Palabras que (Post de Twitter)

Migrantes desaparecidos y población indígena en riesgo, los temas a abordar desde “Narrar Fronteras”

Cuatro proyectos periodísticos con perspectiva de género y alto impacto social destacaron para obtener las becas otorgadas por el programa “Narrar Fronteras”. Esta iniciativa de la Red de Periodistas Venezolanas (RDPV), con apoyo de Free Press Unlimited (FPU), además contó con la participación de 40 personas, entre periodistas, fotógrafas(os), videógrafas(as) y trabajadores de la comunicación que viven o laboran en zonas limítrofes venezolanas.

Los participantes asistieron a las cinco sesiones principales, y una electiva, de la fase de formación en temas indispensables para la cobertura de las fronteras. Cómo abordar historias sobre trata y tráfico de personas, seguir los pasos de los migrantes venezolanos en su camino a encontrar una mejor calidad de vida. O las medidas de seguridad y autocuidado de les periodistas para minimizar los riesgos de su labor en contextos peligrosos fueron algunas de las áreas abordadas.

Las heridas de la migración y los riesgos que enfrenta la población wayúu

Luego de la fase de capacitación, los asistentes presentaron sus propuestas para obtener las becas, que cuentan con un apoyo económico de hasta 3 mil dólares por proyecto, además de la mentoría y apoyo editorial brindado por la RDPV. De 12 postulaciones recibidas, luego de un minucioso proceso de evaluación por parte de un calificado panel de expertas, las ganadoras son:

  • Que aparezca mi muchacho”: Relatos sobre desapariciones forzadas transfronterizas en la frontera colombo-venezolana ocurridas entre 2016 y 2020. Por Kaoru Yonekura, Walter Molina y Luis Estévez.
  • No fue la mar: El rastro de las que se fueron y las que se quedaron”: Abarca historias de mujeres que han visto sus vidas afectadas por la migración forzada que existe en Venezuela. Esto llevó a sus familiares a salir de manera ilegal y clandestina por rutas marítimas en búsqueda de mejores oportunidades de vida y han desaparecido en el mar. Por Danielly Rodríguez y Nayrobis Rodríguez.
  • Mujeres wayuu: vivir y prolongar la vida entre fronteras”: Expone cómo las mujeres wayúu y su linaje permanecen en riesgo ante los retos enfrentados por las indígenas de La Guajira en el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos. Con ellas en peligro, la esperanza de supervivencia de este pueblo originario resulta comprometida. Por Betsabé Molero, María Fernanda Padilla y Génesis Daniela Prada.
  • Las ETS, asesinas silenciosas en el territorio wayuu”: Demuestra el impacto de los índices de contagio de enfermedades de transmisión sexual (ETS) que se registran en adolescentes y jóvenes indígenas wayuu en el eje fronterizo de la Guajira. Por Sailyn Fernández Ja’yaliyuu, Ana Karolina Mendoza, Leonel López y Rónald Fuenmayor Epinayu.

Cobertura de fronteras con perspectiva de DDHH y enfoque de género

A través de estas becas, las cuatro equipas seleccionadas contarán con tres meses para realizar su trabajo reporteril y preparar el contenido en los diversos formatos planteados, según cada proyecto. Posteriormente, realizarán la publicación y difusión de los resultados. En cada una de esas etapas contarán con acompañamiento editorial.

La Red de Periodistas Venezolanas agradece a cada participante por su dedicación y compromiso con las actividades de “Narrar Fronteras”. Este programa fue concebido con el objetivo de lograr una cobertura fronteriza más empática, respetuosa y de relevancia para toda la sociedad. Además, enriquecer el ejercicio periodístico desde una perspectiva de derechos humanos (DDHH), de género, igualdad y diversidad.

Para conocer las próximas convocatorias, les invitamos seguir las redes sociales de la RDPV, en Instagram, Facebook y X (antes Twitter). También pueden visitar nuestra página web Redsonadoras.com  y suscribirse al boletín Buenas Juntas.

mujeres que resisten desigualdad

Mujeres que resisten: Informe revela el alto precio de la desigualdad en Venezuela

Aunque la desigualdad y discriminación de género afectan a todas las mujeres en Venezuela, aquellas en los estratos socioeconómicos más bajos enfrentan las consecuencias de manera mucho más aguda. Estas mujeres no solo resisten ante enormes desafíos, sino que también demuestran una profunda resiliencia en un contexto que exacerba las dificultades que ya enfrentan.

Parte de esa realidad se plasma en el informe Mujeres que resisten: el alto precio de la desigualdad, edición 2024. Este esfuerzo de la Red de Mujeres Constructoras de Paz muestra cómo esta afectación diferenciada se presenta en las principales áreas que impactan a las mujeres: la salud, la educación y el liderazgo político y comunitario.

Para este análisis, se encuestó a 1.281 mujeres de diferentes edades y realidades económicas, en 17 estados del país (Anzoátegui, Apure, Aragua, Barinas, Bolívar, Carabobo, Delta Amacuro, Distrito Capital, La Guaira, Lara, Mérida, Miranda, Portuguesa, Sucre, Táchira, Yaracuy y Zulia). Sus respuestas complementaron los hallazgos con experiencias e información generada por otras organizaciones que tienen varios años trabajando en hacer incidencia por y para las mujeres del país.

La salud sexual y reproductiva en crisis

Uno de los aspectos centrales es la grave situación en materia de salud sexual y reproductiva. El 40 % de las mujeres menstruantes reporta no utilizar métodos anticonceptivos, una cifra alarmante que muestra el riesgo latente a embarazos no intencionados que, a su vez, perpetúa ciclos de pobreza y desigualdad.

El informe da cuenta de que 1 de cada 3 mujeres (34 %) se ha ausentado de sus labores por razones relacionadas con la menstruación, siendo el dolor la principal causa, seguida por la falta de productos de gestión menstrual y de acceso a agua limpia.

Otro de los hallazgos más preocupantes es el alto índice de violencia obstétrica. 53 % de las mujeres que han dado a luz en Venezuela reporta haber sufrido algún tipo de violencia durante su parto, un porcentaje que aumenta al 60 % en las mujeres de estratos más bajos. Estas mujeres enfrentan maltratos, negligencias y violaciones a su autonomía en uno de los momentos más vulnerables de sus vidas. El sistema de salud público no cuenta con los recursos suficientes para garantizar partos seguros y dignos, lo que incrementa las probabilidades de violencia obstétrica en las mujeres más pobres.

Esta forma de violencia, que ocurre en un entorno que debería ser de protección, es invisibilizada en gran parte de la sociedad venezolana, a pesar de las leyes que reconocen su existencia y la prohíben.
Revela el informe que son también las mujeres de menos recursos quienes más prejuicios y estereotipos sexistas sostienen, lo que se explica por la falta de acceso a educación y también por las desiguales responsabilidades que tienen en el hogar.

Las tareas de cuidado no remunerado, el gran bastión de la desigualdad

Las diferencias entre la cantidad de horas que le dedican hombres y mujeres a las tareas de cuidado del hogar y crianza aumentan notablemente cuando se trata de hogares de estratos más bajos. El estudio hace mención destacada a la participación política y comunitaria de las mujeres venezolanas. A pesar de que el 94 % considera necesario un cambio político en Venezuela, las de estratos socioeconómicos bajos enfrentan mayores barreras para su participación activa. Solo el 25 % está involucrada en actividades políticas o comunitarias, en comparación con el 35 % de las mujeres de clases más altas.

Las dificultades económicas, la falta de acceso a educación y la limitada representación política son algunos de los obstáculos que dificultan su participación. Además, el 21 % de las mujeres de estos estratos expresó temor a represalias por votar libremente, lo que refleja un entorno de coacción y vulnerabilidad que afecta directamente su capacidad para influir en los procesos democráticos.
La encuesta revela que, aunque el 99 % de las niñas y adolescentes en Venezuela están inscritas en el sistema educativo, solo 58 % asiste diariamente a clases, una cifra que es aún más baja en los estratos socioeconómicos más bajos, donde la asistencia diaria se reduce al 47 %.

Factores como la falta de maestros, la suspensión de clases y la inseguridad económica continúan afectando el acceso a una educación de calidad. Tal y como mencionamos en el informe pasado, con este trabajo no queremos limitarnos a documentar la situación actual, sino también concienciar sobre la necesidad urgente de tomar medidas que brinden apoyo y oportunidades a las mujeres en Venezuela reconociendo las diferentes condiciones que sufren aquellas con menos recursos y cuán importantes son para la reconstrucción del país.

La Red de Mujeres Constructoras de Paz es una alianza entre líderes comunitarias, activistas y periodistas de Venezuela, que tiene como objetivo aportar registros y contenidos para el reconocimiento y la visibilización de la desigualdad de género, y también en la sensibilización sobre temas fundamentales relativos a las mujeres.

cobertura fronteriza periodismo

Seguridad en la cobertura fronteriza: Que hacer periodismo no nos cueste la vida

El riesgo de cubrir las dinámicas fronterizas aumenta cuando las mujeres periodistas se insertan en estas áreas para cubrir sus realidades. Y aunque no deja de ser necesario revelar al mundo la complejidad de lo que se vive en las zonas limítrofes, procurar la seguridad y el autocuidado de las equipas periodísticas es igual de indispensable. Porque sin periodistas a salvo, no se pueden contar esas historias.

Maye Primera, con más de 20 años de experiencia en la cobertura de temas políticos, migración y derechos humanos; y Ronna Rísquez una de las periodistas más reconocidas en la cobertura de seguridad y crimen en Venezuela, autora de libro sobre la banda criminal “El Tren de Aragua” , ofrecieron sus recomendaciones como investigadoras expertas en áreas fronterizas. 

Ambas periodistas han enfrentado riesgos significativos en sus coberturas en distintos países de América Latina. Esto les ha brindado una comprensión amplia y detallada de los desafíos que conlleva trabajar en terrenos peligrosos. Y es a partir de esas experiencias que comparten sus aprendizajes más importantes para quienes quieran adentrarse en esas zonas.

Dinámicas y riesgos fronterizos

Ronna Rísquez resaltó la importancia de entender las dinámicas cotidianas de quienes habitan las fronteras. Puso como ejemplo las ciudades cercanas a la frontera venezolana, como en el estado Táchira, donde las personas cruzan regularmente entre países por razones de trabajo o educación. Al cubrir este tipo de áreas es esencial comprender las motivaciones y los riesgos que enfrentan estas comunidades.

Apuntó que las fronteras son espacios donde confluyen diversos riesgos, como la presencia de grupos armados no estatales, contrabando, tráfico de drogas y trata de personas. “Hay que estar conscientes de que una frontera no es un parque de atracciones, sino un lugar con dinámicas y peligros distintos a otros territorios”.

Las características de las fronteras como “lugares de paso entre países” facilitan la existencia de estas dinámicas ilícitas. Subrayó que estos peligros no son exclusivos de Venezuela, sino que se presentan en otras fronteras como la de México con Estados Unidos o la de Chile con Bolivia.

Uno de los riesgos clave es la corrupción, tanto en los funcionarios de seguridad como en los servicios de migración. “Es común que algunos funcionarios se presten para manejos corruptos, cooperando con grupos criminales o permitiendo el paso de mercancías ilícitas”, advirtió. 

Autocuidado y protocolos de seguridad

Maye Primera enfatizó la necesidad de planificar cada cobertura. En su opinión, es imprescindible comparar los beneficios editoriales con lo que se arriesga al movilizarse para contarla. “Debemos preguntarnos si vale la pena asumir ciertos riesgos“, reflexionó sobre la tentación en el periodismo de buscar historias a cualquier costo. 

Destacó que la seguridad no solo debe ser física, sino también digital y emocional. El autocuidado psicoemocional es fundamental para las periodistas que, al cubrir situaciones de conflicto, están expuestas al trauma.

Recordó que, durante muchos años, no consideró su propia seguridad como una prioridad. “Nunca pensaba en mi seguridad personal, creyendo que era invulnerable”, dijo. No obstante, con el tiempo comprendió la importancia de tomar medidas preventivas.

Una de sus recomendaciones claves fue la creación de protocolos de seguridad detallados, que incluyan la planificación de cada aspecto del trabajo, desde los transportes a utilizar hasta la preparación de respuestas ante posibles emergencias. Ambas ponentes subrayaron la importancia de tener un plan de evacuación, sabiendo de antemano por dónde entrar y salir de una zona de conflicto.

Seguridad emocional y apoyo psicoemocional

 “Los periodistas, al igual que los bomberos o los paramédicos, vamos hacia el peligro cuando todos los demás intentan escapar (de él)”, indicó Primera, quien fue corresponsal de El País (España). Destacó la importancia de estar preparados para manejar el trauma y la ansiedad que pueden surgir al cubrir situaciones emocionalmente impactantes.

Recomendó no subestimar la necesidad de apoyo psicológico y destacó la importancia de buscar ayuda cuando sea necesario. El trauma vicario, que afecta a quienes están en contacto constante con el sufrimiento ajeno, es una realidad en este tipo de trabajo. Y puede tener consecuencias duraderas si no se aborda adecuadamente.

Para reducir sus efectos, es necesario prepararse mentalmente antes, durante y después de la cobertura. Buscar apoyo psicológico cuando se requiera, ya que las situaciones emocionales intensas pueden tener un impacto duradero. 

Las investigadoras expertas coincidieron en que la empatía es esencial, pero también se debe ser consciente de los propios límites. “No somos invulnerables, y la historia que cubrimos también nos afecta”, concluyó Primera. 

Mantener el foco: conseguir la información y difundirla

“No debemos perder de vista cuál es el objetivo del periodismo: informar. No se trata de demostrar cuán valientes somos o si tenemos miedo o no. El enfoque debe ser obtener información de interés público y difundirla dentro de nuestras capacidades”, acotó.

“Para mí, la vida de nadie, ni la tuya ni la de una fuente, vale una foto. Es un riesgo que pocas veces merece la pena correr”, sentenció Rísquez. La también colaboradora de la revelación de los Panamá Papers, agregó que, pese a esos riesgos, la cobertura de fronteras es valiosa y de alto impacto.

Ronna Rísquez y Maye Primera ofrecieron estas recomendaciones en la cuarta sesión sobre la seguridad y el autocuidado en la cobertura de zonas fronterizas del programa “Narrar Fronteras”. Este programa de la Red de Periodistas Venezolanas (RDPV) busca visibilizar la situación de las áreas limítrofes con una perspectiva de género y enfoque en los derechos humanos a través de la formación de periodistas. Puedes ver la tercera sesión aquí

trata de personas Estefanía Mendoza

Visibilizar la complejidad fronteriza, vital para enfrentar la trata de personas

La actual migración venezolana, que impulsa a millones de personas a recorrer América Latina, expone especialmente a mujeres y niñas a situaciones de vulnerabilidad extrema, incluida la trata de personas. Y la falta de una narrativa adecuada en los medios de comunicación para visibilizarla, limita la capacidad de las sociedades para identificar y combatir este delito.

Estefanía Mendoza, abogada feminista y coordinadora de Mulier de Venezuela, ofreció una profunda reflexión sobre la trata en el contexto de la migración venezolana. “Este delito avanza más rápido que la legislación y las políticas públicas”, resaltó. Es así como el papel del periodismo resulta esencial para alertar, educar y crear un entorno más seguro para todas las personas.

Trata y tráfico de personas, dos conceptos diferentes

Aunque a menudo se confunden, trata y tráfico de personas son dos términos que describen situaciones diferentes. Mientras que el tráfico implica la entrada ilegal de personas a un país, generalmente de forma voluntaria, la trata de personas es un crimen que viola los derechos humanos (DDHH) al someter a las víctimas a explotación. Esta explotación puede ser sexual, laboral o incluso para el tráfico de órganos.

“El tráfico es un delito contra el Estado, mientras que la trata es un delito contra las personas. La dinámica de tráfico es lo que conocemos de los ‘coyotes’, donde se paga para cruzar una frontera. En Venezuela, hemos visto paquetes turísticos para cruzar a Estados Unidos o para cruzar el Darién. Pero pueden terminar en trata si los traficantes detectan a mujeres solas o en situación de vulnerabilidad”, explicó Mendoza.

Enfatizó que, en muchos casos, las mujeres (y personas LGBTQ+) migrantes no reconocen que están siendo víctimas de trata hasta que ya es demasiado tarde. Recordemos que suele estar acompañada de coerción, engaño o violencia, lo que anula la capacidad de la persona para tomar decisiones libres sobre su propia vida. Por eso necesita visibilizarse cada caso.

La trata implica diversas formas de abuso

La también activista por los DDHH destacó que la trata de personas no se limita a la explotación sexual, a menudo vinculada con imágenes estereotipadas de mujeres encadenadas. También incluye la explotación laboral, el trabajo forzado y otras formas de abuso que, a menudo, pasan desapercibidas.

La trata de personas ha crecido hasta convertirse en el tercer delito más lucrativo a nivel mundial, después del narcotráfico y el tráfico de armas, lo que demuestra la magnitud del problema, dijo.

Mendoza insistió en que, tanto los estados como las organizaciones internacionales y los medios de comunicación, deben trabajar juntos para abordar la trata de personas desde una perspectiva interseccional. Las políticas públicas deben enfocarse en la protección de los derechos humanos de las personas migrantes, prestando especial atención a las mujeres y niñas, quienes son las más afectadas por este delito.

Además de la respuesta de los países de acogida, debemos analizar cómo responde el mismo gobierno venezolano. “El Estado tiene la obligación de proteger a las mujeres de la violencia y garantizar una vida libre de esta, lo cual es inherente a nuestros derechos humanos. No tiene que ver con que seamos venezolanas en Perú, en Colombia o en Venezuela”, señaló.

Perú y Ecuador, países inseguros para las mujeres venezolanas

La coordinadora de Mulier comentó que, de acuerdo con los informes que están elaborando, Perú es uno de los países donde la situación de las migrantes venezolanas es más crítica. Muchas de estas mujeres enfrentan formas extremas de violencia, incluso por parte de las fuerzas de seguridad, quienes en lugar de protegerlas, actúan como cómplices de los tratantes. Los medios locales, en muchos casos, no reportan con diferenciación la gravedad del problema, lo que contribuye a invisibilizar la explotación.

Lo que hace a estas mujeres más vulnerables es, en gran parte, la narrativa xenófoba y estigmatizante creada alrededor de la migración venezolana. Mientras que en el pasado, los venezolanos de clases más acomodadas eran mejor recibidos (como en la época de los dólares de Cadivi), la nueva oleada de migrantes, más pobres y vulnerables, genera reacciones mucho más hostiles. 

Esto incluye la hipersexualización de las mujeres migrantes. En países como Ecuador, “estos estereotipos han evolucionado a la percepción de la venezolana como ‘prostituta’, alimentados por el machismo y la violencia estructural contra las mujeres”, denunció Mendoza. 

El estereotipo de la venezolana “bella” o “miss” se reemplazó por la idea de que son más “deseables” o “sumisas” en el contexto de la explotación sexual. Al respecto, advirtió sobre el peligro de estas narrativas, que no solo deshumanizan a las mujeres, sino que también refuerzan la idea de que “venden mejor”, perpetuando así su vulnerabilidad.

Focos de explotación en las fronteras venezolanas

En las fronteras de Venezuela, particularmente en los estados Zulia y Táchira, se ha documentado un aumento en los casos de explotación sexual y laboral. Mujeres y niñas son obligadas a trabajar en condiciones de esclavitud en estas zonas. 

“El Arco Minero del Orinoco, por ejemplo, es un punto crítico. Allí la explotación minera ilegal y la presencia de grupos irregulares afectan gravemente a las comunidades indígenas y a las mujeres venezolanas, quienes recurren a las minas como medio de subsistencia”, precisó la especialista en violencia de género.

En la frontera y en el contexto de la virtualidad, la explotación sexual de migrantes venezolanas en casas de modelaje webcam es otro fenómeno alarmante. “Estas mujeres, muchas en situaciones de vulnerabilidad, son explotadas en este tipo de trabajos, donde el consentimiento se desdibuja y pasan de tener un trabajo sexual consentido a ser víctimas de trata”, resaltó.

Mendoza señaló que las zonas mineras de Brasil y las fronteras marítimas con Colombia, la explotación laboral y el tráfico de personas las convierte también en puntos críticos. “En las comunidades indígenas, la detección de víctimas de trata es aún más difícil debido a las barreras culturales y la percepción diferente de las fronteras”, agregó. Esta invisibilidad refuerza la impunidad de los tratantes y la falta de atención por parte de las autoridades locales.

Por una narrativa inclusiva y de alto impacto

En opinión de la abogada feminista, combatir la trata de personas de manera efectiva requiere de una coordinación conjunta entre los medios, los Estados y las ONG. Los objetivos en común deben ser la creación de narrativas más justas y humanas, que no perpetúen la xenofobia ni la estigmatización; y que promuevan políticas basadas en el respeto a los DDHH.

Estefanía Mendoza subrayó la importancia de ampliar y diversificar las narrativas en torno a la trata de personas. Esto implica no solo reconocer la explotación sexual y laboral, sino también visibilizar a las víctimas que, debido a los estigmas y la falta de políticas públicas adecuadas, permanecen invisibles. No solo mientras se movilizan en las fronteras, sino luego de establecerse en países receptores de la migración, pues las dificultades para regularizar su estatus migratorio persisten por largo tiempo.

A pesar de que el gobierno venezolano afirma tener un plan nacional contra la trata de personas, este no ha sido publicado, lo que refleja falta de transparencia y de acción concreta. Esta opacidad dificulta la implementación de políticas efectivas y limita la capacidad de los países receptores de migrantes para proteger a las víctimas.

La también consultora en temas de género ofreció este análisis sobre la trata de personas en su ponencia “Trata de personas, tráfico y otros problemas fronterizos”. Este fue el tema abordado durante la tercera sesión del programa “Narrar Fronteras“, impulsado por la Red de Periodistas Venezolanas (RDPV). Puedes leer la nota sobre la segunda sesión aquí

Femicidio Venezuela Utopix

Se comete un femicidio en Venezuela cada 47 horas, revela informe de Utopix

Entre enero y julio de 2024, se registraron un total de 108 femicidios en Venezuela, con 14 de ellos reportados solo en ese último mes. El más reciente informe de la ONG Utopix sobre este tipo de delitos revela cifras alarmantes de violencia contra las mujeres. Se estima que, en los primeros siete meses del año en curso, cada 47 horas se cometió un crimen que acabó con la vida de una venezolana dentro de su país.

Además, cada 36 horas se cometió un posible femicidio frustrado durante ese mismo lapso. Mientras que el año anterior, se contabilizaba uno cada 38 horas. Resulta más que preocupante esa tendencia en aumento con cada año que pasa. En 2023, el Monitor de femicidios de Utopix documentó 206 muertes asociadas a esta clasificación de crímenes contra las mujeres. 

Estos indicadores reflejan que a la emergencia humanitaria compleja que se vive el país desde hace varios años hay que sumarle una crisis en torno a la violencia de género. Sin mencionar la alta tasa de impunidad en los casos que se denuncian ante las autoridades y el subregistro de víctimas a quienes la justicia no alcanza.

Un problema estructural desatendido por el Estado

Estas 108 mujeres asesinadas entre enero y julio de 2024 representan vidas truncadas por falta de protección efectiva por parte de las instituciones del Estado venezolano

A pesar de que existe una Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la realidad demuestra que no se aplica. Los mecanismos de protección, como medidas cautelares o la persecución y detención de los agresores, fallan al no poder garantizar la seguridad de las víctimas.

En el informe de estos primeros siete meses del año, publicado en la página web de Utopix bajo la autoría de Aimeé Zambrano, se destaca que estas cifras no solo representan muertes violentas, sino que evidencian un problema estructural más amplio. Y que está vinculado a la violencia machista y a un sistema judicial que no actúa con la celeridad ni la sensibilidad necesarias para abordar estos casos.

Distribución geográfica y patrones identificados

El registro de los femicidios no se limita a un contexto específico, ya que se extiende por todo el país y afecta a mujeres de diversas edades, niveles socioeconómicos y realidades sociales, según muestra el informe. Sin embargo, queda claro que la crisis económica y social que vive Venezuela ha exacerbado la vulnerabilidad de las mujeres, quienes enfrentan mayores riesgos en contextos de pobreza, migración y falta de acceso a servicios básicos.  Un total de 16 venezolanas fueron asesinadas fuera de su país de origen.

Respecto a los 14 casos domésticos reportados en julio de 2024, entre 16 y 35 años osciló el rango de edad de la mayoría de las víctimas. También hubo un aumento de casos entre mujeres de 51 a 55 años. Armas de fuego, armas blancas y la provocación de asfixia mecánica fueron los métodos más usados para acabar con la vida de estas venezolanas. Cinco de ellas eran madres. Y una docena de niños, niñas y adolescentes quedaron en orfandad.

La impunidad como agravante de los femicidios

Del total de estos casos, seis de los cuerpos de las víctimas fueron abandonados en la vía pública. Además, dos mostraron signos de tortura y uno de mutilación.  Otro fue escondido en una maleta. El estado con el mayor número de femicidios consumados es Miranda, con cinco. Mientras que se registró uno por entidad en Distrito Capital, Aragua, Yaracuy, Monagas, Anzoátegui, Carabobo, Trujillo, Portuguesa y Apure.

Uno de los aspectos que resalta el informe de Utopix es la impunidad que rodea a estos crímenes. A pesar de la existencia de leyes para la protección de las mujeres, muchas de las denuncias de violencia de género no se atienden adecuadamente, lo que deja a las víctimas desprotegidas. 

En muchos casos, las órdenes de alejamiento no son cumplidas por los agresores, y las autoridades no responden con la urgencia requerida para evitar que las situaciones de violencia escalen hasta convertirse en femicidios

Por ejemplo, Utopix refiere que de 17 femicidas identificados, diez están detenidos; uno está fugado y dos se suicidaron tras cometer los crímenes. En cuatro casos no hay información sobre el status de los responsables de estas muertes.

La falta de formación en género y derechos humanos entre los cuerpos policiales y judiciales también agrava la situación. Las mujeres que denuncian violencia no siempre encuentran un trato respetuoso o eficiente por parte de las instituciones, lo que desalienta a muchas víctimas a buscar ayuda.

La invisibilización de las víctimas en Venezuela

Aunque los medios de comunicación reportan algunos casos, muchas veces la cobertura se limita a lo sensacionalista y no aborda las causas profundas de la violencia. Utopix ha estado trabajando para visibilizar estas problemáticas, no solo a través de sus informes, sino también mediante campañas de concienciación que buscan cambiar la narrativa sobre la violencia contra las mujeres en el país.

La ONG también ha enfatizado la necesidad de una mayor cobertura mediática responsable que no revictimice a las mujeres ni perpetúe estereotipos de género. En lugar de centrarse en detalles amarillistas, se requiere un enfoque que denuncie la inacción de las instituciones y la falta de políticas efectivas para protegerlas.

Es imprescindible que el Estado venezolano, en conjunto con organizaciones de la sociedad civil, tome medidas urgentes y efectivas para proteger a las mujeres. Además, los medios de comunicación deben jugar un papel más activo en la visibilización de esta problemática, más enfocados en las causas estructurales de la violencia de género.

Nota original e informe disponibles en Utopix – Monitor de Femicidios: Constructoras de Paz en VenezuelaInformación republicada con autorización de su autora, Aimeé Zambrano, en Redsonadoras.com.

Mujeres periodistas detenidas en Venezuela

Autoridades venezolanas detienen a mujeres periodistas en medio de la represión postelectoral

“¿Ustedes van a matar a mi hija? ¿Ustedes le van a hacer daño a una muchacha inocente porque no me pudieron agarrar a mí?”. Esas son las palabras de Xiomara Barreto, activista social y dirigente del partido opositor Copei, en una grabación de audio publicada en redes sociales el pasado 25 de agosto de 2024. 

Barreto es la madre de Ana Carolina Guaita Barreto, reportera del portal noticioso en línea La Patilla, a quien detuvieron autoridades venezolanas en las afueras de su casa el 20 de agosto, en el estado La Guaira, en el litoral central de Venezuela. 

Guaita Barreto es la tercera mujer periodista detenida en la ola de protestas que estallaron tras las elecciones presidenciales venezolanas del 28 de julio. También, es una de las 230 mujeres detenidas en el marco de la represión ejecutada por el Estado, según datos de la organización de derechos humanos Foro Penal.

Los familiares de Guaita Barreto dicen que su detención fue una retaliación en contra de sus padres, quienes apoyaron la campaña electoral del opositor venezolano Edmundo González Urrutia.

“Tengo a mi hija de 32 años como rehén del gobernador [José Alejandro Terán]”, continuó Barreto en la grabación de audio. “Les pido que dejen a mi hija en libertad”. 

Ana Carolina Guaita Barreto, reportera del portal noticioso en línea La Patilla, detenida por autoridades venezolanas en las afueras de su casa el 20 de agosto. (Foto: La Patilla)

Mujeres periodistas acusadas de terrorismo sin pruebas

Su hermano, Carlos Guaita, dijo a LatAm Journalism Review (LJR) que sus familiares pudieron visitar a Guaita Barreto en detención después de no saber de su paradero durante ocho días. Compareció ante el Ministerio Público y se le acusó de asociación para delinquir, terrorismo y actos violentos.

Una representante de la Red de Periodistas Venezolanas (RDPV) dijo a LJR sentir una profunda preocupación ante la creciente persecución dirigida contra mujeres periodistas. 

“Han sido objeto de detenciones arbitrarias y acusaciones como terrorismo e instigación al odio”, dijo la vocera de la red, que pidió no ser identificada por temor a represalias. “Estas acciones no solo son injustas, sino que además violan flagrantemente el debido proceso, privando a las detenidas de su derecho a una defensa adecuada”. 

Mujeres periodistas son también víctimas de censura, estigmatizaciones y agresiones físicas y verbales. El Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela (IPYS) registró, entre el 29 de julio y el 4 de agosto, 79 vulneraciones a la libertad de prensa. De estas, 23 fueron contra mujeres.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó, el 27 de agosto, medidas cautelares a favor de Guaita Barreto, diciendo que se encuentra en una situación de gravedad y urgencia de riesgo de daño irreparable.

Otros casos contra periodistas mujeres

La reportera Deysi Peña también se encuentra en prisión y se le acusa de terrorismo, incitación al odio, resistencia a la autoridad, vandalismo y otros crímenes, de acuerdo con el grupo activista juvenil Sin Mordaza.

Peña fue detenida por tomar y publicar fotos en sus redes sociales sobre una protesta el 30 de julio. En un video publicado por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), la hija de Peña dijo que Peña era la cabeza económica del hogar y que sus dos hermanitos menores de 7 años no paran de preguntar dónde está su madre.

“Mis hermanos y yo solo queremos a mi mamá de vuelta a casa porque informar no es un delito”, dijo Bárbara Canino Peña en el video publicado el 6 de agosto. Otra periodista mujer que sufrió detención, luego de la elección, fue la reportera de espectáculos Carmela Longo

El 20 de agosto, Longo fue despedida del diario de tendencia oficialista Últimas Noticias. Cinco días después miembros de la policía nacional allanaron su vivienda, se la llevaron detenida, y la acusaron de terrorismo e incitación al odio, según el SNTP.

Preocupación por condiciones de detención

En Venezuela, la vida en la cárcel está marcada por el hacinamiento, la falta de acceso a servicios básicos, y la violencia de género, según ha afirmado el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), una ONG que defiende los derechos de los presos.

De acuerdo a la OVP, las mujeres privadas de libertad en Venezuela corren el riesgo de recibir tortura física y psicológica, e inclusive negación de atención médica adecuada. 

En el caso de Peña, se encuentra recluida en una cárcel de mujeres en Ocumare del Tuy (estado Miranda), a tres horas de su residencia familiar. Esto dificulta y aumenta los costos del traslado de sus familiares al lugar, de acuerdo al SNTP.

Por su parte, Guaita Barreto sigue detenida en la Dirección de Seguridad de la Gobernación de La Guaira en un espacio apartada de la población reclusa.

“Nos dijo que no ha sido agredida ni física ni psicológicamente y que le están dando sus comidas diarias. Dentro de lo malo, ‘está bien’”, dijo su hermano a LJR.

La vocera de la Red de Periodistas Venezolanas dijo que las mujeres periodistas, activistas y políticas detenidas se enfrentan a vulnerabilidades exacerbadas en Venezuela. 

“Hay que sumar los riesgos de violencia sexual y de sufrir de desatención de necesidades básicas relacionadas con la salud menstrual y la salud sexual y reproductiva”, dijo la vocera de la red. “La escalada de violencia y persecución estatal que enfrentamos como periodistas no solo vulnera nuestros derechos como comunicadoras, sino que también tiene un impacto devastador en nuestra salud mental y física”.

Redacción: Katherine Pennacchio.

Foto referencial. Crédito: Sergio Ortiz Barbolla/WOLA.

Nota original publicada en Latam Journalism Review del Centro Knight para el periodismo en las Américas.

Portadas blog-16

Cubrir la migración requiere una mirada feminista, inclusiva y humanizante

(Agosto, 2024). Si bien la cobertura de la migración puede realizarse con perspectiva de género, no siempre implica contar con una mirada desde los feminismos ni la diversidad de las mujeres y/o las poblaciones LGBTQI+. Esta falta de inclusión puede derivar en narrativas que perpetúan estereotipos y violencias que no solo deshumanizan, sino que invisibilizan las realidades de las personas migrantes.

Como parte del programa “Narrar Fronteras“, impulsado por la Red de Periodistas Venezolanas (RDPV), se llevó a cabo la segunda sesión que abordó la cobertura periodística de la migración desde una perspectiva de género y diversidad

Cindy Espina, periodista guatemalteca especializada en migración, y Kelly Henao, abogada especialista en políticas públicas para la igualdad en América Latina, fueron las ponentes encargadas. En esta sesión virtual, las expertas compartieron sus aprendizajes y experticias tras cubrir personalmente crisis migratorias en las fronteras centroamericanas, incluyendo el conocido y peligroso “Tapón del Darién”. 

Espina, además de resaltar la importancia de adoptar un enfoque feminista como periodistas, subrayó la importancia de utilizar un lenguaje inclusivo y no sexista. En contraste, invitó a implementar narrativas que no revictimicen a mujeres y personas LGBTIQ+ en tránsito, sino que destaquen su agencia y capacidad de resistencia. Así pueden ayudar a construir una percepción pública más empática y orientada al respeto a los derechos humanos.

Escucha la historia y cómo quiere presentarse su protagonista

“Es importante escuchar cómo las personas se ven a sí mismas y cómo desean ser representadas”, indicó la también investigadora en asuntos políticos y de migración centroamericanos. Destacó que esta escucha activa es fundamental para evitar la reproducción de estereotipos y para ofrecer una representación más auténtica y respetuosa con les entrevistados.

Espina compartió ejemplos de su experiencia trabajando con mujeres trans en Guatemala.  Ilustró al comentar varios testimonios obtenidos en frontera cómo las narrativas que se realizan en torno a estas personas pueden ser profundamente impactantes.

Asimismo, Kelly Henao añadió a la conversación su experiencia en el Tapón del Darién, una de las rutas migratorias más peligrosas en la frontera entre Colombia y Panamá. Habló de la importancia de reconocer la agencia de las personas migrantes, incluso en contextos de extrema vulnerabilidad. 

Según la abogada, las narrativas periodísticas deben ir más allá de la simple descripción de las adversidades que enfrentan y también deben resaltar sus estrategias de resistencia y supervivencia.

Por políticas migratorias humanizantes

Henao, quien realiza una tesis sobre las dinámicas de tránsito en el Tapón del Darién, describió cómo esta frontera se ha transformado en un espacio altamente securitizado, donde las políticas migratorias de contención y control generan crisis humanitarias

La abogada explicó que, en su investigación, encontró que las niñas, mujeres y personas LGBTQ+ enfrentan vulnerabilidades específicas, no solo durante el cruce de la selva, sino también antes y después de este tramo. Compartió varios testimonios de personas migrantes de distintos países que conoció durante su estancia cerca de los albergues fronterizos.

“La instrumentalización de rutas clandestinas y peligrosas, como la selva y el mar, tiene que ver con la imposición de visas a ciertas nacionalidades como (estrategias de) control estatal”, indicó Henao. 

En su opinión, las políticas punitivas implementadas en esta región, como las estaciones de recepción migratoria gestionadas por el Servicio Nacional de Fronteras de Panamá (Senafront), son las que limitan la movilidad de las personas migrantes y contribuyen a su deshumanización. También subrayó la necesidad de que les periodistas expresen sus críticas frente a estas medidas y desmonten la narrativa estatal que criminaliza la migración irregular.

Recomendaciones para la cobertura de la migración

Ambas coincidieron en que es esencial que los periodistas y comunicadores adopten una postura crítica y ética al cubrir temas de migración. Esto implica no solo el uso de un lenguaje inclusivo y respetuoso, sino también la voluntad de cuestionar las narrativas oficiales y de visibilizar las voces y experiencias de las personas migrantes.

Algunas recomendaciones clave que brindaron en sus ponencias incluyen:

  • Evitar términos alarmistas y deshumanizantes: Utilizar términos que respeten la dignidad de las personas migrantes y que no reproduzcan estereotipos negativos.
  • Incorporar la perspectiva de género y diversidad: Asegurarse de que las narrativas reflejen la diversidad de experiencias y opresiones que enfrentan las mujeres y poblaciones LGBTQI+ en tránsito.
  • Escuchar y respetar la voz de las personas migrantes: Priorizar la representación de las personas migrantes tal como ellas mismas desean ser vistas, evitando imponer narrativas externas que puedan revictimizarlas.
  • Cuestionar las políticas de control migratorio: Investigar y exponer cómo las políticas estatales contribuyen a la creación de crisis humanitarias, y no simplemente aceptar la narrativa oficial.
  • Gestionar anticipadamente el acceso a los lugares de investigación: En lo posible, obtener autorización de las personas a entrevistar en contextos securitizados y llevar consigo acreditaciones (carnés o cartas físicas) que nos identifiquen como periodistas. 
  • Realizar una bitácora de campo detallada: Asegurarse de respaldar toda la información obtenida para garantizar la precisión de los datos recolectados y recordar detalles importantes.
  • Establecer alianzas con periodistas locales y organizaciones humanitarias: Para facilitar el acceso a información, recursos, y mejorar la seguridad, nada mejor que contar con personas y ONG que conozcan muy bien la zona a visitar, así como sus dinámicas particulares.

Por un periodismo seguro y de calidad

En resumen, la cobertura periodística de la migración, especialmente en contextos fronterizos como Venezuela, requiere un enfoque sensible, informado y comprometido con los derechos humanos. Al adoptar una mirada feminista y de género, los periodistas pueden contribuir a una comprensión más completa y humana de las realidades migratorias, y a la vez, ayudar a desmantelar las narrativas que perpetúan la violencia y la exclusión.

Tanto Espina como Henao son integrantes de la colectiva “Narrando Fronteras“, un espacio colaborativo que busca investigar y narrar las complejas realidades de las fronteras desde un enfoque feminista y con atención a las diversidades de género.

El periodismo seguro y de calidad en contextos de migración debe ser un esfuerzo colectivo, especialmente para las mujeres periodistas, quienes pueden enfrentar mayores riesgos en el ejercicio de su profesión, expresó Henao.

Puedes ver la sesión completa en nuestro canal de Youtube.

presas políticas detenidas

Presas políticas y detenidas: el Estado venezolano criminaliza injustamente a mujeres y también a adolescentes

Hasta el 13 de agosto de 2024, la ONG Foro Penal contabilizaba 182 mujeres detenidas en el marco de la represión ejecutada por el Estado venezolano después de las elecciones presidenciales del 28 de julio. Entre las detenidas se encuentran una fotoperiodista con dos hijos pequeños, una adolescente de 16 años estudiante de música y una mujer de origen humilde de 43 años.

“Informar no es un delito”, dice aguantando el llanto Bárbara Canino Peña (17) en un video publicado por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) el pasado 6 de agosto y compartido por diversos medios. Lo dice porque su madre, Deysi Peña, reportera gráfica con 20 años de trayectoria, fue detenida y, actualmente, se encuentra recluida en una estación policial, tras la cobertura que hizo de las elecciones presidenciales en la entidad. 

De acuerdo con el testimonio de Canino Peña, a su madre la detuvieron a las 6:00 a.m. en la estación de servicio Los Nuevos Teques, municipio Guaicaipuro, Miranda. Los efectivos no tenían orden de aprehensión y tampoco brindaron información alguna sobre los motivos por los cuales la detenían, o hacia dónde se dirigían con ella. 

Tras seis horas de búsqueda desesperada, dice Bárbara, finalmente la ubicaron en la estación policial del municipio Tomás Lander en Ocumare del Tuy, a más de tres horas de su residencia. 

Además de hacerse cargo de su propia bebé de diez meses, Bárbara está al cuidado de los otros hijos de Deysi, sus hermanos menores de siete años que “no paran de preguntar día y noche” dónde está su mamá. Peña, quien además de reportera es cabeza de hogar, forma parte de las siete personas trabajadoras de la prensa, detenidas en el marco de las recientes protestas y acusadas de “terrorismo”. Es la única mujer de ese grupo. 

Sin embargo, así como ella, hay otras 182 mujeres detenidas por el Estado en el marco de estas protestas, de acuerdo con datos recopilados por el Foro Penal, la ONG que desde hace años ayuda con acompañamiento jurídico a personas privadas de libertad por razones políticas. 

El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) alertó a través de una publicación en su sitio web,  preocupantes circunstancias en las que estarían viviendo las mujeres privadas de libertad a raíz de la represión post-electoral. Específicamente se refirieron a unas 70 mujeres que están detenidas en el Centro de Formación para Procesadas Femeninas “La Crisálidas” de Miranda, y que de acuerdo con información suministrada por sus fuentes, son “sometidas a tratos inhumanos que van desde la tortura física y psicológica, hasta la negación de atención médica adecuada”. 

El OVP indicó que “las mujeres estarían siendo recluidas en grupos de diez personas en cada celda, y solo les dan un tobo o balde de agua para que todas puedan satisfacer sus necesidades básicas y de higiene”. 

La organización denuncia que las reclusas carecen de alimentación balanceada y sufren ataques por parte de la directora de le institución, que consisten en baños con agua fría, amenazas, tortura psicológica y constante uso del calificativo “terroristas”. Asimismo, las mujeres visitantes o familiares de las privadas de libertad también son sometidas a “requisas de naturaleza invasiva”, según lo que han confirmado en OVP:  “deben desnudarse y agacharse para que una custodia revise sus partes íntimas”. 

Presas políticas que no ejercen cargos políticos 

Aunque la mayoría de personas que fueron detenidas recientemente tienen alguna vinculación con los partidos políticos opositores, a otras solo se las llevaron por ejercer su legítimo derecho a la protesta, o por estar en el lugar y momento equivocados. 

Es el caso de la adolescente, Victoria. Su madre, Carmen Morillo, aparece en un par de videos suplicando que liberen a su hija en las redes sociales del Foro Penal. Cuenta que Victoria, de 16 años, fue detenida el 29 de julio junto a su prima Eli, de 25 años. Durante días no supo nada de ella, solo que finalmente la recluyeron en un centro para menores de edad. 

“No sé si come, no sé si duerme. Sufre de cólico nefrítico. Temo por la integridad de mi hija”, decía la madre en uno de los videos. Para este 14 de agosto Carmen Morillo confirma en entrevista para este medio que pudo verla y dice que está “bien”,

Victoria debería empezar este año su último grado escolar. Además del colegio, estudia música en la Orquesta Sinfónica local. Le gustan los instrumentos de cuerdas: el cuatro y la guitarra, sobre todo. También le interesa el modelaje y el maquillaje artístico. Así lo dice su hermana en un emotivo video que difundió entre sus amigos y que hoy su madre comparte para seguir presionando por su libertad. 

Tanto en el video, como en las fotos que corren junto a la etiqueta #LiberenaVictoria, se puede ver su rostro inocente. Carmen Morillo califica a Victoria como una chica “tranquila, responsable” y también destaca que tiene “muchos sueños y ambiciones”. Victoria es una adolescente que en sus tiempos libres compone canciones, a quien el Estado venezolano hoy acusa de “terrorismo”. Su madre solo pide que la liberen. “Quiero tener a mi hija en casa”, insiste.

La palabra “libertad” es terrorista

El 1 de agosto, habitantes de los Valles del Tuy eligieron una forma singular para salir a las calles a protestar. Escribir la palabra “Libertad” en la calle, utilizando para ello las harinas que vienen en sus cajas del CLAP. 

CLAP es un programa que desde el 2016 distribuye alimentos a través de comités locales. Ha estado rodeado de varias polémicas no solo de corrupción, sino también por la escasa calidad de los productos, y por ser utilizado como una forma de presión y control social: quien no apoye a Maduro, no recibe alimentos. 

Dioris Zárraga, habitante de un barrio popular en Ocumare del Tuy, fue detenida luego de esa espontánea forma de protesta. Es decir, Dioris fue arrestada por escribir «Libertad» con la harina de la caja Clap en el concreto del suelo.

Las fotos compartidas por los cuerpos de seguridad la muestran de espaldas, esposada como una criminal de peligro. Su arma, un celular.

Las adolescentes y mujeres detenidas en Venezuela enfrentan un riesgo elevado de sufrir abusos sexuales durante su reclusión. Estas situaciones son inaceptables y reflejan la falta de protección y respeto a sus derechos humanos por parte del Estado.

Desde las organizaciones de mujeres se exige que las detenidas tengan un trato digno, que se garantice su acceso a productos de higiene menstrual, y que se respete rigurosamente su debido proceso. Se deberían tomar medidas para asegurar la integridad física y emocional de estas mujeres, y que se reconozca su derecho a una defensa justa y transparente.

La criminalización injusta de mujeres y adolescentes por parte del Estado venezolano, además de la forma en la cual están siendo tratadas durante su detención, no solo vulnera sus derechos fundamentales, sino que también expone las profundas fallas en el sistema de justicia y en la protección de las personas más vulnerables.

Así lo expone la Asociación Cauce en un comunicado que ya lleva más de 180 firmas, donde organizaciones de mujeres y activistas, exigen justicia y cese a la violencia en contra de las mujeres en Venezuela. 

Nota original en Tejiendo Redes: Constructoras de Paz en Venezuela, el sitio web impulsado por IPYS (Instituto Prensa y Sociedad) Venezuela y la Red de Mujeres Constructoras de Paz. Republicada con autorización de su autora, María Laura Chang, en Redsonadoras.com.

Datos con perspectiva brecha de género Julett Pineda

Acompañarnos en la incertidumbre

Ante el miedo y la incertidumbre generados tras las elecciones presidenciales de 2024, las venezolanas y los venezolanos se apoyan en sus redes más cercanas, en persona o vía mensajería, mientras los servicios de atención psicológica se adaptan para responder a la crisis

Cuando Ana* llegó a su casa la noche del 28 de julio de 2024, estaba tan agotada y consternada que solo quiso dormir. Había dedicado todo el día a cumplir con su labor como miembro de mesa en su centro de votación, en el estado Portuguesa, durante la elección presidencial de Venezuela. Al despertar al día siguiente y ver el conflicto que se generó tras el anuncio del primer boletín del Consejo Nacional Electoral (CNE), sintió mucho miedo por ella y por quienes también trabajaron ese domingo.

Ana vive sola: toda su familia está fuera del país. Por eso no pudo encontrar apoyo físico en sus seres más queridos. Tampoco quiso contarles muchos detalles para no angustiarlos ni exponerlos. Desde entonces, su refugio han sido sus amigos, con quienes conversa a diario a través de un grupo en una aplicación de mensajería.

“Aunque yo esté padeciendo de toda esta incertidumbre y miedo, y todo lo que conlleva ver cómo están persiguiendo personas en el estado donde vivo, y personas que estaban trabajando conmigo en estas elecciones, he buscado la forma de ser contención para otros. En situaciones como esta, en situaciones difíciles, busco ser de ayuda para los demás. Eso me ayuda muchísimo a drenar, a despejar la mente, a entender y a ver la situación desde otra perspectiva”, dice.

Cada día, los integrantes de su grupo se saludan y se preguntan cómo están ellos y sus familias. Después, cada uno va a su trabajo o a cumplir sus obligaciones. Cuando se desocupan en la tarde-noche, vuelven a hablar. Aunque saben que no todos quieren participar en las conversaciones, se aseguran de que los demás sepan que ellos están ahí para escucharse y apoyarse.

“Nos recomendamos alguna serie, alguna película, algún libro o hablamos de trivialidades del día. Buscamos no enfocarnos tanto en lo que está pasando. De por sí es bastante complejo vivirlo y sentirlo como para estar constantemente revolcándonos en el dolor”, añade. “Hay un grupito que sale a pasear en bicicleta, otros se refugian en la música o juegan videojuegos a una hora específica para tener un punto de encuentro”.

Sentir miedo o ansiedad es común en situaciones de crisis. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las situaciones de emergencia pueden causar alguna forma de malestar psíquico a la mayoría de las personas. Ese malestar puede manifestarse, además de ansiedad, como tristeza, desesperación, trastornos del sueño, cansancio, irritabilidad o ira y/o dolor. 

Venezuela no escapa a esa realidad

“Hemos perdido la tranquilidad. Estamos doliendo, estamos haciendo ese duelo de lo que teníamos y de las ilusiones, porque también se duelan las ilusiones, los sueños y la tranquilidad”, afirma Natalia*, una psicóloga coordinadora de una línea de primeros auxilios psicológicos, la cual forma parte de un servicio de atención gratuito y confidencial.

En el caso venezolano, muchas personas —como Ana— buscan la manera de apoyarse en sus círculos más cercanos: entre familiares, amigos, parejas y colegas. Mientras tanto, las organizaciones que brindan asistencia psicológica también se han adaptado para mantener, y en algunos casos ampliar, la atención en momentos de incertidumbre.

La línea de emergencia que Natalia coordina se activó durante las protestas de 2017, en los períodos más rudos de la pandemia de covid-19 (2020) y para atender a las víctimas y personal de primera línea de las inundaciones y deslaves en Las Tejerías (2022) y en Cumanacoa (2024). Ahora, en este período postelectoral, decidieron “mutar” la línea y mantenerla abierta para el manejo emocional de la crisis.

Desde el 28 de julio, tanto la línea que ella coordina como el Servicio de Atención Psicológica de la organización no gubernamental Cecodap —que atiende principalmente a niños, niñas y adolescentes— reportan que los principales motivos de consulta son la incertidumbre y el contexto del país a raíz de la elección.

“No hay prácticamente ninguna llamada que haga referencia a los resultados o lo que está pasando en concreto con lo electoral, sino a la incertidumbre. Ese es el motivo fundamental, en distintas dimensiones o en distintas magnitudes. Cómo manejo este tiempo en el que no sé qué va a pasar”, agrega Natalia.

Sensación de malestar, miedo, desesperanza, tensión en el hogar, alteraciones del estado de ánimo, síntomas depresivos o ansiosos, dificultades para dormir, hiperconexión, tristeza y pensamientos catastróficos son algunas de las consecuencias de la incertidumbre actual según los servicios de atención, y afectan tanto a niños, niñas y adolescentes como a personas adultas.

“Hemos identificado cómo la exposición a escenas de violencia, bien sea porque existen situaciones de represión cerca de su comunidad, porque han presenciado allanamientos o porque han estado expuestos a la conflictividad de este período, han producido un enorme malestar, miedo y ansiedad, entre otras reacciones. Para aquellas personas que tienen presente en su memoria los eventos de 2017 también existe una suerte de efecto postraumático”, explica Abel Saraiba, coordinador del Servicio de Atención Psicológica de Cecodap, que pudo mantener la asistencia pese a las dificultades operativas de los primeros días de tensión.

Su opinión como experto coincide con el testimonio de Rafael*, quien vive al oeste de Caracas, en una “zona caliente” donde ha visto enfrentamientos y el paso constante de personas armadas. Estas escenas han incrementado su ya existente ansiedad, por lo cual trata de buscar apoyo en su círculo íntimo y cultivar su paciencia.

“Acudo a las personas cercanas a mí. Yo me refugio en mi pareja y trato de calmar la mente un poquito con contenido banal, al ver videos en YouTube y leer otras cosas por Internet”, señala Rafael.

Entre la vulnerabilidad y la resiliencia

La población de Venezuela vive entre la vulnerabilidad, la adaptabilidad y la esperanza. Según la edición 2024 de Psicodata, un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) para evaluar las características psicosociales en el país, nueve de cada diez venezolanos presentan algún grado de vulnerabilidad.

Sin embargo, a pesar de estar expuestos al estrés por distintos motivos (económicos, de salud, personales, políticos y sociales), los venezolanos y venezolanas también son resilientes: 75% de la población tiene una capacidad moderada para adaptarse a entornos hostiles y adversos.

Para afrontar las situaciones difíciles o estresantes, algunos venezolanos se autoinculpan, otros recurren a la negación o al desahogo, mientras que muchos buscan el lado positivo de lo que ocurre y utilizan el recurso del humor: buscan el lado divertido.

El estudio, presentado apenas tres semanas y media antes de la elección presidencial, destaca que en Venezuela predomina un ambiente o clima social de miedo y ansiedad (54%) y de hostilidad (50%), pero también de esperanza (76%) y de solidaridad (60%).

Cuando existe algún problema, las personas en Venezuela sienten que han tenido apoyo de sus familias (87,8%), amigos (72,8%) y vecinos (58,4%). También refieren apoyo de organizaciones religiosas, compañeros de trabajo y otras organizaciones e instituciones educativas, sociales, culturales y deportivas.

En tiempos de crisis es común escuchar entre los especialistas en salud mental el término de redes de apoyo: en quiénes nos sostenemos en momentos difíciles. Un ejemplo es la Red de Periodistas Venezolanas (RDPV) —pensada para impulsar el periodismo feminista y para conectar a las participantes sobre ideas y oportunidades—, cuyo chat grupal en ocasiones se convierte en un espacio terapéutico para expresar emociones y sentimientos.

A una semana de la elección, una de las integrantes compartió una técnica que le había ayudado a sentirse mejor: escribir agradecimientos. En segundos, esta acción se extendió a las demás participantes y desencadenó una serie de mensajes de gratitud, una dinámica que conmovió, ayudó y enorgulleció a toda la Red.

“Cuando leo y escucho los miedos, preocupaciones, angustias y rabia de las demás, no solo pongo en perspectiva mis propias emociones, sino que también me siento parte de un grupo, de una comunidad. Aquí compartimos los dolores, pero también las alegrías. Aquí entendemos que lo que nos pasa no es personal, sino político”, manifiesta  Estefanía Reyes, cofundadora de la Red de Periodistas Venezolanas. “Las circunstancias nos han roto a todas, pero aquí nos lamemos las heridas y nos volvemos a armar para resistir un día más”.

Para María Laura Chang, impulsora de la Red y mujer migrante, formar parte del grupo y leer los mensajes de las demás le ha ayudado a sentirse acompañada, a validar sus preocupaciones y sensaciones, a evitar que sus nervios aumenten y a sentir satisfacción por la utilidad del espacio.

“He intentado traer a la Red los aprendizajes que me ha dado formar parte de otros espacios feministas y uno de esos aprendizajes tiene justamente que ver con el acompañamiento, con comprender lo que nos interpela y lograr un lugar seguro para que la que quiera se pueda expresar sin sentirse juzgada, ninguneada o menospreciada. En la red intentamos que la voz de cada una se haga sentir, y esas voces no están todo el tiempo en su ‘peak’ (al máximo). A veces llegamos a sitios densos, tristes, y para poder demostrar nuestra vulnerabilidad frente a otras se necesita también mucha valentía, mucho coraje y muchas ganas de convivir de una forma menos hostil”, asegura Chang.

El creciente temor a la persecución por lo expresado en público o en aplicaciones y redes sociales amenaza el alcance de las redes de apoyo. Algunas personas pusieron sus cuentas privadas, cambiaron de nombre o dejaron de escribir en sus redes personales. Ese miedo sigue empujando a muchos venezolanos y venezolanas al silencio, como el caso del chat administrado por Luis*, que agrupa a personas con una condición crónica de salud.

A través del chat escribían cada vez que había fallas con la entrega de medicamentos de parte del Estado, o cuando necesitaban ayuda para conseguir algún tratamiento. Desde que las autoridades del país llamaron a sus seguidores a desinstalar la aplicación WhatsApp, y tras las denuncias de revisión de celulares por parte de los cuerpos de seguridad en las calles, Luis afirma que existe “un miedo enorme” que ha llevado a muchos a autocensurarse y dejar de hablar ciertos temas.

A pesar de ello, él todavía envía mensajes de calma, de fe y de esperanza, así como algunas herramientas que les puedan servir para disminuir el estrés, siempre destacando la necesidad de resguardarse.

“Debemos tratar de drenar lo que haya que drenar y alimentar lo que tengamos que alimentar, en sentido mental y físico, porque nos pueden venir momentos duros para los que tenemos que estar preparados, manteniendo la fortaleza. Yo trato en lo posible de apoyar a las personas. Esa ayuda me nutre y me hace sentir útil para los demás”, comenta.

Para Natalia, la coordinadora de una de las líneas de atención psicológica, un factor importante a considerar es cómo apoyarnos cuando nuestras redes de apoyo más inmediatas también están impactadas por la situación. Algunas personas deciden que no quieren llamar a sus amigos “para no cargarlos más”, e incluso sienten que una interacción en una red social les incrementa su ansiedad.

Según la experta, la clave está en entender que se trata de un trabajo solidario y de discernimiento, que consiste en avisar cuándo estamos afectados, y no podemos hacer algo, o cuándo necesitamos que nos acompañen. En resumen: reconocer nuestra emoción, anunciarla y solicitar el apoyo.

“Usar proactivamente las redes de apoyo significa anunciar por qué los necesito hoy. Eso da pie a que mañana pueda ser al revés si un ser querido está en la misma situación. Con eso no quiero decir que la incertidumbre se siente un día sí y otro no, sino que no se siente igual todos los días y podemos acompañarnos en ese sentido, porque el objetivo de las redes de apoyo es acompañar”, indica la especialista.

El autocuidado y las redes de apoyo

En Caracas, José Peña también sintió tristeza el 29 de julio. Está casado, tiene un trabajo y un hijo de 4 años, por lo que intenta mantenerse en calma.

“Necesito autorregularme sí o sí”, se repite desde ese día. Se desahoga al hablar sobre la situación actual con su esposa, quien además se refugia en sus pasatiempos cuando termina su jornada laboral. Aunque se apoya en su familia, él siente que no siempre muestra su frustración, pues su hijo todavía es muy pequeño y considera que si él no está bien, su hijo tampoco estará bien.

El psicólogo Abel Saraiba —cuyo trabajo se enfoca principalmente en niños, niñas y adolescentes—, recomienda hacer énfasis en el autocuidado de los padres y madres que quieren ser de apoyo para sus familias. Según el psicólogo, convertirse en un apoyo implica primero identificar las emociones que están presentando los padres, qué estrategias tienen y qué medidas pueden implementar para el manejo del estrés, uno de los grandes disparadores de reacciones hostiles.

“Requiere que podamos mantener una comunicación abierta y fluida, incluso pudiendo reconocer con nuestros hijos cómo nos sentimos y cuál es nuestro propio estado emocional para poder comprender y conectar con el estado emocional de nuestros hijos. A veces los padres quieren dar la impresión de que siempre son fuertes y que tienen todo bajo control y no logran transmitir verbalmente que tienen miedo y están preocupados y terminan por actuar este tipo de sentimientos desde el lugar de la rabia”, expresa.

Para que las personas puedan fortalecer sus capacidades y gestión emocional, aconseja realizar acciones que produzcan bienestar o sensaciones agradables.

“Es posible que tendamos a pensar que no es tiempo para comer algo que nos guste, para ver una película o meditar, y resulta que estos elementos son de gran importancia. Si bien el autocuidado en sí mismo no va a resolver la conflictividad plena del país, sí nos permite mitigar los efectos perjudiciales que puede tener una situación de crisis”, añade.

Otros consejos para el autocuidado:

  • Crear una rutina. Esto permite que a pesar del caos externo, consigamos regular nuestra cotidianidad, que no perdamos por completo la sensación de control y que podamos tener garantizados los momentos y espacios para prácticas que son fundamentales como comer, dormir, recrearse y trabajar, entre otras. Es importante cumplir con el horario de sueño, comer en horas fijas y no descuidar la higiene personal.
  • Identificar qué cosas sí podemos controlar: controlar o regular el uso del teléfono, el tiempo que pasamos frente a la televisión o en internet, la cantidad de noticias que consumimos.
  • Informarnos pero con límites. No alejarnos del todo de las noticias, pero sí administrar cuánta información procesamos. Con esto podemos evitar que nuestra ansiedad y nuestra angustia crezcan.
  • Centrarnos en el ahora. Cuando nos planteamos cosas que están fuera de nuestras esferas personales, entramos en territorio incierto y podemos alimentar nuestra ansiedad. El recurso de preguntarnos sobre el ahora, qué sí puedo hacer y qué sí puedo controlar, puede dar una sensación de dominio. “Ubicarnos en el tiempo real y en lo que sí podemos decidir nos cuida y evita que la incertidumbre crezca y haga estragos”, dice Natalia*.
  • Ser amables, compasivos y pacientes con nosotros mismos.
  • Practicar un hobby, un ejercicio o escuchar música.
  • Realizar técnicas de relajación o meditación. También se puede cultivar la vida espiritual.

Más consejos para hablar con hijos e hijas:

  • Identificar el momento del desarrollo en el que se encuentra su hijo o hija. La información tiene que ir adecuada al contexto, la edad, la capacidad de comprender del niño, niña o adolescente. “Si tengo un hijo pequeño, por supuesto que va a requerir de una mayor cantidad de cuidado en términos de cosas que hacer más que decir, y a medida que va creciendo la parte del lenguaje tiene más fuerza. Cada etapa tiene requerimientos específicos”, explica Saraiba.
  • Es clave preguntarles a sus hijos qué piensan y qué saben de lo que está pasando. A partir de lo que piensan y saben, pueden completar la información que falte, rectificar aquellas que tengan distorsiones o validar si la percepción que tienen es acertada.
  • No proporcionar volúmenes de información mucho mayores a los que el niño está requiriendo, sobre todo en términos de no generar mayor cantidad de angustia o malestar.
  • Abordar el contexto entendiendo que las manifestaciones y la conflictividad social pueden venir asociadas a riesgos para la integridad personal.

Dice Saraiba: “Pudiéramos tratar de no decir nada y crear una ficción de que todo está perfecto y de pronto a las puertas de nuestra casa se forma alguna manifestación o represión, y no estar preparado para entender que estos son escenarios posibles puede conducir a un mayor impacto emocional o situaciones de riesgo. A los niños hay que darles información, contención y prepararlos para situaciones difíciles teniendo en cuenta estas variables”.

*Nombres cambiados a solicitud de los entrevistados por motivos de seguridad. 

Redacción: Mariana Souquett.

Ilustración: Betania Díaz.

Nota original publicada en Historias Que Laten publicada con permiso del medio en Redsonadoras.com.

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Eileen Truax: El periodismo responsable debe entender la migración y explicarla sin prejuicios

(Julio, 2024). En la compleja tarea de cubrir las diversas realidades que se dan en las zonas fronterizas, quienes ejercen el periodismo enfrentan desafíos únicos. Es un terreno donde convergen historias de migración, crisis humanitarias y encuentros culturales que exigen un enfoque ético y una profunda empatía. 

Estas reflexiones fueron parte de la ponencia que Eileen Truax, periodista mexicana especializada en temas migratorios, ofreció en la primera sesión de “Narrar Fronteras”, programa de formación y becas organizado por la Red de Periodistas Venezolanas (RDPV).

Enfatizar las similitudes y minimizar las diferencias

“Lo primero es entender quién es el otro, de dónde viene. Cuando descubrimos esas similitudes, (eso) es lo que nos permite construir juntos (las historias). Es responsabilidad del periodismo comprender lo que está ocurriendo, entender los fenómenos y luego explicarlos”, señaló en el encuentro virtual realizado el jueves 18 de julio. 

Añadió que quienes quieran contar lo que sucede en las áreas limítrofes de los países, requieren de una amplia comprensión de las dinámicas sociopolíticas y económicas particulares de estos entornos. También de alta sensibilidad hacia los derechos humanos y de una voluntad inclinada a combatir prejuicios, así como acabar con los estereotipos que los mismos medios han contribuido a formar en el imaginario de la gente.

“Las narrativas periodísticas deben evitar enfocarse únicamente en la problematización, la criminalización y la victimización de los migrantes. Debemos buscar enfoques más equilibrados y humanos para contar sus historias. Hay un discurso político que viene en este sentido y el medio de comunicación tiende a repetir en lugar de cuestionar o confrontar esta narrativa”, apuntó la también profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona, Cataluña.

Mencionó, como ejemplo, la importancia de desmontar la muy usada denominación de los “migrantes ilegales”. “No hay personas ilegales ni migrantes ilegales. Puedes migrar en una situación ilegal, pero el migrante no es ilegal, porque ninguna persona es ilegal”, precisó.

Las palabras importan al hablar de los migrantes

También expresó que la labor de cambiar los términos es parte de la tarea periodística y, por ello, somos nosotres quienes debemos ayudar a que las instituciones cambien los términos de sus discursos sobre temas migratorios. Es crucial para el periodista entender estas distinciones para contextualizar adecuadamente las historias que cubre.

Por esta razón, Truax recomienda emplear términos como “movilidad humana” para englobar las diversas razones por las cuales las personas se desplazan. Y recordar que los migrantes no son un problema, porque son los países de acogida los que tienen un problema de flujo fronterizo. 

Tampoco son una amenaza comparable con desastres naturales, como “oleada”, “avalancha” o “desbordamiento”, como cuando se refieren a movilizaciones masivas en fronteras. La migración es un derecho; las razones para hacerlo son y han sido siempre muy variadas. 

“Se migra para estudiar, porque ha habido un cambio climático, por razones médicas, por reunificación familiar. Y, por supuesto, se migra por amor”. Pero también se puede migrar por razones religiosas, de orientación sexual o por identidad de género, para huir de la violencia o para mejorar la situación económica.

Desafiar estereotipos para generar empatía

En este primer encuentro de “Narrar Fronteras”, moderado por la cofundadora de la RDPV, María Laura Chang, uno de los puntos más destacados por Truax fue la necesidad de desafiar los estereotipos negativos asociados con los migrantes. Por ejemplo, el estigma que busca vincularlos con el crimen organizado, y en su lugar, profundizar en las realidades complejas que enfrentan los migrantes en sus nuevos hogares.

Contar historias de éxito individual, como la destacada participación de migrantes o sus descendientes en eventos deportivos, en la escena cultural o comunitaria, ayuda a desafiar percepciones preconcebidas y fomentar una narrativa más inclusiva

Asimismo es clave resaltar los aspectos más humanos de las personas que migran, para conectar más directamente con la audiencia. Entre ellos, sus roles como madres, padres, hijes, abuelas y abuelos; las profesiones u oficios que dejaron atrás, las formas en que celebran en sus culturas, todo suma para generar empatía, indicó la experta.

Para ayudar a desaparecer la línea que se traza entre “ellos” (los migrantes) y “nosotros” (los nativos del país de acogida), les periodistas debemos insistir en las redacciones de los medios que difundir historias donde la solidaridad, la alegría, el respeto a la ley y el amor, protagonizada por las personas que migran, son “newswhorthy”. Es decir, vale la pena publicarlas para ampliar la dimensión de lo que las audiencias conocen sobre ellas.

Contar el ciclo completo de la migración hace la diferencia

Gabriel García Márquez siempre decía que el secreto de una buena historia es contar el cuento completo, no contar solamente un fragmento de las historias. A eso me refiero cuando digo que hay que contar el ciclo migratorio completo, no solamente el tránsito. Hay que contar por qué viene ese alguien, de dónde, cuáles son las motivaciones y las ilusiones que hacen que esa persona salga de su país”, refirió Truax. 

En este sentido, recordó que además de la salida y el tránsito, para una persona migrante existen tres finales posibles: es detenida y deportada; muere o llega a su destino. “Pero cuando la persona llega y también cuando la persona es deportada la historia no ha terminado”, señaló. 

Identificar las circunstancias en que se desarrolla su estadía en refugios, su proceso de estatus migratorio legal o su adaptación al nuevo lugar de residencia también vale la pena ser mostrado en una historia. “Para mí el mejor periodismo de migraciones es el que se hace a fuego lento”, afirmó y recomendó a los 40 asistentes a la sesión tomarse hasta seis meses o un año para hacer seguimiento a las historias que deban reportar con premura en un inicio.

Truax enfatizó que uno de los aspectos más invisibilizados en estas coberturas es la incidencia de las mujeres en la migración. “Muy rara vez pensamos en una mujer cuando se piensa en una persona migrante, aunque a nivel mundial, las mujeres representan el 48% de las personas que han migrado”, precisó.

Luego de culminar la ponencia de la experta invitada, María Laura Chang continuó con una sesión informativa sobre las postulaciones a las becas que forman parte de “Narrar Fronteras”, para aclarar las dudas de les participantes.

Puedes ver la sesión completa en nuestro canal de Youtube.