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Lexys Rendón: En este momento “el rol de la mujer no está muy claro en la vía práctica” para una transición

Más allá de las figuras dominantes en el tablero político venezolano (María Corina Machado, Delcy Rodríguez y una Dinorah Figuera apoyada por Estados Unidos) el papel de las mujeres no está del todo claro en un proceso de transición que, afirma la directora de Laboratorio de Paz, Lexys Rendón, aún no ha empezado. Sin embargo, dice, cada vez más aumentan las iniciativas de articulación y discusión dentro de grupos de académicas, sindicalistas, activistas de DDHH, periodistas y políticas, para verse integradas como referentes dentro de este escenario

La operación militar estadounidense del 3 de enero abrió una ventana para una transición democrática. Pero la permanencia de la estructura represiva tras la captura de Nicolás Maduro, los propios intereses de la administración de Donald Trump, la necesidad de Delcy Rodríguez y sus aliados de mantenerse en el poder y una oposición que apenas va recuperando su articulación en lo social han ralentizado ese proceso.

Lexys Rendón, socióloga y directora de la ONG Laboratorio de Paz, señala que la confianza es clave para que las personas se incorporen a un proceso que debería terminar en reconciliación social y una redemocratización del país. “La confianza no se decreta, se construye con acciones, compromisos, con avances, con incorporar todas las voces”.

Este año, Laboratorio de Paz ha avanzado en talleres de formación, junto a otras organizaciones, para distintos grupos de mujeres (académicas, sindicalistas, activistas de DDHH, periodistas, políticas) en todo el territorio. “Esperamos que haya realmente un mecanismo de incorporación de las mujeres en la visión, las propuestas y decisiones que se vayan a tomar”.

Sin embargo, en la vía práctica ese rol de la mujer “no está muy claro” en este momento, dice.

“Sabemos que hay una mesa, donde hay una mujer que representa la Asamblea Nacional; que hay un país que en este momento está siendo gobernado por una mujer que asume la Presidencia y que no goza de legitimidad. Tenemos al mismo tiempo a una mujer que puede representar la mayoría legítima que empujaba la posibilidad de un cambio democrático”, expone la activista.

—¿Cuál es el rol que ve para las mujeres en una transición democrática?

—Lo primero es que las mujeres venezolanas que hacen activismo sienten que su rol es absolutamente necesario, protagónico y único. ¿En qué sentido? Si bien no podemos decir que todas las mujeres representan ese gran grupo social que tiene características claras y un sistema basado en derechos humanos que les da unos derechos, deberes y garantías específicas, cada una de ellas tiene un rol donde es fundamental la mirada femenina.

Para el Laboratorio de Paz aún no hay condiciones que nos digan que estamos dentro del marco formal no solamente de lo que se conoce como transición sino en materia de derechos humanos. Estamos, por ahora, avanzando hacia algo que pueda llamarse transición, sin embargo, nuestra apuesta es que se materialice y para eso es requerido que no quede en grupos de poder políticos, económicos o internacionales, sino que la transición tenga como eje transversal la participación amplia del pueblo, en el que incluimos de manera protagónica a la mujer.

—Vemos claramente a figuras femeninas en el tablero post 3 de enero, entre ellas a Delcy Rodríguez…   

—Su liderazgo no se mide a partir de ahora porque sea presidenta interina, su liderazgo era absoluto dentro de la estructura de gobierno: era la ministra de Petróleo, la vicepresidenta de la República y la persona que lideraba algunos organismos de seguridad del Estado. También era una de las personas ligadas al ámbito económico al punto de ser representante del país en el ámbito internacional.

Si había un liderazgo muy grande dentro de la institución del Estado, era Delcy Rodríguez, solo que estaba dentro de un entorno, en una estructura vertical, militarizada por obediencia y representada por hombres. Pero Delcy Rodríguez ha estado siempre.

Ella tiene decisiones, a título personal, de acompañar un proceso que terminó deviniendo en un autoritarismo fuerte, en el desconocimiento de la voluntad popular a través del voto, de persecución política que ha desaparecido gente, que tiene gente presa o torturada. Además ha participado en un proceso que ha significado por razones políticas y económicas en la salida de millones de personas.

Su liderazgo ha sido frontal, quizás no tan verbal o mediático como Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello o Maduro pero sí es una figura fundamental en los últimos años… Estar en un proceso donde representa el país, donde acepta una tutela y toma decisiones en términos económicos, políticos o sociales y no estar respetando la Constitución, es una decisión personal.

—¿La ve como una figura que, a largo plazo, se termine de afianzar en el poder al seguir esa relación ganar-ganar con Estados Unidos?

—Sí. De no haber una transición que entienda lo que demanda la población, por supuesto que se va a atrincherar en el poder bajo esa relación “ganar-ganar”.

Para Rendón, la encargada del Ejecutivo entró en negociaciones con Estados Unidos (EE. UU.) no sólo para permanecer como figura predominante del poder tras la captura de Maduro, sino para bloquear cualquier imposición de otro liderazgo femenino en el futuro próximo.

—Creo que Delcy Rodríguez cuando está hablando de ganar-ganar habla de una estrategia ideológica, política, a la que vienen apostando incluso antes del 2024 y que vimos claramente que, con el desconocimiento a la voluntad popular ese año, empezaron a generar alternativas para ellos mantenerse en el poder ya sea por razones de impunidad, por razones económicas o ideológicas.

Cuando dicen ganar-ganar es porque tienen tiempo y no ven una transición normada bajo las reglas que establece la propia Constitución o de garantías de derechos humanos que los obligarían no solo a hacer una elección presidencial, sino elecciones para la reinstitucionalización del Estado y que los obligaría a aceptar responsabilidades e incluso demostrar en un juicio si son inocentes o culpables, incluyendo juicios por violaciones graves a los derechos humanos. Esa posibilidad hoy no está.

El escenario de EE. UU.

El papel de EE. UU. en la crisis política venezolana ha alcanzado a diversos actores, hasta llegar al control que ahora ejercen sobre la administración de Delcy Rodríguez bajo la amenaza de una nueva intervención militar y arrestos similares al de Maduro. Del lado del espectro opositor, María Corina Machado ubica a la administración Trump como uno de los principales socios financieros en un proceso de reconstrucción democrática.

Pero el Gobierno de Trump no solo dejó su capacidad de interlocución en los extremos. En abril, el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Michael Kozak, se reunió con la presidenta de la Asamblea Nacional 2015 (AN 2015), Dinorah Figuera, para discutir las “vías hacia una transición democrática estable, ordenada y consolidada”.

Desde entonces la diputada pasó a ser ratificada no sólo como parte de la “única institución democráticamente electa” en Venezuela, sino que fue apoyada para ser la principal figura en un nuevo diálogo con el chavismo.

—Sobre Dinorah Figuera, ¿la considera una articuladora más de EE. UU.?

—Es una articuladora, aunque no quiero decir que de EE. UU.. Considero que ella, en su buena fe, está participando en un proceso que espera culmine en una transición. Está actuando como le permite su espacio político, pero está clara que esa mesa no va a tener resultados si la gente no pelea porque se tengan.

Pasa además algo grave con Dinorah Figuera: que se está convirtiendo en un abismo de cristal, porque ella no toma las decisiones. La liberación de presos políticos es algo que se decidió posterior a la primera reunión, por ejemplo. Es chévere decir que una mujer está liderando la mesa de transición, que se les involucra, pero EE. UU. ha dicho que reconoce su liderazgo y el de la AN 2015 por un tema transaccional, pero al mismo tiempo desconoce —al reconocerla a ella— una elección que fue ganada por Edmundo González porque María Corina Machado, un liderazgo femenino, le levantó la mano.

Hay que determinar con las acciones y los resultados hasta donde su figura no es un abismo de cristal, donde se utiliza a la mujer para que legitime decisiones que están siendo tomadas en otros espacios decisorios aparte de la mesa de diálogo, y además para que deslegitime la desaparición y la destrucción del único liderazgo mayoritario que tiene el país y que puede garantizar la movilidad social, y no una pacificación, para una transición sin impunidad representando por María Corina Machado.

—¿EE. UU. está minando la capacidad de acción de María Corina Machado?

Está minándola con acuerdo de Delcy Rodríguez, con acuerdo de los grupos de poder. Parte de ellos están hoy vinculados al proceso denominado de reconciliación y paz, a la Defensoría del Pueblo y otros sectores, pero estos son grupos minoritarios y quedó demostrado en las elecciones de 2024.

Todos están confabulados en desaparecer el liderazgo de María Corina Machado… El problema de fondo es que Venezuela —a diferencia de Cuba o Nicaragua que ya se habían desecho de eso a punta de persecución política y migración forzada— tenía un líder opositor con capacidad de congregar a las masas, legitimidad y capacidad de movilización para visibilizar que la gente quiere democracia y quiere salir de un autoritarismo con una forma autónoma de transición. Eso es lo que están matando porque cuando le quitas al país este tipo de liderazgo bajo un autoritarismo, le quitas vías democráticas para su transición y al mismo tiempo le das continuidad a ese escenario autoritario porque no tienes a nadie que aglutine el fervor de cambio, de democracia.

Eso simbólico que se ganó María Corina Machado es lo que están destruyendo. Además es inaceptable que EE. UU. diga que no puede garantizar su seguridad. Si somos un tutelaje se supone que quienes tienen el poder de control son los Estados Unidos. Entonces no es posible que una premio Nobel, que reúne un liderazgo mayoritario y legítimo, no pueda entrar al país.

—María Corina Machado tiene un poder articulador, ¿pero cómo ve que se está dando en las comunidades? ¿Hay indicios de mayor movilización?

Depende del sector, depende de la zona del país y creo que los terremotos también influyeron mucho en el ánimo que se venía sintiendo. Previo a los terremotos en Táchira, Yaracuy, Barquisimeto, Zulia, Caracas, el ánimo era reorganizarse en torno a la exigencia de elecciones, movilizarse por la posibilidad de regreso de María Corina Machado, es decir, la organización social estaba sintiendo que la represión estaba disminuyendo.

Como estaba disminuyendo y se estaban abriendo algunos espacios para la manifestación, para introducir documentos, para hacer visible algunos temas, había un renacimiento organizativo con base en la confianza de grupos que se habían organizado para el 2024, y que tuvieron que salir huyendo o sufrieron persecución y prisión. Estoy hablando de sectores femeninos, de mujeres activas con todo el ánimo de pedir que la transición las incorpore.

Luego de los terremotos, el ánimo se vino un poco abajo pero en este momento el desagrado con los Rodríguez sigue siendo muy alto. Por otro lado, creo que hay grupos que están empezando a reorganizarse para tratar de incidir de manera mucho más amplia en lo que se está determinando como una transición que no pareciera ya una transición, sino un acuerdo de estabilidad con EE. UU., con pensamiento transaccional y que está incluso violentando de manera muy severa, no solamente la Constitución, no solamente la soberanía, sino además está teniendo fracturas importantes dentro de quienes habían sido la base del chavismo o del madurismo por razones ideológicas.

—Desde el lado del chavismo, ¿les está importando mantener esa articulación con sus bases o persisten en su supervivencia sin importar la crítica interna?

Van a seguir tratando de mantener el control a través de los mecanismos que vienen implementando de colectivos o del control social en lo micro. Eso no ha cesado. Les funcionó antes, les funcionó en el 2024 y les puede funcionar frente a un recambio de lo que está sucediendo ahora.

Creo que siguen con la idea de mantener sus bases, ya sea porque les caiga un chorro de dinero y puedan con eso movilizar beneficios sociales, movilizar cambios en lo concreto en las comunidades y sacar rédito de eso, pero también les conviene tener control en sus bases por la posibilidad de poner en riesgo el poder.

Si EE. UU. se va, cuestión que ya ha hecho en Afganistán y otros países, obviamente requieren el control de grupos que les sean afines, fieles, obedientes y que puedan servir en los términos en que han servido hasta ahora: control social, vigilancia y todo lo vimos desatado en 2024.

Además, si el chavismo llega a tener la posibilidad de permanecer mayor tiempo y recibir dinero, en caso de ir a unas elecciones pues van a querer permanecer en las cuotas de poder. Eso significa tener que mantener sus bases y agrandarlas incluso. Entonces políticamente, estratégicamente, ideológicamente, necesitan mantener a los que están y sumar aunque no creo que logren sumar debido al rechazo social que tienen.

—Bajo este escenario, ¿hay espacio para que las mujeres puedan liderar efectivamente o llevar sus demandas sobre la transición? ¿Qué retos tienen los grupos organizados de mujeres para lograrlo?

Creo, y lo constaté en los talleres, en el recorrido por el país, en la relación con las organizaciones humanitarias y la gente, que la mujer está convencida de su rol y participación. El proceso social de movilización que se dio para las elecciones, con todo lo adversa que se sabía, fue liderado en su gran mayoría por mujeres. Eso está renaciendo, reacomodándose.

Pero los abismos de cristal, ya sea por persecución, el propio autoritarismo y represión, hacen que la mujer tome un rol de mayor liderazgo, pero casi siempre es simbólico. Son los hombres los que siguen tomando decisiones mientras ellas aparecen en la palestra. Esto ocurría con el gobierno y algunos partidos.

Eso ha sido, afortunadamente, una toma de conciencia por parte de mujeres que han tenido que asumir unos liderazgos que sabían que les correspondían, que ganaron por mérito, pero que les cedieron porque los hombres estaban perseguidos o no estaban. Ellas ahora han asumido la responsabilidad de un liderazgo de base para la movilización y la organización por la democracia. Lo vimos en el 2024, con la persecución que incorporó a una gran cantidad de mujeres activistas y lo vemos ahora: son las mujeres las que están volviendo al país, las que se están incorporando en la discusión política y social.

En el activismo de base son las mujeres las que se están arriesgando en las comunidades, a pesar de la persecución, a empezar a movilizar de nuevo a vecinos, de empezar a hacer cosas. Lo vimos incluso en los terremotos, las iniciativas estaban compuesta un 80 % por mujeres.

Cuando no se permite que nosotras, que todo ese grupo de mujeres organizadas en cada rincón del país participe, diga la transición que quiere y esté en la calle movilizada, es una nueva forma de violencia contra la acción política y democrática.

Creo que en este momento sí hay oportunidades. Somos las mujeres organizadas en cada uno de sus espacios las que pueden reconstruir la confianza para avanzar en una transición, donde haya acciones y pasos contundentes de que estamos avanzando en procesos de elección, de libertad fundamental, en procesos de justicia, donde las víctimas tengan realmente espacios para que no haya impunidad.

Pero en estos momentos estamos estancados. Un proceso que inició con mucha fuerza luego del 3 de enero, a partir del mes de julio se ha ralentizado y hay que dinamizar esto. Ese dinamismo, ese compromiso va a surgir a través de los grupos organizados de liderazgo femenino. Y si viene María Corina, creo que es más todavía.

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