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Liderar al borde del abismo: cuando las mujeres quedan al frente de la política venezolana

El inédito ascenso de mujeres al centro del poder en Venezuela ocurre en el momento de mayor colapso político e institucional. Lejos de representar un avance sostenido hacia la igualdad de género o una conquista feminista, politólogas advierten que estas designaciones responden al fenómeno del “acantilado de cristal”: liderazgos femeninos llamados a gestionar crisis casi irresolubles, con alto costo político y escaso margen de maniobra, mientras las estructuras tradicionales se resguardan del fracaso

El 2026 inició con un giro histórico en el escenario político venezolano: por primera vez en la historia reciente, todos los principales liderazgos del país son encabezados por mujeres. Un marcado contraste con respecto a las elecciones presidenciales del 2024, que no contaron con candidatas mujeres en el tarjetón. 

Hoy tenemos al frente a Delcy Rodríguez, figura clave del oficialismo que pasó de la Vicepresidencia Ejecutiva a ejercer la jefatura del Estado, en condición de presidenta encargada, luego de que la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ordenara su asunción tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en una operación militar ocurrida el 3 de enero de 2026, lo que fue interpretado dentro del marco legal como una “falta temporal” que debía ser suplida conforme a la Constitución para garantizar la continuidad administrativa del país. También María Corina Machado continúa como líder principal de la oposición desde su victoria en las primarias de 2022. Incluso Laura Dogu, la nueva encargada de negocios designada por EEUU para atender el caso de Venezuela, es mujer. 

Pero este ascenso simultáneo de las mujeres al centro del poder no puede atribuirse completamente a un avance hacia la igualdad de género. Estas designaciones no parecen surgir precisamente como una respuesta de apertura democrática, sino más bien como una forma de respuesta estratégica para la gestión de la crisis. Dicho patrón ha sido estudiado en distintos contextos y recibe el nombre de “acantilado de cristal” en la teoría política y organizacional.

Alicia Montiel, politóloga y consultora política, explicó que el concepto de “acantilado” alude, justamente, al riesgo implícito de esas designaciones.

“Son cargos a los que se llega cuando la posibilidad de fracaso es muy alta, cuando el margen de maniobra es mínimo y el costo político o reputacional está prácticamente garantizado”, explicó la especialista.

Comentó que este patrón también cumple una función simbólica dentro de las dinámicas de poder, porque desplazar el riesgo hacia figuras femeninas permite proteger liderazgos masculinos previamente consolidados. “Cuando ya no hay respuestas y las soluciones parecen agotadas, se abre espacio para que una mujer asuma el mando, incluso como una forma de resguardar trayectorias masculinas y evitar que sean ellas las que carguen con el costo del fracaso”.

La politóloga Carmen Herrera agrega que este escenario no siempre se presenta como una oportunidad visible de promoción, sino como “una trampa política cuidadosamente construida”. 

“No se trata de un ascenso real, sino de una oferta que llega cuando el cargo ya está atravesando una crisis prácticamente insolucionable. Muchas mujeres aceptan estos cargos no porque las condiciones sean favorables, sino porque representan la primera, y a veces la única ocasión real de acceder a espacios de poder que históricamente les han sido negados. La alternativa suele ser seguir esperando una oportunidad que nunca llega”, explicó.

La experiencia internacional muestra que el “acantilado de cristal” se ha repetido en distintos países y momentos históricos, destacando el caso de Theresa May como primera ministra del Reino Unido en 2016, quedando a la cabeza de una crisis política y económica inmediatamente posterior al referéndum del Brexit. En Australia, Julia Gillard llegó al gobierno tras la fragmentación interna del Partido Laborista que desencadenó dudas sobre su legitimidad durante todo su periodo. En Finlandia, Sanna Marin encabezó el Ejecutivo durante la pandemia de COVID-19, enfrentando una crisis sanitaria combinada con críticas centradas en su edad, su vida personal y su estilo. Asimismo, Xiomara Castro en Honduras y Dina Boluarte en Perú asumieron la presidencia en contextos de inestabilidad institucional, falta de confianza en los liderazgos masculinos y polarización. 

Y en el caso venezolano, no es casualidad que este reordenamiento del poder de la política ocurra luego de la profundización de la crisis por el vacío de poder que dejó la operación del gobierno de Estados Unidos contra Nicolás Maduro y el desgaste de los liderazgos masculinos tradicionales, tanto del oficialismo como de la oposición, que hoy generan desconfianza o apatía

Los resultados de la encuesta Latam-Wide de AtlasIntel y Bloomberg de enero de 2026 confirman el deterioro de la imagen pública de los principales líderes masculinos opositores que dominaron la escena política venezolana durante la última década. Juan Guaidó presenta apenas 29 % de imagen positiva, frente a 34 % negativa y un elevado nivel de indefinición (37 %. Henrique Capriles, excandidato presidencial y actual diputado registra 15 % de valoración positiva, con 25 % negativa y un 60 % de respuestas “no sabe”, después de  haber conseguido el 49,12% de los votos en las elecciones presidenciales del 2013. Leopoldo López aparece aún más rezagado, con solo 16 % de imagen positiva, 24 % negativa y 61 % de indefinición, lo que sugiere una figura de liderazgo ya desdibujada.

Política

Sin mencionar la ausencia de otros liderazgos con legitimidad social y política que deben permanecer fuera del radar público por encontrarse en el exilio, en la clandestinidad como Delsa Solórzano, o privados de libertad como Juan Pablo Guanipa.

Eva Sabariego, politóloga y directora de EmpoderaME, mencionó también que las mujeres asumen la vocería en escenarios de mayor peligro, y el éxito o el fracaso de la estrategia recae absolutamente sobre la figura femenina. “Son ellas quienes asumen el costo personal, legal y reputacional del desenlace, mientras las estructuras de poder tradicionales observan desde lejos”, puntualizó Sabariego. 

Liderazgo femenino como última carta

En el ámbito hispanoamericano, autoras como Tània Verge y Silvia Claveria, han analizado el fenómeno al mostrar cómo las mujeres suelen ser llamadas a ocupar cargos de liderazgo para “salvar el día” cuando estallan escándalos protagonizados por hombres, ya sea por corrupción, abuso de poder, violencia o escándalos sexuales.

Alicia Montiel señaló que mientras que los escándalos empresariales suelen resolverse con menor exposición pública, las crisis políticas están inevitablemente sometidas al escrutinio ciudadano. La política, recordó, es un servicio público, y quienes ocupan cargos electos no responden a accionistas, sino a votantes, lo que hace que los costos reputacionales sean mayores y más visibles.

Allí es donde la investigación académica identificó que ciertos estereotipos tradicionalmente asociados a las mujeres son percibidos como especialmente útiles en momentos de crisis y se instrumentalizan para suavizar la imagen de los gobiernos, como la empatía y el rol de cuidadoras.

“Cuando un hombre falla en política, se habla de errores estratégicos, de coyunturas adversas, de sistemas complejos. Cuando falla una mujer, la narrativa cambia: se cuestiona su capacidad, su temple, su liderazgo. El error deja de ser individual y se convierte en colectivo, y refuerza estereotipos históricos en donde las mujeres son “buenas para limpiar crisis”, pero no para gobernar en tiempos normales”, destacó Montiel.

Carmen Herrera explica que, en contextos normales, las cúpulas mayoritariamente masculinas tienden a promover y validar a perfiles similares a los suyos, reproduciendo liderazgos masculinos de forma sostenida. Las mujeres, aunque participan activamente, suelen quedar relegadas a tareas de coordinación comunitaria o trabajo de base —sin acceso a la vocería ni al reconocimiento público— y quien no tiene vocería difícilmente acumula legitimidad. Por eso, incluso cuando las mujeres realizan trabajo sustantivo, los logros suelen ser capitalizados por hombres que ocupan el espacio protagónico.

Cuando sobreviene una crisis porque los liderazgos tradicionales comienzan a “quemarse”, asumir la vocería se vuelve demasiado costoso.

Herrera lo atribuye a que ese acceso ocurre en condiciones profundamente adversas, porque la expectativa social es inmediata, la tolerancia al error es mínima y el castigo político suele ser más severo. “La mujer que asume no solo debe gestionar la crisis, sino también enfrentar una mayor exposición, ataques personalizados y una evaluación constante de su capacidad”.

Gobernar sin margen de maniobra

Desde la teoría del acantilado de cristal, Montiel interpreta la designación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada como un mecanismo de “lavado de cara” del chavismo, en medio de negociaciones de alto nivel que permanecen fuera del conocimiento público.

“Sobre el 3 de enero no tenemos todos los elementos, no sabemos realmente qué pasó ni qué está ocurriendo en este momento, pero circulan múltiples versiones: desde quienes sostienen que Maduro fue entregado, hasta quienes afirman que salió del país por decisión propia. Algún día sabremos todo eso, pero mientras tanto, lo que sí puede afirmarse es que Rodríguez asume un liderazgo profundamente condicionado”, asevera.

Según la especialista, la presidenta encargada se encuentra atrapada entre expectativas contradictorias que hacen extremadamente difícil consolidar respaldo político. “Debe responder a una base chavista, que observa con desconfianza su relación con el gobierno de Estados Unidos, su interlocución con la administración Trump y la recepción de funcionarios estadounidenses; pero debe mantener un discurso público de exigencia por la liberación de Maduro y Cilia Flores de su secuestro”.

En América Latina, se puede identificar el patrón en la gestión de Dilma Rousseff en Brasil, que permitió una recomposición parcial del capital político del Partido de los Trabajadores y facilitó el retorno de Luiz Inácio Lula da Silva al poder.

A su criterio, resulta igualmente improbable que Rodríguez logre generar confianza en la oposición y en una mayoría de venezolanos que rechazan al chavismo. “Está en una posición en la que sólo puede fracasar, justo como lo indica la teoría del acantilado de cristal”, resumió la consultora política.

Reconocimiento tardío

El acantilado también está presente cuando las mujeres acceden al liderazgo tras largos periodos de exclusión. El ejemplo de María Corina Machado en este caso resulta particularmente ilustrativo.

“Durante buena parte del período chavista, Machado intentó posicionarse como una alternativa política sin lograr el reconocimiento que probablemente habría obtenido un dirigente masculino en condiciones similares”, expuso. 

La consultora Montiel consideró igualmente que el respaldo masivo a Machado no se produjo sino hasta que otros liderazgos masculinos se agotaron, y cuando se hizo visible la estrategia de custodia de las actas electorales del 28 de julio, que había sido planteada por la dirigente en años anteriores sin encontrar eco. Aún así, pese a haber sostenido una campaña centrada en su figura y al considerable esfuerzo físico y emocional que ello implicó, María Corina Machado no sería quien asumiera la Presidencia, pues debió canalizar ese capital político a través de la candidatura de un hombre, una decisión condicionada por las circunstancias políticas del momento. Recordó además que la primera alternativa femenina, la académica Corina Yoris, fue excluida del proceso, lo que terminó por reforzar la paradoja de un liderazgo femenino ampliamente legitimado que no pudo traducirse en una postulación directa.

Carmen Herrera también alude a que Machado —a pesar de ser una figura con larga trayectoria pública— sólo logró consolidarse como lideresa opositora en el momento más crítico del deterioro democrático, añadiendo presión extrema y una volatilidad alta del respaldo ciudadano. En este escenario, la expectativa de “salvación” suele ser tan elevada que cualquier resultado insuficiente se traduce rápidamente en críticas, por haber asumido en un momento prácticamente irresoluble. 

“Durante años fue considerada una outsider, ajena a la cúpula opositora dominada por hombres, cuyos liderazgos se fueron desgastando progresivamente. Machado obtiene reconocimiento precisamente por ese carácter externo al patrón dominante, lo que le permitió ganar las primarias y convertirse en referente. Sin embargo, lo hizo en el peor momento posible: con una crisis profunda y sin condiciones para desarrollar una gestión o un proyecto político a largo plazo. Su liderazgo, en ese contexto, se convierte en una tarea constante de contención y respuesta inmediata”, sostuvo.

Pero no es el único riesgo asociado a la teoría: también existe la posibilidad de que se minimicen los logros reales de las mujeres líderes al presentar sus éxitos únicamente como respuestas excepcionales a dichas situaciones límite.

Los estereotipos de género a su vez continúan influyendo de forma decisiva en la manera en que la opinión pública evalúa a las mujeres que asumen roles de liderazgo. Eva Sabariego advierte que las mujeres no solo enfrentan los desafíos políticos o técnicos del cargo, sino también una carga simbólica adicional asociada a su género, porque una misma conducta puede ser interpretada de manera radicalmente distinta dependiendo de quién la ejerza. 

“Si una mujer tiene una actitud firme y decisiva en un contexto de crisis puede ser atacada por ser ‘poco femenina’ o ‘agresiva’, por encajar o no en dinámicas sociales preconcebidas. Si esa misma actitud viene de un hombre, suele asociarse positivamente con control y dominio de la situación”, afirma. 

Ese escrutinio diferenciado tiene efectos que van más allá del caso individual. De acuerdo con Sabariego, los errores de una mujer en posiciones de alta visibilidad se maximizan y terminan repercutiendo de forma ejemplarizante sobre otras mujeres.

La politóloga Montiel coincide en que la concepción de que la mujer debe ser primero esposa y madre, mientras que el protagonismo público y político se reserva para el hombre continúa operando como una barrera invisible en la política contemporánea.

Esta resistencia no es exclusiva de países con democracias frágiles o sistemas políticos cerrados. Incluso en contextos considerados consolidados, como Estados Unidos, se han reproducido dinámicas similares. Montiel recordó los casos de Hillary Clinton y Kamala Harris, dos candidatas con amplias credenciales políticas y experiencia institucional, cuya imagen pública fue evaluada bajo estándares distintos a los aplicados a sus contrincantes.

“Aunque el género no puede considerarse la única variable explicativa de esos resultados electorales, es difícil no preguntarse por qué dos mujeres con trayectorias sólidas perdieron frente a un candidato que no tenía experiencia política ni formación en el funcionamiento bipartidista del país”, apuntó la especialista aludiendo a Donald Trump.

En ese sentido, Montiel insistió en que los partidos políticos y las estructuras tradicionales de poder han funcionado históricamente como espacios predominantemente masculinos que han promovido principalmente las carreras de otros hombres dentro de sus propias filas. Como resultado, incluso cuando emergen liderazgos femeninos visibles y con respaldo social, estos enfrentan mayores obstáculos para traducirse en poder institucional efectivo. 

Cuando la crisis pasa, ¿el poder retrocede?

Sabariego advierte que el sistema tiende a revertir a sus patrones masculinos tradicionales cuando la crisis pasa, por la falta de mecanismos que aseguren esa permanencia en el poder de las mujeres que ascendieron por coyunturas políticas. “Resulta más fácil responsabilizar al género femenino si la estrategia fracasa y volver a un liderazgo masculino tradicional. Las mujeres aceptan estos puestos como su única vía de escalar, y los hombres la evitan para proteger su carrera o reputación”, refirió.

En Venezuela, esta fragilidad estructural se ve agravada por la ausencia de una normativa robusta que garantice la participación igualitaria de las mujeres en los espacios de poder. El Centro de Justicia y Paz (Cepaz) en 2023 documentó que ni la Ley Orgánica de Procesos Electorales ni la Ley de Partidos Políticos establecen de forma clara y vinculante criterios de paridad y alternabilidad. Lo que ha existido hasta ahora son iniciativas que se han limitado a resoluciones administrativas de carácter temporal, con bajo rango normativo, publicación intempestiva y sin mecanismos eficaces de sanción.

La directora de EmpoderaME reconoce que el debate sobre las leyes de paridad sigue abierto, pero que sin presión legal, la experiencia demuestra que las estructuras de poder no ceden de forma voluntaria.

“El debate sobre la Ley de paridad aún no tiene un consenso definitivo. Por un lado, se presentan como una herramienta necesaria para obligar la participación equitativa en espacios públicos y romper el bloqueo histórico. Por otro lado, existe la crítica de si es beneficioso que esta participación sea impuesta por ley en lugar de ser un proceso espontáneo y voluntario. Quienes cuestionan la ley temen que se perciba como una concesión y no como un reconocimiento al mérito, mientras que sus defensores argumentan que, sin una obligación legal, el sistema nunca cederá espacios voluntariamente”.

La estructura misma de los partidos políticos son otra clave para entender por qué el liderazgo femenino sigue siendo excepcional (y no la norma) en la política venezolana. Estos están históricamente diseñados y dirigidos por hombres, añade la politóloga Carmen Herrera.

“En Venezuela, los partidos políticos han estado mayoritariamente liderados por hombres, no solo en la práctica, sino también en sus reglamentos y en la forma en que están organizados. Esto contrasta con lo que ocurre a nivel comunitario, la organización y la coordinación comunitaria están protagonizadas por mujeres, pero ese trabajo no suele traducirse en visibilidad política ni en vocería pública”.

Este desequilibrio en la legitimidad -donde las personas terminan otorgándole mayor protagonismo a quien hace la vocería y no al que está coordinando y sacando adelante el trabajo de hormiga en las comunidades- responde a patrones tradicionales de ascenso dentro de los partidos, donde no existen procesos democráticos sólidos para la elección interna de liderazgos. 

“No hay estructuras democráticas reales de elección; las decisiones suelen tomarse de manera unidireccional, a dedo, por una sola persona. Ese mecanismo facilita que se reproduzcan siempre los mismos perfiles. Quien decide suele reproducir el mismo patrón que lo puso a él en el poder”, apuntó Herrera.

Ahora, para evitar que el acceso de las mujeres a los espacios de decisión quede limitado a contextos de crisis requiere transformaciones estructurales, no soluciones simbólicas ni coyunturales. El primer paso, remarcó Herrera, es un proceso de concientización ciudadana y formación cívica que debe ser sostenido en el tiempo.

“Las personas deben entender que, incluso en medio de una crisis o una emergencia, el liderazgo no puede ni debe recaer en una sola persona. Esta visión permitiría aliviar la carga desproporcionada que suele recaer sobre las mujeres”, prosiguió. 

Ese giro implicaría desmontar dos pilares profundamente arraigados en la cultura política venezolana: el mito del salvador y el personalismo. Para la politóloga, se trata de que los ciudadanos entiendan que la resolución de una crisis no depende de que una mujer lo solucione todo, sino de un equipo estratégico más amplio, conformado por ella y por otras personas que influyen de distintas formas en la solución del problema.

En el plano partidista, Herrera fue enfática en la necesidad de democratizar los mecanismos de selección interna. A su juicio, mientras predominen prácticas como el amiguismo o el nepotismo, las desigualdades se seguirán reproduciendo. “Si tú te pareces a mí, si estás más cerca de mí, eres quien asume. Ese patrón es el que hay que romper”, advirtió, porque los partidos políticos son de los principales nichos de participación política de las personas.

Mujeres

La lucha por la libertad de los presos políticos también la sostienen las mujeres

En Venezuela, las excarcelaciones de presos políticos avanzan con lentitud, poca transparencia y libertad condicionada. En esa espera —en la calle, ante los penales, frente a la prensa— quienes sostienen la lucha por justicia y reparación son, mayoritariamente, madres, esposas y hermanas

Un piquete de la Policía Nacional Bolivariana custodia un penal con presos políticos y al frente, en el piso, una mujer yace con una cobija rosada sobre su cuerpo. Parece haber logrado conciliar el sueño ante la mirada impasible de los funcionarios. Esa imagen evidencia cómo avanza el proceso de excarcelaciones en Venezuela 14 días después de que el gobierno interino de Delcy Rodríguez anunciara la salida de prisión de “gran número” de personas: con lentitud, escasa transparencia, libertad condicionada y la condena familiar a una eterna espera. 

Acostarse en la calle. Denunciar una y otra vez ante la prensa el caso de los suyos. Orar a ver si un milagro se cumple y las puertas se abren. Un ciclo, un bucle. Ser familiar de un preso o de una presa política te convierte en eso: una persona insistente frente a una circunstancia cargada de irregularidades. 

Fotografía: @realidadhelicoide
Fotografía: @realidadhelicoide

Lo innegable, porque es claro frente a las cámaras y ante cualquier persona que esté cerca, es que esa lucha por la libertad, la justicia y la reparación tiene nombres de mujeres detrás. De mujeres que se mueven diariamente por el reencuentro en un sistema que no solo vulnera los derechos de sus seres queridos, sino también los individuales. 

Parecen situaciones tácitas, pero no. Todas revelan una realidad: las detenciones arbitrarias también afectan de forma diferenciada a hombres y mujeres. La desigualdad basada en género sobresale sin importar si ellas están dentro de una celda o a las afueras de un centro de reclusión pidiendo una fe de vida.

Sencillamente: es otra dimensión de la violencia del Estado y el sistema de justicia de Venezuela contra las mujeres.

El Centro de Justicia y Paz (Cepaz), así como otras organizaciones defensoras de derechos humanos, enfatizan que los actos de persecución y criminalización política en Venezuela son generalizados. Es decir, afectan a mujeres y hombres por igual. 

Familiares de presos políticos en Venezuela pasan la décima noche esperando información sobre sus seres queridos, a las afueras del Centro de Detención de la Zona 7 de la Policía Nacional en Caracas, Venezuela. Fotografía: REUTERS/Gaby Oraa

Lo que dicen está respaldado con datos: de al menos 1.000 personas detenidas por razones políticas, según registros extraoficiales, 700 u 800 son hombres y el resto mujeres. Sin embargo, cuando la tortura y/o el trato cruel se ejerce sobre ellas, destacan patrones discriminatorios que se generan por motivos de género.

“No hay una política de persecución contra las mujeres, pero el daño que se causa a mujeres detenidas por razones políticas por supuesto que sí tiene unos efectos diferenciados, precisamente por su condición de mujer”, señala Martha Tineo, abogada y activista.Tineo explica que esto ocurre desde el momento de la detención y en los procesos de tortura: “Son sometidas a tratos crueles que tienen que ver con humillarlas y denigrarlas por ser mujeres. Las torturas refieren a razones de género. Sufren ofensas, tocamientos, violencia sexual. Hay un daño diferenciado contra ellas”.

Entre las 143 excarcelaciones de presos políticos desde el 8 de enero de 2026, según datos del Foro Penal Venezolano, familiares han denunciado que las mujeres han sido minoría.

La vulneración femenina tiene registro

El último informe de la Misión de Determinación de Hechos de la ONU, publicado en septiembre de 2025 y que documenta la violación de derechos humanos desde el 28 de julio de 2024 hasta agosto pasado, incluyó un apartado de violencia sexual y basada en género porque hay hechos que demuestran esta diferenciación. 

En el último año y medio, la Misión registró un aumento de casos de violencia sexual y de género contra mujeres, niñas y adolescentes, así como hombres privados de libertad. Conocieron los casos a través del testimonio de organizaciones, testigos y familiares. Estas personas fueron víctimas de sexo transaccional coercitivo, requisas masivas con desnudez forzada, violencia reproductiva y posibles actos de esclavitud sexual y/o prostitución forzada

Entre julio de 2024 y agosto de 2025, se documentaron 22 casos de este tipo en seis estados de Venezuela. 

Todas las tardes, durante las semanas de septiembre de 2024, las familias se reunían para rezar y cantar alabanzas fuera del penal de Tocuyito, en el estado Carabobo. Todo empezaba con un círculo de oración. La mayoría de sus integrantes eran mujeres: madres, esposas, hijas, nietas, sobrinas o tías. Fotografía: María José Dugarte

“Al menos una mujer y cinco adolescentes (15-17 años) fueron sometidas a explotación sexual a través de actos de sexo transaccional coercitivo. Una mujer que estuvo detenida en una dependencia de la GNB por cuatro meses informó a la Misión que fue testigo de un acto de violencia sexual contra otra mujer privada de libertad. También informó que los sargentos hombres exigían a las mujeres mantener relaciones sexuales a cambio de acceso a llamadas telefónicas”, señala el informe. 

Hay diversas situaciones que evidencian la desigualdad sistemática y la violencia que sufren las mujeres en prisión porque requieren otro tipo de atenciones que, normalmente, no son consideradas cuando se trata de un hombre. 

Si se nombra lo más sencillo: ellas necesitan acceder a productos de higiene menstrual y servicios de salud sexual con regularidad. Si se complejiza: hay mujeres privadas de libertad con un embarazo en desarrollo o en proceso de lactancia que necesitan condiciones mínimas para culminar estas etapas de su vida, que además es compartida con su hija o hijo.

Aun así, durante la represión postelectoral de 2024, dos mujeres embarazadas fueron arrestadas arbitrariamente y ninguna recibió la atención médica gineco-obstétrica que requerían, según la Misión de la ONU. El reporte detalla que “a una de ellas, con un embarazo de alto riesgo de 11 semanas cuando fue detenida, se le denegó la realización de ecografías y pruebas de control durante la detención. Otra mujer, detenida el 2 de agosto de 2024 por la GNB, fue separada de su bebé lactante y sólo se le permitió amamantarlo ocasionalmente y a discreción de sus custodios. Estos le exigieron favores sexuales (sometimiento a través de la coerción sexual) a cambio de permitirle alimentar regularmente a su bebé”.

Familiares de presos políticos en Venezuela pasan una sexta noche durmiendo en el suelo frente a las cárceles mientras esperan las liberaciones de sus allegados. Fotografía: REUTERS/Gaby Oraa

El informe La violencia en femenino –  El Libro Violeta de la represión en Venezuela, elaborado y publicado por Cepaz en noviembre de 2024, recoge el testimonio de una menor de edad que estaba embarazada y sufrió malos tratos durante su detención: “Fue obligada a realizar ejercicios físicos, como saltar y trotar, mientras la amenazaban con forzarla a abortar, «para que no pariera a un guarimbero»”.

La violencia en femenino explica que “los comentarios, amenazas y actos de contenido misógino y sexual, pronunciados en momentos de extrema vulnerabilidad, buscan intimidar y deshumanizar a las mujeres, exacerbando el abuso de poder y la violación de sus derechos fundamentales durante la detención”. 

Estos patrones diferenciados de violencia no son nuevos. El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) ha explicado en varios informes que el país “no ha desarrollado políticas penitenciarias acordes a los estándares internacionales para la construcción de espacios para mujeres”. 

Solo hay dos espacios medianamente compatibles con la reclusión de mujeres, el INOF y La Crisálida; incluso así, los tratos con perspectiva de género son exiguos, especialmente cuando se trata de presas políticas. 

Emirlendris Benítez: cuando la tortura y la violencia detienen tu vida


Martha Tineo recuerda el caso de Emirlendris Benítez, una mujer que fue detenida la madrugada del 5 agosto de 2018 y resultó implicada, sin pruebas, en el magnicidio fallido de Nicolás Maduro, Cilia Flores y el alto mando militar.

Benítez fue sometida a torturas aunque manifestó a los funcionarios que estaba embarazada. El libro Ahora van a conocer el diablo documenta que le martillaron el pulgar del pie derecho. La asfixiaron con una bolsa plástica mientras sumergían su cara en un tobo con agua. La golpearon en la zona abdominal y le aplicaron descargas eléctricas en el estómago, a pesar de conocer esta información.

“Las torturas le produjeron un aborto y le fue practicado un curetaje sin su consentimiento, sin ni siquiera tener conciencia. Todo eso devino a que ahora está en silla de ruedas. No puede caminar por sus propios medios. Entonces, ahí vemos cómo aplicar el mismo tipo de torturas a una mujer, con las condiciones físicas de una mujer, puede tener impactos distintos”, detalla Tineo, quien lleva un registro muy cercano del caso.

Emirlendris Benitez, presa política

Emirlendris es madre de dos hijos, una joven que ahora vive fuera de Venezuela y un niño que está al cuidado de su papá. Ellos también sufrieron una vulneración de sus derechos como menores de edad: la prohibición de ver y estar con su mamá.

A Emirlendris la condenaron a 30 años de prisión, pena máxima en Venezuela. Ella es una de las 16 presas políticas preelectorales. Desde la desaparición forzada que sufrió, su caso lo han visibilizado dos mujeres: Beatriz y Melania Benítez, sus hermanas, quienes también han sido violentadas de múltiples formas.

La carga de cuidado como forma de violencia

Cepaz señala que “las mujeres familiares de los presos políticos, que en definitiva son mayoritariamente hombres, enfrentan una dimensión de violencia poco visibilizada. Estas madres, esposas y hermanas, quienes quedan a cargo no sólo de la búsqueda de justicia, sino del cuidado de sus familiares que el Estado no garantiza, no solo soportan la separación y el sufrimiento por sus seres queridos, sino que también son criminalizadas y perseguidas”.

Enfrentan violencia de género, insultos sexistas, agresiones físicas y sexuales en allanamientos y detenciones de sus familiares, y lo que se ha visto en los últimos días: tratos crueles constantes que se manifiestan con negativas de que su ser querido se encuentra en determinado penal; prohibición de visitas; y el aislamiento. 

Familiares de presos políticos esperan afuera de la cárcel de El Rodeo, después de que se anunciara que varios prisioneros serían liberados, en El Rodeo, estado Miranda. Fotografía: REUTERS/Gaby Oraa

“Recientemente, una mujer nos decía que su hermano estuvo en situación de desaparición forzada unos cuantos meses y cuando finalmente logró ubicar el centro de reclusión en el que estaba, y logró ingresar, fue abusada sexualmente. Lo que le dijeron los funcionarios que hicieron esto fue: «Bueno, mira, esto para que no te queden ganas de seguir viniendo para acá»”, indica Martha Tineo, quien coordina también la ONG Justicia, Encuentro y Perdón (JEP).

Todas son situaciones que profundizan la desesperación y el trauma familiar e individual. Son heridas que cargan las mujeres venezolanas en medio de una crisis humanitaria compleja que persiste.

Hay que tratar de dimensionarlo: si las estimaciones extraoficiales de las ONG señalan que hay más de 1.000 presos políticos en Venezuela, entonces hay mil familias cuyos derechos humanos son violentados a diario. 

Como es el caso de Carmen Farfán, una mujer de 56 años, quien desde el 25 de noviembre de 2025 no ha parado de buscar respuestas sobre su hijo, José Gregorio Reyes Farfán, y su nuera Marylin Del Valle Gil. Ambos fueron detenidos de manera arbitraria en Monagas por agentes de la División de Inteligencia Estratégica (DIE) de la PNB. 

Carmen cuenta que su nuera fue detenida junto con su nieto de 14 años. Ella no presenció el allanamiento porque se encontraba con su hijo en el hospital por una consulta médica. Ahí lo buscaron y se lo llevaron bajo amenaza.

“Ya perdí la cuenta de a cuántos lugares he ido. Para donde me mandan, voy. Para la persona que quiere a su familiar, esto es fuerte. Pero más que todo para una madre. Si lo tienen detenido y le dan su derecho, que uno pueda visitarlo o llevarle ropa o comida, pero no. Lo tienen prácticamente secuestrado, no preso”, expresa Carmen.

En la mayoría de los casos, estas familias son representadas por mujeres porque son ellas quienes, históricamente, han ejercido las labores de cuidado en Venezuela. Los datos más recientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), publicados en 2024, determinaron que en Venezuela 15,4 millones de personas trabajan en labores de cuidado no remunerado en los hogares y, de este total, 10 millones son mujeres

Familiares de privados de libertad siguen en los centros de detención y cárceles a la espera de información, fe de vida y la liberación de todos los presos políticos. Fotografía: Rosalí Hernández

Son ellas quienes, incluso con un trabajo formal, atienden a personas dependientes: niños y niñas, adultos mayores, algún familiar con discapacidad y enfermos. Ahora, a esta lista, se puede incluir una categoría más: aquel familiar detenido por razones políticas.

Las mujeres familiares de presos políticos sufren impactos económicos importantes porque, en la mayoría de los casos, quedan a la deriva cuando la persona proveedora o colaboradora termina en prisión. 

Casi por defecto, ellas asumen la responsabilidad del hogar y en paralelo inicia una búsqueda de recursos para visitar y proveer alimentos y/o productos esenciales a sus familiares en prisión. Muchas se ven obligadas a viajar horas para verlos y, en muchos casos, si lo logran, son extorsionadas para procurar la supervivencia de sus seres queridos.

En estos procesos, la situación se agrava cuando las mujeres pierden sus empleos. Cuando ya se vuelve imposible asistir a una oficina porque el seguimiento de lo que ocurre prevalece, la comprensión de un jefe o una jefa llega al límite. Y a eso hay que agregar el desarrollo de enfermedades por desgaste físico y mental sin posibilidad de conseguir atención médica inmediata por falta de dinero.

Son situaciones que se repiten en múltiples centros de detención del país, incluyendo penales transitorios o comandancias de la GNB, mientras lees esto. 

Fotografía: @clippve

Carmen Farfán, por ejemplo, tuvo que dejar su trabajo como vendedora de pescado en Güiria, donde reside, para atender el caso de su hijo. Además, cuando pudo ver a José Gregorio y Marylin luego de su detención arbitraria, le entregaron a su nieto.

“A él le hace falta su familia, su mamá y su papá. No va al liceo porque estudia en Monagas y su abuela materna, que vive en Caracas, lo cuida. Estamos esperando a ver si los sueltan y puede regresar, o sino toca cambiarlo”, comenta.

En el informe La violencia en femenino, Cepaz resalta que no hay que olvidar el contexto social, político y económico de las víctimas de la reciente represión postelectoral: “La mayor parte de las víctimas (…) fueron hombres de sectores desfavorecidos (…) y la mayoría de las personas que han han asumido la exigencia de justicia (…) y cuidados de estos detenidos son sus familiares mujeres (…) que provienen de sectores económicamente deprimidos, donde imperan los hogares monomaternales”.

Mujeres sosteniéndose en red

El Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clippve), un grupo conformado por activistas y familiares de detenidos postelectorales, ha contado múltiples veces que muchas de estas cuidadoras no tienen dinero para asistir a las visitas y entre ellas han hecho colectas para apoyarse. 

Es la misma colaboración que se ha visto en los últimos días a las afueras de los principales centros de reclusión de presos políticos: mujeres que duermen en carpas y comparten panes, galletas, café, agua, medicamentos o alguna toalla sanitaria. 

Son mujeres que han desarrollado un sentido de comunidad y contención que las mantiene activas, incluso cuando su familiar detenido es excarcelado. 

Familiares de presos políticos se arrodillan frente a los policías que custodian el centro de detención de la Policía Nacional Bolivariana en la Zona 7 de Caracas, Venezuela. Fotografía: AP/ Ariana Cubillos

Clippve es un ejemplo de eso: algunas defensoras son familiares de expresos políticos, casi todas madres o hermanas, que luego se ofrecen como voluntarias para asesorar sobre procedimientos legales o trámites más sencillos, como enseñar la etapa para realizar una denuncia de manera correcta. 

Estas mujeres han hecho red al punto de crear su propio comité: Madres en Defensa de la Verdad. Su cuenta en Instagram se convirtió en un canal que muestra sus esfuerzos por organizarse y denunciar lo que ocurre con los presos políticos en el país. 

Estos grupos tienen antecedentes que van más allá de las detenciones o la represión por motivos políticos. Son resultado de una grave crisis de derechos humanos extendida a todos los sectores de la sociedad.

Por ejemplo, Madres Poderosas es una agrupación de mamás que se organizaron para exigir justicia para sus hijos asesinados extrajudicialmente desde 2016. Juntas han logrado conseguir la condena de los funcionarios que asesinaron a sus hijos.  

De una forma similar, nació Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) en 2017, una organización creada por Rosa Orozco, madre de Geraldin Moreno, una joven que fue asesinada durante las protestas del año 2014. Su objetivo es claro: acompañar a las familias de víctimas de ejecuciones extrajudiciales en contextos de represión política en la búsqueda de justicia.

Las vulneraciones que sufren han llevado a estas agrupaciones a converger. JEP acompaña a las mujeres familiares de presos políticos y también las capacita para que asuman su propia vocería, para intentar vencer el miedo impuesto por la represión y la coerción de las fuerzas estatales.  

Familiares de presos políticos esperan a las afueras el centro de detención de la Policía Nacional Bolivariana en la Zona 7 de Caracas, Venezuela, para saber de sus seres queridos. Fotografía: AP/ Ariana Cubillos

Hablar de estas vulneraciones de los derechos de las mujeres es necesario porque el daño que se produce es transversal a cada aspecto de sus vidas. Son sacrificios que generan sufrimientos que se invisibilizan porque, normalmente, solo se comparten miradas generales sobre las víctimas de la represión en el país.

Cepaz explica que omitir estas realidades suprime la “reconstrucción histórica plena” de la crisis de derechos humanos de Venezuela e invita a “reconocer y dar voz a estas mujeres”. 

No basta solo con registrar lo que han sufrido las presas y presos políticos, sino empezar a llevar a la conversación mediática sus nombres y el de sus principales defensoras: las mujeres de su familia.

La espera mata

Las consecuencias por esperar una excarcelación ya se ven a las afueras de los centros de reclusión. Hay madres y esposas, sobre todo aquellas que son adultas mayores, que sufren descompensaciones debido a las condiciones a las que se exponen: sol inclemente, lluvia, desbordamiento emocional y un cansancio profundo ante las idas y venidas obligatorias. 

Las patologías previas se agravan, sobre todo cuando la encarcelación se prolonga por meses o años. En el último mes, por ejemplo, tres madres de exdetenidos políticos han fallecido antes de ver a sus hijos fuera de su centro de reclusión.

La muerte más reciente fue la de Omaira Navas, madre del periodista Ramón Centeno, quien falleció el martes 27 de enero tras sufrir un ACV. Un día antes, ella acompañaba a su hijo a la primera audiencia de presentación tras su excarcelación. 

Omaira solo disfrutó la presencia de Ramón por 13 días. Fue la primera en abrazarlo luego de que pasara cuatro meses sin visitas. Ella pasó cuatro años exigiendo la liberación de Ramón. Denunció cómo se deterioraba la salud de su hijo durante su encarcelamiento, pues fue detenido en medio de un proceso de recuperación por un accidente de tránsito. 

La vitalidad acompañó a Omaira hasta ver a su hijo en casa, pero no resistió una lucha que continúa: alcanzar la libertad plena y verlo andar sin usar silla de ruedas.

Yarelis Salazar tenía 39 años y murió esperando la libertad de su hijo, Kevin Orozco, un detenido postelectoral. Sufrió un infarto a las afueras de la cárcel de Yare, en el estado Miranda, el pasado 21 de enero. 

Cuatro días después, la excarcelación se concretó: Kevin volvió a casa, pero el abrazo materno se lo dio su abuela. No pudo despedirse. 

Un día después de que reportaran la muerte de Yarelis, falleció Carmén Dávila, madre del médico ginecólogo Jorge Yéspica Dávila. No supo que lo habían excarcelado. Esperó su libertad durante 14 meses.

Para ellas, la espera fue una sentencia, una privación de su derecho a querer y compartir con los suyos. La condena parece extenderse a las que aún resisten a las afueras de los centros de reclusión. Aun así, el deseo de un reencuentro está ahí, imponiéndose a la incertidumbre, al silencio y a la injusticia. 

Centro Zerolo

Un centro comunitario se abre como espacio seguro para derribar estigmas del VIH

El Centro Comunitario Pedro Zerolo nació en la cabeza de Stephany Herrera. Lo soñó como una casa para acoger a quienes viven con VIH, pues cuando a ella misma le llegó el diagnóstico, lo que más recuerda es que esos primeros años fueron muy solitarios.

Sin tener con quién hablarlo, con los miedos propios de una enfermedad tan estigmatizada, el camino se veía poco esperanzador. Sin embargo, ese lugar pasó de la cabeza de Stephany a ser una idea tangible que hoy recibe a decenas de personas que buscan en el arte un refugio para vivir libres de prejuicios. 

“El centro comunitario empieza acá, en mi cabecita, como una idea para comenzar a sentirse como un lugar de protección, un lugar de pares, un lugar de conversación, un lugar de divertimento y de formación”, comenta Herrera, coordinadora del centro, a Redsonadoras.

Como una persona que convive con VIH desde hace 13 años, a Stephany le faltaba alguien con quien conversar o un lugar donde pudiera sentirse libre y acompañada. Y poco a poco junto a amistades y colaboradores este centro comunitario, ubicado al oeste de Caracas, ha dado las pinceladas necesarias para convertirse en lo que se imaginó.

El sueño se materializó gracias a una convocatoria del Gobierno de Las Canarias, en España. Stephany participó, armó el proyecto y resultó ganador. Esto le dio las piernas y los brazos que el centro necesitaba para comenzar a andar en diciembre de 2024 y ser un espacio seguro. 

El centro Zerolo ya empieza a ser testigo de sus primeros milagros: ver cómo las personas llegan siendo tímidas y luego con las clases de actuación notan una evolución, comienzan a hablar en público de forma más natural, se integran a los grupos de apoyo y comparten cosas que en otros lugares sería impensable, por ejemplo, lo tedioso que resulta tener que cumplir diariamente con el tratamiento, lo complejo, lo doloroso, los saberes propios de su experiencia. Para quienes le dan vida al centro el encuentro entre pares es su razón de ser.

Un desierto para las mujeres 

Para Stephany el camino hoy es distinto. En ese sentido, cuenta que no es lo mismo una chica de 20 años con un diagnóstico de VIH, que una mujer de 36. “Uno se va armando, se va empoderando, tiene otras herramientas, uno sabe con quién comunicarse, a dónde ir, a dónde no ir, qué batallas dar, hasta dónde dar esas batallas, entonces eso te va dando también compañía. Y tener formación, insisto, eso te da mucho coraje”, dice.

Para ella la formación ha sido clave, sobre todo, por esas mismas ansias de entender lo que la academia aún no le ha dado. Se hizo enfermera y después cursó un postgrado en Investigación Clínica, luego una maestría en Estudios y Políticas de Género, así como un diplomado en VIH, ITS (Infecciones de Transmisión Sexual) y en educación sexual integral.

A pesar de que el camino para Stephany hoy está más acompañado, a nivel de salud aún hay desiertos, pues señala que en materia sanitaria falta mucho por hacer desde una perspectiva de género.

“Hay unos vacíos tremendos que todavía no han entrado en disputa, hay un camino que todavía no está resuelto, a las mujeres que vivimos con VIH nos tratan por iguales a sabiendas que nuestros cuerpos son distintos a los masculinos, que pasamos por otras hormonas, que pasamos por otros procesos mucho más complejos como son las maternidades. No se nos está investigando, no existen muchas investigaciones”, reprocha. 

Ahora el centro hace una campaña para lograr atraer a más mujeres, pues por ahora la mayoría de sus asistentes son hombres de la comunidad Lgbtiq+. Las razones es que casi siempre detrás de un diagnóstico de una mujer con VIH hay un proceso de violencia, lo que hace que sean mucho más reservadas y tiendan a aislarse.

“Nos cuesta muchísimo que vengan. Nosotros estamos haciendo justo una campaña para ir conociéndolas, pero es un proceso. Hay que llenar la confianza, hay que decir que hay un centro, que hay un lugar seguro, protegido, pero bueno, es un caminito que hay que hacer”, dice Stephany.

El Centro Comunitario Pedro Zerolo sueña ahora con una casa, saben que tomará tiempo y paciencia, pero desde ya la imaginan. 

Por ahora, construye una comunidad que crece y que se apoya, le da trabajo a amigos y activistas y se erige desde el optimismo. Para su fundadora uno puede rescatar desde los lugares y “los lugares también los hace uno” y desde allí se aferra para hacer del centro un espacio seguro, lleno de amor y de esperanza.

Mucho por hacer

Stephany estuvo 13 años en Argentina y desde allá sentía que quería hacer cosas buenas para Venezuela. “Yo tengo que volver a mi país, comenzar a hacer algo, no puede ser que yo me he formado y mi país está como desahuciado, tenía ese sentimiento como de deuda conmigo misma. Entonces dije: si yo hago un proyecto lo tengo que hacer en mi país”, se decía.

Para la fundadora del centro Pedro Zerolo existía la necesidad de transformar eso que nació como una tristeza, una dolencia, una especie de “muerte segura” y convertirlo en un sitio donde pudieran reír, conversar, ser cómplices y aliados. A su juicio la razón de esa tristeza era no contar con información, apropiada, estar sola, lidiar con el estigma y la desinformación.

Jhorman Vera, coordinador general del área artística, indica que les llena de mucha alegría que este sea el primer centro comunitario para personas que viven con VIH. Al principio costó que la gente llegara, y dice que esto era debido al mismo temor al estigma, sin embargo, ahora muchos van y toman los cursos artísticos, de maquillaje o de dramaturgia, para expresarse y pasar un rato agradable.

“Hay personas que pasan aquí todo el día desde desde la mañana en un taller y se terminan yendo a final de la tarde porque la pasan bastante bien acá. También vienen personas Lgbtiq+, personas que no necesariamente conviven con VIH y que solo son aliadas”, comenta Vera.

El centro tiene tres áreas de trabajo: una de salud que cuenta con una consejería psicológica la cual ofrece sesiones gratuitas individuales y grupales, así como pruebas rápidas para detectar infecciones de transmisión sexual; una cultural en la que se organizan talleres artísticos, de escritura creativa o cineforos y un área que se dedica a archivo.

Para Stephany mientras más se hable del tema y se naturalice pues será más fácil para quien lo vive, y también más sano y más fluido si quisiera develar su diagnóstico. “El estigma realmente es el que mata a las personas, las personas se suicidan cuando tienen un diagnóstico o se echan a morir, como quien dice, precisamente por la desinformación y el estigma”, apunta. 

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Narrar Fronteras culminó con la publicación de cuatro investigaciones periodísticas

El programa Narrar Fronteras de la Red de Periodistas Venezolanas llegó a su fin con la publicación de cuatro investigaciones periodísticas, resultado de la formación de periodistas especializadas en temas fronterizos y de derechos humanos, con enfoque de género. 

A través de siete sesiones de formación, se abordó la cobertura de migración hasta la perspectiva de género con el foco puesto en la vida de las fronteras, además de abordar temas cruciales como el tráfico de personas, el acceso a derechos en zonas fronterizas y la seguridad integral para los y las periodistas que cubren estos contextos.

De las 40 personas interesadas en participar en el programa, 31 obtuvieron su certificado de participación tras cumplir con los requisitos del programa. Ocho de estas participantes, además, fueron beneficiadas con acompañamiento editorial para desarrollar proyectos periodísticos colaborativos, los cuales se centraron en temas cruciales sobre la realidad fronteriza.

Durante el proceso de formación, las participantes no solo adquirieron nuevas herramientas y conocimientos, sino que también formaron una comunidad comprometida que sigue creciendo. A través de la construcción de alianzas con otras organizaciones, se organizaron dos forochats adicionales para reforzar la interacción y el aprendizaje compartido, abordando temas como el storytelling creativo junto a La República TV y la seguridad digital para periodistas con RedesAyuda. 

Los cuatro trabajos periodísticos finales fueron:

“En Güiria la mar deja cicatrices: historias de las que se fueron y las que se quedaron”, un reportaje multimedia que narra las historias de migración forzada y tráfico de personas de mujeres que intentaban migrar desde Güiria, Venezuela, hacia Trinidad y Tobago. Las autoras, Nairobi Rodríguez y Danielly Rodríguez, se centraron en detalles de las vidas de Unyerlin, Dielimar y Fiannelys, tres venezolanas que desaparecieron en el mar, y la de sus familias, que siguen imaginando cómo sería la vida con ellas.

“Enfermedades de transmisión sexual: asesinas silenciosas en el territorio wayuu”, este podcast producido por Ana Karolina Mendoza y Sailyn Fernández profundiza en la problemática de las enfermedades de transmisión sexual entre las comunidades wayuu, y cómo la desinformación, el temor a la estigmatización y los tabúes culturales son las principales brechas para prevenir y paliar las ETS en la frontera colombo-venezolana.

Otro tema que se enfoca en las comunidades indígenas fue “Mujeres wayuu enfrentan violencia obstétrica y exclusión en la frontera colombo-venezolana”, un reportaje multimedia que examina cómo las mujeres wayuu enfrentan la violencia obstétrica y la exclusión en el acceso a la atención médica, las barreras culturales, legales y estructurales que dificultan el ejercicio pleno de sus derechos en la movilidad binacional de Colombia y Venezuela. Las autoras Betsabé Molero, María Fernanda Padilla y Génesis Daniela Prada contaron la historia de Fabiana y otras mujeres wayuu, quienes diariamente sortean bloqueos, trochas peligrosas y violencia obstétrica, mientras son tratadas como migrantes irregulares, negándoseles su identidad ancestral.

Y el cuarto trabajo realizado como parte de las becas fue “Que aparezca mi muchacho”, a través de un podcast, la investigación de Kaoru Yonekura y Walter Molina documenta la desaparición de migrantes venezolanos, en medio de las dificultades propias de la migración y el tráfico de personas en la región fronteriza. A lo largo de los capítulos, cuentan lo que ocurre en las trochas y las duras realidades que enfrentan quienes huyen en busca de un futuro mejor.


Todas estas investigaciones están disponibles en la página web www.redsonadoras.com.

Red 2024

Red de Periodistas Venezolanas cerró 2024 tejiendo un periodismo con perspectiva de género

La Red de Periodistas Venezolanas (RDPV) cerró el 2024 con un tejido de iniciativas poderosas que impulsan un periodismo con perspectiva de género. Desde campañas virales en redes sociales hasta participaciones en foros internacionales, la RDPV enfocó sus esfuerzos en promover herramientas para que la perspectiva de género sea un ejercicio periodístico continuo y consciente.

#LasPalabrasImportan: una campaña para erradicar el término “crimen pasional”

En el marco del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la RDPV, en alianza con UNFPA, lanzó la campaña #LasPalabrasImportan. Esta iniciativa, que se extendió del 25 de noviembre al 10 de diciembre, buscó sensibilizar a periodistas y medios de comunicación sobre la importancia de utilizar un lenguaje responsable y ético al cubrir casos de violencia de género, especialmente femicidios.

#LasPalabrasImportan se centró en la necesidad de erradicar el término “crimen pasional” del discurso periodístico, ya que este minimiza la gravedad de la violencia de género y la presenta como un acto romántico o impulsivo. La campaña promovió el uso de los términos “femicidio” o “feminicidio” para referirse al asesinato de una mujer por razones de género, y ofreció a los periodistas herramientas y recomendaciones para una cobertura informativa responsable, que evite la revictimización de las víctimas y sus familias.

La Conversa de ARI: un espacio para la reflexión

El 26 de noviembre, María Laura Chang, impulsora de la RPDV, participó en La Conversa de ARI, un espacio de debate sobre la violencia de género y el rol del periodismo. Durante su intervención, Chang enfatizó la importancia de “desaprender formas inadecuadas de abordar la cobertura de la violencia basada en género” y subrayó la necesidad de que los medios de comunicación se deshagan de prejuicios y lugares comunes para lograr un enfoque adecuado en estos temas.

Chang señaló que la violencia de género se manifiesta de diversas formas, desde la violencia doméstica hasta la negación de oportunidades para que las mujeres alcancen posiciones de poder. Asimismo, denunció la falta de investigación y políticas públicas efectivas por parte del Estado para prevenir los femicidios. La participación de Chang en La Conversa de ARI generó un debate enriquecedor sobre el papel del periodismo en la lucha contra la violencia de género y la importancia de un enfoque responsable y ético en la cobertura de estos temas.

Comunicación con causa: género y ambiente en el Festival Cocuyo

El 28 de noviembre, Wendy Racines, impulsora de la RDPV,, participó en el panel “Comunicación con causa: género y ambiente” durante el 5to Festival Cocuyo, realizado en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). En este espacio, Racines compartió su experiencia y reflexiones con otros profesionales de la comunicación, destacando el papel del periodismo en el cambio social y la importancia de abordar temas como género y ambiente con responsabilidad.

El panel contó con la participación de Aimeé Zambrano Ortiz, fundadora de Utopix; Rosmina Suárez, periodista de Efecto Cocuyo y miembro de la Red de Periodistas Venezolanas; y Jhonatan Gutiérrez, coordinador para América Latina de Solutions Journalism Network. Rosmina Suárez, especializada en medio ambiente y cambio climático, desmintió la idea de que el periodismo ambiental “no vende” y resaltó la importancia de profundizar en las fuentes para ofrecer una cobertura completa y rigurosa.

Taller “Narrativas que tejen igualdad” con UNFPA

El mismo 28 de noviembre, Crisleida Porras, impulsora de la Red de Periodistas Venezolanas, participó en el taller “Narrativas que tejen igualdad”, organizado por Género, Medios y Periodismo de Naciones Unidas para la Salud Sexual y Reproductiva (UNFPA). En este espacio, Porras presentó la Red de Periodistas Venezolanas, destacando su labor en la transformación de la práctica periodística hacia una realidad más feminista, inclusiva y democrática.

Porras explicó el origen de la Red, su objetivo principal y los proyectos que ha desarrollado, incluyendo Redsonadoras.com, una comunidad digital que difunde contenidos con perspectiva de género. Señaló la importancia de Redsonadoras como un espacio seguro para informarse y expresarse, especialmente en un contexto en el que medios tradicionales venezolanos aún insisten en cosificar y revictimizar a las mujeres.

Un llamado a la acción en el Foro de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género

En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres, la Red de Periodistas Venezolanas se unió al llamado a la acción de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género (RIPVG) y la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (RSMLAC).

Ambas redes hicieron un llamado urgente a los Estados, gobiernos y sociedad a tomar acciones concretas para poner fin a la violencia contra las mujeres. En un contexto de crecientes desafíos para la libertad de expresión y el acceso a la información, se enfatizó la importancia de tejer redes y estrategias para proteger a las periodistas, comunicadoras y activistas comprometidas con los derechos humanos.

Tejiendo redes en el encuentro “Periodismo en América Latina: un Pilar de la Democracia”

Del 4 al 6 de diciembre, la Red participó en el encuentro regional “Periodismo en América Latina: un Pilar de la Democracia”, celebrado en Bogotá, Colombia. Este evento reunió a líderes de medios y activistas de Venezuela, Colombia y Centroamérica para analizar los desafíos que enfrenta el periodismo en la región y buscar soluciones conjuntas.

La RDPV tuvo la oportunidad de intercambiar experiencias con otras organizaciones y periodistas, fortaleciendo vínculos con colegas que enfrentan desafíos similares a los de Venezuela. La Red presentó el trabajo realizado hasta ahora y sumó nuevos aliados en la región, fortaleciendo su red de apoyo y colaboración.

El periodismo durante 2024, en Venezuela y el mundo, transitó desafíos entre contextos políticos y sociales cambiantes. En medio de la incertidumbre, la Red de Periodistas Venezolanas se ha mantenido firme en su compromiso con la construcción de una sociedad más justa e igualitaria. A través de sus iniciativas, la RDPV ha demostrado que las palabras tienen el poder de transformar realidades, de visibilizar injusticias y de generar conciencia. 

En 2025, la RDPV seguirá tejiendo redes, abriendo espacios de diálogo y promoviendo un periodismo con perspectiva de género que contribuya a un futuro más esperanzador para todas las mujeres con su fuerza #Redsonadoras.

Redsonadoras.com periodismo feminista

Redsonadoras.com propone un periodismo feminista y transformador

Creada por La Red de Periodistas Venezolanas (RDPV) a mediados de 2024, Redsonadoras.com emerge como una comunidad digital dedicada a la difusión de contenidos, historias e iniciativas que resuenen como un grito colectivo para impulsar el periodismo feminista en el país y la región.

Con una línea editorial independiente, este espacio se centra en la promoción del periodismo con perspectiva de género y una visión transversal de la inclusión. Este medio ofrece un espacio seguro donde las mujeres de todas las comunidades y colectivos sociales pueden informarse y expresarse, con contenidos creados con respeto, ética y sensibilidad social. 

Desafíos y logros de mujeres y periodistas

Redsonadoras.com se reconoce también como divulgadora del activismo en derechos humanos y defensora de los derechos de las mujeres, niñas y adolescentes. La plataforma publica una variedad de contenidos, incluyendo aprendizajes clave de las formaciones ofrecidas por la RDPV, productos de programas de becas, y artículos de otros medios aliados. Estas notas y reportajes se enfocan en los desafíos y logros de las mujeres y periodistas venezolanas. 

Ante un panorama mediático donde muchos medios tradicionales en Venezuela continúan cosificando y descalificando a las mujeres, Redsonadoras.com demuestra que es posible adoptar un periodismo más respetuoso, empático y riguroso en la cobertura de situaciones que afectan a la mitad de la población mundial.

El objetivo a largo plazo de esta plataforma es consolidarse como el principal medio feminista en Venezuela, lograr alcance nacional e internacional y ampliar la resonancia de la labor de las periodistas venezolanas y latinoamericanas al tejer nuevas redes sororas y significativas en la región.

Cuatro fructíferos años de la RDPV

Desde su fundación en junio de 2020, la RDPV ha crecido para incluir a más de 260 mujeres periodistas que trabajan en diversos medios y organizaciones. La Red fue impulsada inicialmente por María Laura Chang y Estefanía Reyes, quienes convocaron a colegas y amigas para crear un espacio de conexión y colaboración en medio de la pandemia. 

Entre sus iniciativas más destacadas se encuentra el Informe sobre Acoso Sexual contra periodistas en Venezuela, que visibilizó una problemática silenciada. En sus hallazgos se expuso una realidad conocida por muchas personas de los medios, pero que permanecía en la sombra, queriendo normalizarse para comodidad de los agresores.

El Bootcamp “Género en Foco fue otro proyecto clave, proporcionando un espacio para el debate y aprendizaje sobre temas urgentes como el antirracismo, las crisis ambientales y los derechos humanos. Este evento presencial en Caracas combinó sesiones in situ y virtuales para maximizar su alcance y efectividad, al incluir a la mayoría de las miembras de la RDPV.

La campaña #LasPalabrasImportan, en colaboración con la Agencia de las Naciones Unidas para la Salud Sexual y Reproductiva en Venezuela y al Fondo para la Población de Naciones Unidas (UNFPA), se dedicó al activismo para erradicar la violencia contra la mujer. 

Desarrollada en un marco de 16 días de activismo en redes sociales, esta campaña se enfoca en sensibilizar sobre la importancia del lenguaje y la forma en que se informa sobre la violencia de género.

Programas de Becas “Redsonadoras” y “Narrar Fronteras”

Además, los programas de becas como “Redsonadoras” y “Narrar Fronteras“, con convocatorias abiertas y sesiones de formación, han apoyado la producción de contenidos periodísticos que abordan temas de justicia de género, diversidad e inclusión, así como las complejas realidades de las zonas fronterizas. 

Estos programas han proporcionado financiamiento y formación a periodistas y activistas, fortaleciendo la cobertura de temas cruciales en regiones marginalizadas.

La RDPV continúa su compromiso de transformar el periodismo venezolano, mostrando que es posible un enfoque más respetuoso y empático hacia las mujeres en los medios, y aspirando a consolidarse como referencia de periodismo feminista en Venezuela.

Crisleida Porras, periodista y editora de Redsonadoras.com, representó a la RDPV en el curso “Narrativas que tejen igualdad: Género, medios y periodismo” organizado por UNFPA en Venezuela. Tras detallar los objetivos de la Red y los proyectos realizados, resaltó que “este no es solo un recuento de metas alcanzadas. Al presentarles esta iniciativa hoy, queremos invitar a las participantes de este taller a inspirarse y hacer realidad sus proyectos periodísticos”. 

Añadió que lograr estas metas implica grandes sacrificios personales y profesionales, así como enfrentar desafíos particulares del contexto que significa hacer periodismo independiente en Venezuela. Pero no por ello es imposible y la RDPV existe como prueba irrefutable.

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La Red de Periodistas Venezolanas lanza su nueva imagen y sitio web en un evento emblemático

La Red de Periodistas Venezolanas (RDPV) celebró un evento presencial muy significativo para sus más de 260 miembras que trabajan en medios de comunicación locales, nacionales e internacionales, así como en oenegés y como comunicadoras independientes. En la sede de la Alianza Francesa en La Castellana, Caracas, se realizó la presentación de la nueva imagen de la Red y de su sitio web, Redsonadoras.com.

Transformando el periodismo venezolano

La RDPV nació para valorar y potenciar los saberes y las habilidades de sus integrantes, promoviendo la formación continua y el trabajo colaborativo. En el encuentro, se destacó la misión de la red: ser un terreno fértil donde florecen capacidades, ideas, proyectos y alianzas que aportan una perspectiva feminista y de género a la práctica periodística en Venezuela.

“Queremos transformar la práctica periodística y los medios de comunicación hacia una realidad más feminista, inclusiva y democrática“, dijeron. Asimismo, se reafirmaron que la visión de la red de garantizar que las periodistas venezolanas gocen plenamente de sus derechos humanos y ejerzan un periodismo feminista, libre e independiente.

Impacto significativo y proyectos transformadores

Hasta la fecha, la Red ha formado a más de 350 periodistas y comunicadores en temas de género y diversidad, ha otorgado 18 becas de producción periodística y mentorías, y publicó el primer informe sobre acoso sexual en el entorno de los medios y el periodismo en Venezuela. Su boletín informativo, “Buenas Juntas“, ya casi alcanza las 500 personas.

Entre los proyectos destacados, se mencionaron las capacitaciones en derechos sexuales y reproductivos, periodismo en contextos autoritarios y el abordaje de temas complejos como el aborto. Además, se mencionaron eventos como el bootcamp Género en foco“, el programa “Semillero Violeta“, y el más reciente: “Narrar Fronteras“. Todos estos eventos que han sido fundamentales para formar a periodistas y comunicadoras con una perspectiva de género.

Nuevo logo y rebranding

Con la presentación del nuevo logo de la Red de Periodistas Venezolanas se da inicio a una etapa de renovación y compromiso continuo con la calidad, inclusión y crecimiento. Este rebranding responde a la evolución interna de la red y a la necesidad de reflejar una identidad que vibra con las nuevas metas y valores de sus miembras.

Sostenibilidad y valoración del trabajo de cuidados

Uno de los aspectos centrales del evento fue el enfoque en la sostenibilidad de la red. Se resaltó la importancia de reconocer y pagar con justicia el trabajo de cuidados no remunerado que, históricamente, ha recaído sobre las mujeres.

La RDPV se compromete a buscar financiamiento sostenible y a rendir cuentas de manera transparente, con el objetivo de convertir el esfuerzo voluntario en uno remunerado, reconociendo así el valor inmenso del trabajo realizado por sus miembras.

Actualización de datos y fortalecimiento de la comunidad

Para seguir creciendo y fortaleciendo la comunidad, se lanzó un formulario de actualización de datos, obligatorio para todas las miembras actuales y abierto a nuevas integrantes. Este proceso busca entender mejor las necesidades y potencialidades de cada una, fortaleciendo los lazos de solidaridad y sororidad que caracterizan a la red.

Lanzamiento del sitio web Redsonadoras

El punto culminante del evento fue el lanzamiento del sitio web Redsonadoras.com. Este nuevo espacio digital es una plataforma para visibilizar y amplificar las voces de las mujeres y personas históricamente invisibilizadas.

Con secciones dedicadas a historias y reportajes, recursos y guías, proyectos e iniciativas, y eventos y noticias, Redsonadoras es la antesala al primer medio feminista venezolano, un espacio que refleja el compromiso de la red con un periodismo transformador.

Celebración y compromiso renovado

El encuentro presencial, que también fue seguido por la transmisión en vivo a través del canal en YouTube de la organización, concluyó con un brindis, celebrando los logros alcanzados y renovando el compromiso con la causa que une a la Red de Periodistas Venezolanas. Las miembras y aliadas presentes reafirmaron su determinación de seguir trabajando juntas por un periodismo más justo, inclusivo y feminista.

Activistas de organizaciones como el Observatorio LGBTIQ, Aya Contigo, periodistas de la iniciativa del semanario Entérate, compartieron durante la velada y mostraron apoyo a la red. Otros importantes aliados en esta velada fueron Franca, Bamvino y Ovejita, quienes brindaron sus valiosos apoyos para la realización del evento.

Para más información, visita Redsonadoras.com y sigue las redes sociales de la comunidad para estar al tanto de sus últimas novedades y proyectos.

Becas de producción periodística Redsonadoras

Escogidas cuatro propuestas para becas de producción periodística Redsonadoras

(Junio, 2024) La Red de Periodistas Venezolanas (RDPV) extendió una invitación a sus miembras para postular a las Becas de Producción Periodística Redsonadoras. Esta iniciativa busca fomentar el periodismo con enfoque de género y diversidad en Venezuela.

Gracias al apoyo de Free Press Unlimited, se brindará respaldo a parejas o equipos de periodistas y profesionales de la comunicación. El objetivo principal es impulsar la producción de contenidos periodísticos que aborden de manera integral y sensible los temas de género y diversidad en Venezuela.

A través de la colaboración entre colegas nóveles y expertos, se espera generar un impacto significativo en la visibilidad y comprensión de las realidades que enfrentan las mujeres y personas sexodiversas en nuestra sociedad.

Beneficios de la Beca

Las Becas de Producción Periodística Redsonadoras se otorgaron a cuatro equipos de profesionales venezolanos para la realización de investigaciones periodísticas sobre temas de género y diversidad. Estas incluyen financiamiento para gastos relacionados con la investigación y producción de los contenidos periodísticos, así como el trabajo de quienes participen.

Los equipos seleccionados recibirán igualmente orientación y asesoramiento por parte de mentoras expertas en periodismo con enfoque de género. Estas mentorías se llevarán a cabo de manera individual y grupal, brindando a las participantes la oportunidad de mejorar sus habilidades y enfoques periodísticos.

Asimismo, contarán con apoyo editorial para garantizar la calidad y relevancia de sus propuestas.

Temas de Interés Prioritario

Las propuestas de investigación que se ubican en orden de prioridad para el otorgamiento de las becas deben abordar:

Justicia de género, diversidad e inclusión:

Documentar las relaciones de poder y discriminación de grupos subrepresentados, promover la equidad de género y el acceso igualitario a oportunidades y derechos, y visibilizar los derechos de las mujeres y las personas LGBTIQ+.

Medio ambiente y género:

Investigar el vínculo entre las mujeres y el medio ambiente, así como las implicaciones del cambio climático en la región desde una perspectiva de género.

Salud sexual y reproductiva:

Abordar enfoques novedosos en la cobertura de temas como el aborto, las infecciones de transmisión sexual, la educación sexual integral, el acceso a la salud y el trabajo sexual.

Plazos y Publicación

Cada equipo tendrá tres meses para la realización y publicación de su propuesta. El trabajo realizado producto de esta beca será publicado tanto en el medio de comunicación escogido por el equipo de periodistas como en las distintas plataformas de la RDPV.

Al finalizar el plazo de recepción de propuestas en junio de 2024, se recibieron 15 solicitudes de equipos diversos, ubicados en distintas regiones de Venezuela. Tras evaluarlas, cuatro resultaron las iniciativas seleccionadas. Próximamente se compartirán en medios aliados y en esta web de Redsonadoras.com los trabajos que recibieron en total USD $6.000 para su financiamiento.