

Alba Carosio, profesora titular de la Cátedra de Pensamiento Feminista Contemporáneo en la Universidad Central de Venezuela (UCV), dice que transformar radicalmente estas cifras requiere un “trabajo cultural muy importante”. Afirma que es necesario que se estimule la participación de los hombres en este rol, que reciban formación a edades muy tempranas que les lleve a tener conciencia sobre la responsabilidad paterna y les permita desarrollar capacidades para atender a los niños en sus diferentes edades. 

“Esto hay que comenzar a exigirlo. El Estado, hace unos días, conmemoró el Día de la Familia, y la familia debería estar organizada de manera equitativa. Pero vivimos en una sociedad con una altísima dosis de irresponsabilidad paterna”, explica a Redsonadoras.

Y es que en Venezuela el trabajo no remunerado está predominantemente feminizado y es un problema de larga data. La Encuesta de Uso del Tiempo (EUT), del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), evidenció en 2023 que cada día se completó un total de 67,4 millones de horas de trabajo no remunerado, de las cuales 76,4% correspondieron a horas trabajadas por mujeres, mientras que 23,6% correspondieron a trabajo no remunerado hecho por los hombres.

Carosio explica que la responsabilidad de cuidar a las infancias, ancianos o personas con discapacidades severas sigue siendo una responsabilidad que las familias le imponen de manera exclusiva a las mujeres, y advierte que hay una crisis de los cuidados que se prolongará por más tiempo. Una crisis que se compone de ese conjunto de tareas que las mujeres hacen para sostener la vida de sus familiares y en especial la de aquellos que están en mayor situación de dependencia. 

Las razones importan

Los motivos por los que las adolescentes y jóvenes abandonan los estudios también varían según el género, de acuerdo al más reciente estudio de la UCAB. En el caso de los hombres, la mayoría lo hace porque consiguieron un trabajo o porque no quisieron continuar. 

En cambio, las adolescentes toman esta decisión cuando se trata de cuidar a los hijos o encargarse del hogar; también por embarazos. El estudio muestra un aumento en el porcentaje de las adolescentes de 12 a 17 años que dejaron los estudios por estas razones. La cifra pasó de 12% en 2021 a 24% en 2025. En el caso de sus pares hombres la cifra es de cero en esa categoría.

En el caso de las mujeres de 18 a 24 años, el abandono de los estudios por las mismas razones también aumentó, al pasar del 15% en 2021 al 19% en 2025. De nuevo, en el caso de los varones de esa edad, el porcentaje se ubica en cero.

Una fuerza laboral que no se recupera

Según Encovi, el nivel de actividad laboral de Venezuela es inferior al promedio de América Latina y de algunos países como Chile, Brasil o Colombia. Después de la pandemia estos países recuperaron sus niveles en el orden de 60% o más, pero Venezuela se ha quedado en 55%.

También se mantiene la brecha de género en el mercado laboral, pues solo 39% de las mujeres participan, frente al 72% de los hombres. Un rezago que continúa sin estímulos para revertirse. “La recuperación de la participación masculina ocurre de algún modo a expensas del incremento de la inactividad de las mujeres en el contexto de la pandemia. Para ellas son más altos los costos de reinserción en el mercado laboral”, advierte el estudio.

La Encovi también apunta que en cada ciclo de crisis, las mujeres venezolanas — aunque tienen niveles educativos un poco más altos— han tenido que salir del mercado laboral o se han abstenido de ingresar, porque el costo de oportunidad es muy elevado. 

Además, señala que en períodos de estabilidad, la recuperación de la participación de las mujeres en la actividad económica es lenta porque los recursos para viabilizar su inserción son escasos.

La investigadora feminista Alba Carosio coincide en que la participación de las mujeres en el mercado laboral ha venido disminuyendo. Una de las razones que menciona es que los bajos sueldos hacen que las mujeres no puedan incorporarse al mercado de trabajo y, a su vez, esto les impide pagar guarderías o incorporar otros servicios para que cuiden a sus hijos.

Otras, también por motivos similares, han dejado sus empleos para dedicarse a la economía informal. Aunque algunos de estos trabajos pueden ser muy exigentes, les ofrecen una mayor flexibilidad para ejecutarlos a la par del cuidado de los hijos. La profesora Carosio pone como ejemplos la elaboración de tortas o de panes, que las mujeres pueden vender en los círculos íntimos. 

La solución a la crisis de los cuidados

Entre las recomendaciones que hace la academia está promover la equidad en la distribución de las tareas en el hogar, como un valor a ser aprendido por hombres y mujeres desde edades muy tempranas. “La modificación de estos modelos tradicionales ayudaría a liberar la carga que pesa principalmente sobre las mujeres y que puedan disponer de más tiempo para su desarrollo sociolaboral”, sugieren.

Para equilibrar esta situación, el estudio recomienda el desarrollo de un Programa de Sistemas de Cuidados y cambios en la distribución de tareas en el hogar. También sugiere promover programas de emprendimiento para las mujeres, considerando su capacitación y financiación.

Carosio coincide en que la solución pasa por sistemas de cuidado que brinden atención integral y permanente. Por ejemplo, que las escuelas cubran todo el horario escolar, incluyendo los momentos de alimentación, como almuerzos o meriendas. Así como también planes para el cuidado de adultos mayores. “Mientras no existan estos servicios de apoyo al cuidado, es muy difícil que las mujeres puedan incorporarse en igualdad de condiciones al mercado de trabajo, porque no son iguales las condiciones”, apunta la especialista.

La pobreza en los hogares

Algunos indicadores muestran mejoría. El índice de pobreza multidimensional, por ejemplo, pasó de 57% en 2024 a 55% en 2025. Sin embargo, los hogares en Venezuela siguen afectados por la pobreza y la falla de los servicios básicos.

Un estudio del BID mostró en 2024 que 88,7% de las mujeres venezolanas hace trabajo doméstico no remunerado, mientras que solo 60,7% de los hombres lo hacen. Las mujeres dedican un total de 6 horas y 18 minutos diarios a este tipo de trabajo, mientras los hombres dedican 3 horas y 36 minutos.

Los hogares en Venezuela siguen teniendo dificultades para enfrentar el costo de la comida, de bienes y servicios. El año pasado la pobreza por ingresos en los hogares se ubicó en 68,5%, mientras que la pobreza extrema en 31,7%.

Los niveles de pobreza extrema también muestran una disminución después del 2021. Sin embargo, todavía en 2025, 1 de cada 3 hogares los ingresos no son suficientes para satisfacer las necesidades alimentarias.

La concepción de “la mujer que todo lo puede” hace que esa doble tanda de trabajo se vea y se luzca con “orgullo”. Sin embargo, se trata de trabajo no remunerado, de horas y horas dedicadas a enseñar, a lavar, a cocinar, a limpiar, a tareas que nunca acaban y donde el único soporte no son más que ellas mismas.

Para colmo de males, las jefaturas de los hogares son ocupados en un 52% por mujeres, en contraste con el 48% de los hombres.

Carosio apunta que esta situación local se repite en otros países, dónde, en medio de diferentes crisis económicas y sociales, las mujeres han sido “las grandes estrategas de la sobrevivencia”, rindiendo los alimentos, la ropa o buscando agua.

Para la investigadora no parece haber indicios de que el Estado asuma estas responsabilidades, pues hacerlo significa dar apoyo a quienes, de hecho, lo están haciendo en este momento. “Creo que la crisis de los cuidados se va a prolongar, pero eso no significa que nos vamos a quedar de brazos cruzados”. 

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