Cuando Sheyla Urdaneta empezó a indagar sobre la historia de Kenni Finol, una joven zuliana asesinada en 2018 en México, su carrera dio un giro inesperado. Sus primeros hallazgos del caso como periodista del medio venezolano El Pitazo ampliaron su mirada y se convirtieron en el punto de partida de una galardonada investigación, que sirvió de inspiración para una serie documental sobre la trata de mujeres con fines de explotación sexual, en la cual tuvo un papel crucial: “El Portal: la historia oculta de Zona Divas”, estrenada en Netflix en septiembre de 2024.
“Mujeres en la vitrina: migración en manos de la trata”, el trabajo en el que participó desde El Pitazo en alianza con otros dos medios venezolanos (Tal Cual y Runrunes) y tres medios mexicanos (Pie de Página, Fusión y Enjambre Digital), recibió el Premio Gabo en la categoría Innovación en 2019. Pero más allá del reconocimiento internacional, la principal recompensa para Urdaneta fue la posibilidad de “desaprender para aprender” a mirar de una manera más crítica las historias, especialmente cuando las víctimas son mujeres.
“Ese trabajo fue para mí un antes y un después como periodista. En ese momento yo comencé a interesarme, a preocuparme, a querer hacer periodismo con perspectiva de género. Por primera vez tuve una editora de género a la que le agradezco que haya sido un parteaguas en mi vida como periodista. Ella es Lydiette Carrión, escritora del libro ‘La Fosa de Agua’, una periodista mexicana que admiro muchísimo”, cuenta Urdaneta en entrevista con Redsonadoras.
Dos años después de aquella investigación —que mostró a través de un portal espejo, una canción y una obra de teatro los vínculos entre la migración y la trata de personas con fines de explotación sexual en torno a la web Zona Divas—, Urdaneta se unió a un equipo liderado por mujeres por interés de la productora Mezcla, cuya directora, Laura Woldenberg, tenía la idea de continuar el trabajo iniciado en “Mujeres en la vitrina” desde el premio de 2019.
“Ella vio ahí, como dicen en periodismo de investigación, ‘la cola de la rata’ para jalar y seguir investigando. Entonces, en noviembre de 2021 me contacta un periodista que había trabajado también en ‘Mujeres en la vitrina’ y me pregunta si me quiero unir a este equipo. Obviamente, acepté. Yo trabajé en la investigación de todo lo que tiene que ver con Venezuela, junto a un equipo de investigación liderado por quien yo considero una de las mejores periodistas de investigación que tiene México: Karla Casillas”, añade la periodista egresada de la Universidad del Zulia.
Tres años de trabajo minucioso con equipos en México, Venezuela y Argentina les permitieron producir la serie documental “El Portal: la historia oculta de Zona Divas”. Sus cuatro capítulos profundizan en las historias detrás de los asesinatos de Kenni Finol, Génesis Gibson, Andreína Escalona y Wendy de Lima, todas venezolanas, y de Karen Grodzinski, de nacionalidad argentina, quienes llegaron a aparecer en Zona Divas, una página que anunciaba trabajadoras sexuales.
Continuar la recopilación de información, mantener contacto con las familias, ganarse la confianza de las madres y hermanas de las víctimas fueron las principales tareas de Urdaneta en el proyecto. “Quisimos contar esta historia desde quienes sufrieron y desde quienes las amaron: voltear la mirada de esta historia, que había sonado mucho y que había tenido como foco el trabajo sexual, la trata y también los feminicidios, hacia estas víctimas y hacia quienes las amaron, conocerlas a ellas desde todo lo que sufrieron. Que pudiera ser contada desde quienes sobreviven a las mujeres que fueron víctimas de feminicidio y sobre quiénes fueron ellas fue lo más valioso”, expresa.
Para ella, explicar a las familias la intención del equipo de humanizar y abordar cada historia desde el respeto, desde sus vulnerabilidades, desde las causas de su migración y desde los hilos que las conectan —sin caer en el sensacionalismo o en la revictimización—, fue fundamental para poder realizar la serie.
“Hay una historia de vulnerabilidad detrás que te la dan los países, en este caso Venezuela, y en el caso de Argentina con la otra chica relacionada al caso Zona Divas, pero principalmente Venezuela porque ellas terminaron saliendo de su país justo en los años de la crisis económica”, agrega. “La crisis por la que estaban pasando las conecta. Ayudar a sus familias las conecta. Vivir esta situación terrible de trata las conecta. Zona Divas las conecta. Y también sus asesinatos, sus feminicidios”.
Entre riesgos y agradecimientos
Tras 21 años de trabajo en el medio La Verdad en Maracaibo, la ciudad que la vio nacer en 1974, Sheyla Urdaneta Mercado ha sido corresponsal en el Zulia, coordinadora de corresponsales y jefa de investigación en El Pitazo, medio al que se unió en 2015 y donde actualmente se desempeña como jefa de información y consultora de género. Además colabora con The New York Times y ha publicado en medios como The Guardian y agencias como AP.
Las violaciones a los derechos humanos, los casos de trata y las historias de mujeres que ayudan, atienden, acompañan y defienden a otras mujeres son los principales temas que le apasionan y que quiere visibilizar.
“Los temas de género son los que siempre quiero contar”, dice. “Y yo creo que es importante aplicar la perspectiva de género en todos los trabajos. Desde El Pitazo apuesto siempre a que sea un trabajo transversal, que atraviese todas las fuentes. En el caso Zona Divas es necesario sobre todo porque se revictimiza mucho a la mujer que es trabajadora sexual y no se termina contando qué cosas hay detrás”. Pero abordar aquellos temas que la inspiran también la ha expuesto a riesgos y le ha dejado huellas a nivel personal y profesional.
Una cobertura en la Sierra de Perijá, en la frontera entre Venezuela y Colombia, la llevó a estar detenida durante unas diez horas en marzo de 2020. Otros trabajos le trajeron amenazas y la llevaron a resguardarse por períodos. Tras acceder a los expedientes durante la producción de la serie, su equipo descubrió —con indignación y con miedo— que el jefe del portal Zona Divas seguía en libertad.
“Te queda un dolor en el cuerpo, y no lo identificas en el fragor de la investigación sino luego cuando escuchas a sus familiares, cuando vuelves sobre eso que investigaste y eso que te contaron. Además la convocatoria de esta investigación llegó para mí en un momento dolorosísimo porque comenzó en noviembre de 2021 y justo en junio de ese año murió mi mamá por covid-19. Pero a mí el periodismo me ha salvado siempre”, destaca.
Las experiencias que acumula la han llevado a tomar con menor ligereza cualquier indicio de amenaza y a seguir con seriedad los protocolos de seguridad individual y grupal.
A ella y al equipo de la serie documental también les interesaba la seguridad del público: uno de sus objetivos con el trabajo era lograr que las historias ayudaran a prevenir la trata al brindar señales de alerta, además de relatar cómo algunas mujeres lograron sobrevivir.
Todas las historias que ha podido contar han convertido a Sheyla Urdaneta en una mejor persona y en una mejor profesional, asegura. Siente orgullo de su profesión, de las colegas de su país y de pertenecer a la Red de Periodistas Venezolanas, una iniciativa que considera como “un abrazo seguro” y un soporte que significa acompañamiento, apoyo y desahogo.
“También ha habido un antes y un después desde que el periodismo y las periodistas venezolanas empezamos a ver las historias y los temas con otra perspectiva”, señala. “A las periodistas venezolanas les quiero decir que les agradezco el trabajo que están haciendo”.
El racismo se originó en la época de la colonización y sigue vigente, aunque algunos traten de negarlo. En el país, está presente en la representación cultural y las desigualdades sociales.
“Tú sí eres una negra bonita”.
“Tienes que mejorar la raza”.
“Péinate”.
“Mis nietos serán monitos como tú”.
Estas frases, que algunos asumen como inofensivas, esconden una realidad de la que poco se habla: del racismo en Venezuela. Es estructural, visible y cotidiano, sobre todo para quien lo padece, y está normalizado para quien lo ejerce o ignora la profundidad del problema.
En el país, además, hay un discurso que disfraza el racismo con el clasismo, o lo justifica como “un chiste”.
El racismo es un fenómeno sociopolítico, sociohistórico, producto de una cantidad de experiencias, imágenes, representaciones de ideas alojadas en la conciencia colectiva y que se transforman en acciones concretas, explica Dalai Urbina, profesor de la Universidad Central de Venezuela y del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños.
“Es un fenómeno que nace y se reproduce en la mente, y se transforma en acciones concretas. Tiene una parte tangible y una parte intangible”, dice y agrega que “se trata de una serie de barreras que impiden o generan obstáculos añadidos a las poblaciones racializadas”.
La discriminación racial en Venezuela, advierte la historiadora feminista Niyireé Baptista, tiene sus orígenes en el proceso de colonización y conquista. “Es allí, con la llegada de los españoles a lo que hoy es América, donde comienza el comercio de personas provenientes de lo que actualmente es el continente de África”.
La experta describe que la sociedad española se cimentó como un sistema de castas, en el que el esclavo ocupaba el lugar más bajo de la pirámide. “Sobre esta relación de jerarquía se tejieron una serie de prejuicios como, por ejemplo, que las personas negras no tenían alma, que eran brutas, que se merecían el trabajo de esclavos; algo parecido a lo que pasó con las personas indígenas”.
Esa discriminación racial se impregnó en toda la sociedad, razón por la cual el racismo persiste en el país. “Es un racismo velado, pero sigue existiendo en nuestras formas de expresarnos; la mentalidad colonialista se extendió incluso después de la independencia. Por ejemplo, en Venezuela cuando pensamos en esclavos inmediatamente nos vamos al color de piel”, afirma.
Agrega que el clasismo —entendido como apoyar las diferencias de clase y la discriminación por ese motivo— tiene un origen étnico. Plantea que una vez que se abolió la esclavitud, las personas negras, así como los indígenas, pasaron a vivir en condiciones de desigualdad e históricamente les ha sido más difícil el acceso a la educación, el empleo, la vivienda, entre otros.
Baptista refiere algunas frases cotidianas que tienen intrínseca esa mentalidad. “La gente dice: ‘es que me negrearon’, o sea, que los trataron como negros de manera despectiva, o ‘somos café con leche’ y ‘hay que mejorar la raza’, porque en la Colonia era muy importante la pureza de la sangre asociada a la nobleza, la honorabilidad”, y la aspiración era que una persona negra se juntara con una persona de un color de piel más claro, para “blanquear” su descendencia.
Sobre el tema, la activista Luzgermary Moreno cuenta cómo el padre de una expareja solía «bromear» con que los hijos de ambos sería «monitos» como ella.
Las fuentes consultadas coinciden que esta realidad de discriminación incide directamente en la dificultad de algunas personas de autopercibirse como afrodescendientes, sus raíces y costumbres ancestrales, y que, incluso, se presente el endorracismo o rechazo racial dentro de un mismo grupo étnico.
En Venezuela, de acuerdo con los resultados del último censo poblacional publicado en 2011 por el Instituto Nacional de Estadística, en la pregunta sobre el autorreconocimiento étnico el 2,9 % dijo ser negra/negro, 0,7 % respondió que se identificaba como afrodescendiente y 51,9 % como morena/moreno.
Representación cultural
El racismo en Venezuela está en todo, insiste la politóloga venezolana Johanna Monagreda, radicada en Brasil, quien pone de ejemplo el contenido que muestra la televisión local.
“Cuando tú ves las novelas, la protagonista, la gran mayoría de las veces, quien es digna de tener una historia contada, es una mujer blanca, un hombre blanco, una familia blanca. Cuando hay personajes negros o indígenas, casi siempre son incluidos a partir de una imagen estereotipada o a partir de la subalternidad o para reproducir imágenes de opresión y de desigualdad, casi siempre tienen trabajos menos valorizados o están en situación de marginalidad, son los malandros o los malos de la historia”, dice.
“La negritud venezolana no es bonita”, dijo, en 1997, Osmel Sousa, entonces presidente de la organización Miss Venezuela y conocido como “el zar de la belleza” en el país. La frase la completó con risas y diciendo que sentía envidia cuando viajaba a Colombia y veía “negras bellas”.
En Venezuela, la cultura de los concursos de belleza está insertada desde hace décadas. El Miss Venezuela comenzó en 1952, pero fue hasta 1998, un año después de las declaraciones de Sousa, cuando fue coronada por primera vez una mujer negra, la modelo Carolina Indriago. En más de 50 años de historia del concurso, sólo cinco mujeres negras han sido las ganadoras del certamen.
El racismo y su afectación diferenciada
La interseccionalidad —un concepto que la abogada afroestadounidense Kimberlé Crenshaw acuñó en 1989— es el estudio de las identidades sociales que se intersectan y sus respectivos sistemas de opresión, dominación o discriminación.
Tomando en cuenta este enfoque, la antropóloga y socióloga Gladys Obelmejías afirma que “las mujeres afro son los sujetos más discriminados en el patriarcado, por su género y por su etnia”.
La experta advierte que el origen de esta discriminación, de nuevo, está en la época colonial, en el que a las mujeres negras “se les otorgó el rol de reproductoras de la esclavitud”, sin contar que era quienes debían ocuparse de los hijos de sus amos por encima del cuidado de sus propios hijos.
Obelmejías agrega que “la hipersexualización de la mujer afro es un elemento de explotación en la actualidad”. Advierte, además, que la colonialidad de la mente se ha nutrido del patriarcado en muchos sentidos, asignándole a las mujeres afro, negras y morenas contenidos de “objetivación utilitarista”.
“Hay mucha sexualización del cuerpo negro. Me pasó fuera del país que era algo exótico mi color de piel y eso estaba relacionado siempre a lo sexual. Entendí que también es una forma de racismo, en la cual los cuerpos negros son cuerpos salvajes, utilizados para el placer”, señala la politóloga y activista Suhey Ochoa.
¿Qué hacer ante el racismo?
Dalai Urbina considera acertadas algunas de las medidas tomadas por el Estado venezolano ante el racismo, como la creación de instituciones que aborden a las poblaciones racializadas o la modernización de las leyes que amparan a las personas víctimas de este fenómeno.
Sin embargo, advierte que aún hay mucho trabajo por delante, como hacer valer los mecanismos institucionales de denuncia, la realización de campañas de concienciación y la transformación del currículo escolar para incorporar estos temas desde edad temprana, entre otros.
Agrega que el Estado también debe impulsar y reconocer que a nivel nacional e internacional tiene una posibilidad de mejorar, generando indicadores, ya que a través de la medición se pueden abordar estos temas de forma más precisa y eso permitiría el intercambio de buenas prácticas con otros países.
Johanna Monagreda coincide en que la escuela debe ser un foco importante para el Estado en cuanto a futuras políticas públicas que combatan el racismo, pues este es un espacio de aprendizaje, no solo académico, en el que los seres humanos hacen vida desde temprana edad.
“La escuela es responsable de la reproducción del pensamiento y acto racista. En la forma en que la educación está siendo pensada, colocan a Europa, la blanquitud, como el centro del saber y el centro del conocimiento y nos ocultan, o no dicen abiertamente, todo el saber que viene desde el continente africano. Entonces uno crece imaginando a África como un continente vacío, un continente sin nada de sensibilización, sin saber. Sólo se nos dice: los negros eran más fuertes y por eso vinieron a trabajar aquí en la tierra”.
Para Monagreda también es importante repensar las sociedades y los gobiernos, con el fin de lograr mejores resultados.
“Es la forma en que nuestra sociedad, como un todo, está organizada y la única forma de combatir el racismo que se presenta en ese nivel, es a través de políticas públicas del Estado. Pero, en general, los gobiernos no tienen una postura firme contra el racismo, porque consideran que tienen un bajo entendimiento de lo que es el racismo, tienden a pensar solamente en burlas racistas o en actitudes puntuales racistas y no piensan en la necesidad de replantearnos y de representarnos como país”.
En 2024, muchas mujeres afro venezolanas todavía enfrentan situaciones racistas, aquí te compartimos algunos de sus historias:
Este texto fue publicado originalmente en Crónica Uno, como parte de las becas Redsonadoras, un programa desarrollado por la Red de Periodistas Venezolanas. Conoce otra de las historias becadas aquí.
En las cumbres de los Andes venezolanos, donde el viento azota con fuerza y la naturaleza se despliega indómita, las mujeres han decidido proteger los páramos. Estos frágiles ecosistemas, que parecen mediar entre el cielo y la tierra, con humedales que absorben el agua de las lluvias, alimentando ríos y lagunas, regulando el clima. Y a su vez, con suelos fértiles y llenos de vida, que alimentan a gran parte del país.
Con una conexión ancestral con la tierra y una visión a largo plazo, agricultoras de Mérida han emergido como líderes comunitarias, capaces de movilizar a otros y generar cambios positivos, frente al cambio climático y la actividad humana que amenazan hoy su existencia.
Dos son las organizaciones sociales ejemplifican este liderazgo femenino que enfrentan el reto de asegurar el agua para las generaciones futuras: el Comité de Riego y Fundación Senderos.
El Comité de Riego, bajo la guía de figuras como Ligia Parra y Raquel Romero, ha sido fundamental en la protección de las microcuencas que abastecen de agua a las comunidades locales, así como en la siembra de agua, una técnica ancestral que revive ecosistemas.
Mientras, por su parte, Fundación Senderos ha innovado en la restauración de suelos degradados a través de la siembra sustentable y el uso del biocarbón, mejorando la capacidad de retención de agua en los suelos.
La participación de las mujeres en el ambiente, y especialmente en la conservación de los páramos, no es casualidad. Históricamente han tenido una relación más estrecha con la naturaleza, debido a sus roles tradicionales en la recolección de agua, alimentos y medicina.
Sin embargo, en el pasado, las mujeres campesinas a menudo veían limitado su liderazgo debido a las responsabilidades domésticas que recaen usualmente sobre ellas, sumado a las estructuras patriarcales que las relegaba a roles secundarios.
No obstante, con el paso del tiempo, el cambio climático, la creciente conciencia sobre la importancia de la sostenibilidad ambiental y la lucha por la igualdad de género han impulsado un cambio significativo. Iniciativas como estas las han empoderado, permitiéndoles desarrollar sus habilidades y tomar un papel más activo en la toma de decisiones comunitarias.
Salvar las microcuencas con un comité de riego
Eran los noventa cuándo Ligia Parra se enfrentó a uno de los desafíos más grandes que marcó su camino como líder en los páramos de Mérida. Siendo comisaria de Ambiente, tenía la misión de salvar la microcuenca que proveía de agua a la comunidad de Misintá, un santuario natural amenazado por la sequía.
Ligia apenas regresaba a Los Andes luego de cerrar un divorcio y dejar su vida en Maracaibo. Pronto había asumido el rol de “comisaria de ambiente” del Comité de Riego, (una asociación comunitaria sin fines de lucro que desde ese período se encarga de resguardar el agua), frente a la Asociación de Coordinadores de Ambiente por los Agricultores de Rangel.
Ligia Parra lideresa del Comité de Riego y sembradora de agua frente a diplomas y reconocimientos que ha obtenido por su trabajo en conservación.
Con la determinación de una exploradora, la comisaria de entonces, decidió supervisar la “agüita de la naciente virgen” a más de 4 mil metros de altura. Así, se adentró al corazón del páramo acompañada por 50 hombres en su primera expedición, luego 80, 100 y hasta 200.
Ligia caminó pendientes, enfrentó inclemencias del clima y prejuicios por su género para lograr el objetivo: Establecer un primer cerco que protegió al humedal del sobrepastoreo.
Un par de semanas después, la comunidad tenía agua de nuevo. “Y ahí empezaron a cambiar las cosas, la gente entendió la importancia de conservar y empezamos a rescatar con amor y humildad, los humedales del municipio Rangel” señala.
En las montañas, la presencia de juncos indica la existencia de un humedal. Allí, dónde pisar se traduce a barro, hay un ecosistema vital para el equilibrio hídrico, con suelos de saturada agua y rica vegetación. Los humedales hacen de estos lugares auténticos reservorios naturales de vida y a su vez, sumideros de carbono.
Según investigaciones mundiales apenas abarcan el 3% de la superficie terrestre del planeta, pero contienen hasta el 30% de todo el carbono retenido en sus suelos, el doble que los bosques del mundo.
Durante los últimos diez años, Mérida (estado que este 2024 decretó públicamente la pérdida del Glaciar Humboldt) también ha tenido que enfrentar el impacto del cambio climático y las consecuencias de factores antropogénicos: La creciente presión demográfica, la ocupación desordenada del territorio y actividades ilegales, que han deteriorado significativamente la calidad del agua en diversas zonas, en su mayoría rurales, amenazando la sostenibilidad y el seguro hídrico una región, que además provee recursos alimentarios para la mayoría del país.
Como agricultores, tenemos una claridad en la situación ambiental que vivimos, la contaminación y por eso hacemos este trabajo porque necesitamos cuidar nuestras aguas que son fuente de vida y producción” comenta el ingeniero y secretario del comité de riego, Rafael Albarrán.
Comunidad de Misintá en el estado Mérida.
Un lenguaje secreto para proteger los humedales
A 3500 metros de altura, la radiación solar incide con intensidad sobre Misintá, lo que hace que su vegetación sea más seca que la de otras sierras del páramo. Es por ello que el trabajo para proteger los humedales debe estar dirigido y es doble.
Para protegerlos, establecen jornadas para impulsar la rehabilitación de microcuenca, mejorar las condiciones del ecosistema, reintroducir especies vegetales que le pertenecen al páramo como los árboles aliso y bambús.
“El que tengamos un espacio para la acción en campo, también es un logro. El que seamos respetadas, lo es”, comenta Raquel Romero, bióloga y ecóloga, egresada de la Universidad de los Andes, actual comisaría ambiental. “Tengo 4 años trabajando con el comité, sin embargo, cuándo voy a la asamblea sé que es aún un espacio muy masculino. Quizá eso desvincula un poco el potencial que algunas mujeres de la comunidad podrían desarrollar en este espacio de recuperación de la naturaleza” concluye.
En el campo, generalmente las mujeres están dedicadas a labores domésticas y el cuidado de la familia. Sin embargo, la participación en otros espacios ha aumentado, particularmente en roles fundamentales como el trabajo comunal y gestión de servicios: Distribución del gas, alimentación, educación y demás. Tomados por la actividad y liderazgo femenino.
“En el ambiente, la mujer tiene un rol fundamental porque hacemos uso del agua a nivel doméstico y lo podemos hacer bien o lo podemos hacer mal. Y también llevamos, transmitimos el mensaje a nuestros hijos. Como madre y esposa soy feliz, pero como mujer, creo debemos entender la importancia de lo que podemos lograr y salir al campo”, continúa afirmando la bióloga.
Raquel Romero, comisaria actual del Comité de Riego sobre las adyacencias de un humedal recuperado en Misintá, estado Mérida.
Los humedales actúan como filtros naturales, capturando los contaminantes de la escorrentía agrícola y evitando así que se contaminen lagos y ríos. Las plantas de ellos, retienen los nutrientes y las sustancias químicas, siendo algún tipo de purificador de agua.
El objetivo de estos resguardos es recuperar paulatinamente el bosque ribereño, aquel que está a orillas de la quebrada. En el 2023 lograron la siembra de al menos 240 árboles, no todos efectivos.
A pesar de ser una comunidad que continúa bajo una cultura machista donde existe aún limitación de roles, desvalorización del conocimiento femenino, estereotipos y prejuicios relacionados a la capacidad de autoridad, la participación en este proyecto de las mujeres ha estado muy presente. Bajo un trato respetuoso de colegas en campo, los agricultores siguen lineamientos de líderes como Ligia Parra y Raquel Romero.
Frente a aquellos espacios dónde la sequía ha permeado, la siembra de agua es otro de los recursos que la comunidad ha buscado. Esta actividad en su mayoría elaborada con grupos de niñas y niños, ha sido otra de las banderas que Ligia Parra lidera.
Con sal marina, coco verde, miel, flores, oraciones y palabras, por 25 años en la Cordillera Andina, la líder ha recuperado 765 humedales en la región, un número confirmado por sus compañeros de trabajo.
“El ritual de la siembra de agua es una práctica ancestral que llevamos a cabo en momentos específicos, como la luna llena. Idealmente, lo realizamos en el tercer, quinto o séptimo día de la fase lunar creciente. Para este ritual, utilizamos cocos que llenamos con sal marina y colocamos en forma de triángulo. Mientras depositamos los cocos, pronunciamos palabras sagradas que han sido transmitidas de generación en generación. Estas palabras son consideradas secretas y solo son compartidas dentro de nuestro círculo más íntimo, ya que creemos que su poder radica en su exclusividad”, comenta.
Un equipo del Comité de Riego en plena actividad de protección y resguardo de humedales en Misintá, estado Mérida.
Aunque al inicio, la comunidad era adversa a esta práctica que consideraban “hippie” hoy lo ven como un conocimiento originario que debe ser transmitido a las personas más jóvenes de la comunidad, algunos de los cuales ya han empezado a practicarlo en sus propios terrenos obteniendo resultados.
“Es lamentable que lo sagrado sea objeto de burlas. Me han llamado ‘bruja’ en la ciudad por realizar este ritual ancestral, pero mi intención es solo conectar con la naturaleza y promover el bien, si es por eso, entonces lo soy. La siembra de agua es un acto de respeto hacia la Madre Tierra. Cargamos de energía positiva y pedimos por la abundancia y el bienestar”, concluye Ligia.
Gestión del agua que garantiza el futuro
Sin embargo, a pesar de los avances que ha presentado la implementación de este comité, la comunidad es consciente de que la crisis hídrica podría acrecentarse en los próximos años, y es por ello que han establecido algunas respuestas prontas a este posible futuro.
De acuerdo con Vladimir Balsa, el director del comité de riego, el mismo está integrado por 142 propietarios y propietarias de tierras, quiénes deben gestionar el suministro de agua en la comunidad respondiendo a los lineamientos del comité de riego.
El sistema además se divide en cinco sectores, cada uno con sus características particulares de acuerdo a la naciente de la que se suministra.
Vladimir Balsa, director del Comité de Riego de Misintá, estado Mérida.
“La distribución del agua se realiza de manera equitativa entre los socios, siguiendo un horario establecido para garantizar el suministro a todos. La comunidad cuenta con diversas fuentes de agua, como la laguna de humo, que se utiliza en épocas de sequía, y también creamos tanques de almacenamiento que garantizan la disponibilidad del recurso”, señala.
El sistema de riego se organiza entonces también en turnos. Hay fincas con horarios fijos, que riegan los sábados, los miércoles y los domingos completos o hasta el mediodía. Otros sectores, siguen un esquema rotativo, recibiendo agua cada 4 días. Y aquel sector que cuenta con menos litros en sus tanques, su turno de riego se asigna cada 7 días y por un tiempo limitado.
Esta situación obliga a los agricultores de este sector a realizar una planificación más cuidadosa para optimizar el uso del agua y evitar escasez en el futuro.
“Decidimos migrar de unas pistolas que tenían un gran gasto de agua a un sistema de bajo consumo de agua, como micro aspersores y ellos nos garantizan que podamos hacer productivo en nuestros terrenos sin gastar tanto el agua”, menciona el ingeniero, Rafael Albarrán.
De acuerdo a un informe de 2024 de la Fundación Agua sin Fronteras, la crisis hídrica de Venezuela, exacerbada por un modelo de desarrollo insostenible, está generando un impacto devastador en la salud pública y la seguridad alimentaria del país.
A pesar de la escasez de agua potable y los bajos rendimientos agrícolas, una porción significativa de las aguas subterráneas se destina al riego, evidenciando una gestión ineficiente.
Agricultores encierran un humedal para protegerlo del pastoreo en Misintá, estado Mérida.
Biocarbón para el páramo: Fundación Senderos
“¿Cómo podemos guardar el agua en nuestros suelos?”, es la pregunta que la doctora Cherry Rojas hace a los niños de las escuelas en los pueblos de algunos páramos de Mérida. Como profesora de Botánica de la Universidad de Los Andes, forma parte de Fundación Senderos y del Jardín Botánico de Mérida. Junto a Daniel Velásquez, ingeniero electricista de Caracas y cofundador del proyecto, encontraron la respuesta en el biocarbón.
Fundación Senderos nace en el 2015. En sus inicios se definió como una fundación interesada en el movimiento de construcción natural a través de tierra en Mérida. Pero con el tiempo, emprendió una misión: recuperar el conocimiento de los pueblos originarios y combinarlo con las últimas tecnologías para crear sistemas agrícolas resilientes y sostenibles, además de garantizar fuentes de energía renovables. Una práctica que permite no solo alimentar a las comunidades, sino también regenerar los ecosistemas y mitigar los efectos del cambio climático.
Daniel Velásquez, cofundador del proyecto, al lado de un horno que permite la producción de biocarbón.
La doctora Rojas explica que cuándo un carbón es visto a través de un microscopio, su estructura porosa lo convierte en una esponja que captura y retiene el agua. Esta agua, protegida de la evaporación, permanece disponible para las plantas durante períodos más prolongados. Además, sus poros albergan bacterias beneficiosas, como las fijadoras de nitrógeno, que enriquecen el suelo con nutrientes esenciales para el crecimiento vegetal.
Al incorporar biocarbón inoculado con bacterias a los suelos agrícolas, este equipo se dio cuenta de que podían mejorar su fertilidad y capacidad para retener agua.
“Nos dimos cuenta de que podíamos reducir la necesidad de fertilizantes sintéticos y optimizar el uso del agua de riego. Además, al prevenir la lixiviación de nutrientes, garantiza una mayor eficiencia en su utilización”, señala.
Biocarbón utilizado para inocular suelos agrícolas producido por la Fundación Senderos en Mérida.
Otro de los problemas que enfrenta el estado es la deforestación de sus bosques prístinos por el uso de estos materiales en energía o cultivos, esto, sumado al incremento de temperaturas, ha generado la necesidad de buscar soluciones para así garantizar el futuro alimentario y la respuesta parece estar en la educación y la investigación.
La Fundación Senderos desarrolla una solución innovadora basada en la producción y uso del biochar. “Todo comenzó con la construcción de estufas de biomasa que, además de proporcionar energía para cocinar, generaban biochar, un carbón vegetal con propiedades excepcionales para mejorar el suelo. Al darnos cuenta del potencial, decidimos enfocarnos en su aplicación en la agricultura, los mejores resultados los hemos obtenido del café”, comenta Daniel Velásquez.
Mujeres, tierra y futuro
Esta iniciativa además decidió crear la Casa Lumbre, una casa comunitaria construida con tierra y técnica plisada, que no está conectada al sistema de alcantarillado tradicional. En su lugar, utiliza un biodigestor que trata el 90% de los patógenos presentes en las aguas residuales.
Posteriormente, esta agua es filtrada a través de un lecho de biocarbón y otros materiales naturales, eliminando cualquier contaminante antes de ser reutilizada para riego. Esta solución protege los ríos y también actualmente sirve como modelo para la comunidad, promoviendo prácticas sostenibles del agua en sus suelos.
En un contexto de crisis climática, el norte de Fundación Senderos se centra en la solución para la vivienda, agua, producción de alimentos y gestión de residuos, por lo que las comunidades se vuelven más resilientes y autosuficientes.
Sin embargo, también estableció una alianza estratégica con la Escuela Campesina Agroecológica La Mucuy, que ya trabajaba en la promoción de sistemas agroforestales y la siembra de café. Juntos, iniciaron un proceso de capacitación y asistencia técnica desde el 2022, en su mayoría liderado por mujeres campesinas.
Mayela Muñoz, habitante de La Isla, parte del proyecto de Fundación Senderos, agricultora y lideresa comunitaria.
Mayela Muñoz es una de esas mujeres. Ella reside en la comunidad La Isla del sector la Mucuy del municipio Santos Marquina. Allí logró perfeccionar sus técnicas agroecológicas. “Yo tengo algunas plantas de café que me fueron donadas y todavía no han dado su primera cosecha porque no le corresponde por el tiempo, pero entonces eso me sirvió de motivación, de inspiración para hacer algo más grande. Entonces, siempre trato que las mujeres, incluso de mi familia, no dependan de nadie, que sean productivas con su comida y vida”, explica.
Antes de que Mayela conociera la iniciativa de la casa Lumbre de Fundación Senderos, ella hacía abono agroecológico con el carbón y los desechos de comida que sobraban en su casa, una mezcla de varios restos orgánicos, como conchas de plátano, naranja, sobrante de las frutas y verduras, llamado comúnmente en la zona como “bocashi”.
La fundación logró trabajar con aproximadamente 12 familias. Seis mujeres fueron líderes de esos hogares que se beneficiaron del proyecto que se llevó a terreno en el 2023 y sembraron 10 mil plantas, aproximadamente, en el sector de la Mucuy y más 8 mil en inmediaciones externas al sector.
Inmediatamente después, un grupo ya más reducido de cuatro mujeres decidió darle continuidad a eso y en este 2024 iniciaron un segundo vivero, en el que se busca incentivar de nuevo el cultivo del café de especialidad comerciable “Mucu y Café”.
Grano de café, parte del cultivo de las líderes comunitarias en cuyos suelos se ha implementado el uso del abono agroecológico del carbón apoyado por Fundación Senderos en el estado Mérida.
La presidenta de la Fundación Jardín Botánico, Zuleima Molina, es una de estas últimas cuatro, una científica que lleva sus conocimientos y técnicas de investigación para aplicarlas en su hogar, una granja sostenible y de agricultura orgánica creada desde hace 24 años.
El enfoque que tiene Molina de hacer su casa un recinto de autosustento de forma agroecológica es fortalecer toda su iniciativa sin usar ningún tipo de químico para tratar el suelo. La cría de animales de la granja tiene un gran objetivo, el cual es producir estiércol controlado para así usar la técnica del biochar aprendida de la mano de Fundación senderos para aplicarla en sus cultivos.
“Llegamos muchas mujeres solas por esas casualidades del destino, del universo que juega así, y cada una pues con esa visión de cuidar el ambiente, de ser amigables con el ambiente, unas íbamos más conectadas con la tierra, otras más a nivel espiritual, otras pero siempre digamos que buscando ese equilibrio con el cosmos, con la tierra, con la gente, con lo social. Y aquí nos quedamos, aquí nos quedamos. Hace 24 años no entra un químico, es un lugar totalmente orgánico, pero cuando digo totalmente orgánico es totalmente orgánico, ni siquiera agroecológico, es orgánico”, reiteró.
Molina es una de las varias mujeres de la comunidad que apostó por seguir realzando el liderazgo de las mujeres por medio de técnicas y costumbres que les permiten perfeccionar sus intereses. En cada una de ellas ha nacido un emprendimiento desde champiñones, setas e incluso bioinsumos.
Actualmente, la doctora tiene una hectárea con 1,500 plantas de café y, a pesar de no estar vinculada con los productores agrícolas debido a la pandemia, logró producir café por su cuenta. Considera que cada vez que planta un árbol, una planta u obtiene algún producto de alguno de sus animales, es como su propio caso de estudio.
Doctora Zuleima Molina, presidenta de la Fundación Jardín Botánico, científica y agricultora agroecológica del estado Mérida.
El agua como un hilo conductor
A través de técnicas sustentables en comunidades como Misintá y la Mucuy se construyen sistemas más resilientes, combinando la agroforestería y cultivos, pero mejorando a su vez, la fertilidad de los suelos.
Así lo determina Isaac Ruiz, consultor internacional de Permacultura tropical, especializado en diseño hidrológico. Para él, quién además está involucrado en proyectos como el de Fundación Senderos, la optimización del uso del agua, que permite ser distribuida a los cultivos, animales y estructuras de manera eficiente, evitan la erosión del suelo, promoviendo la biodiversidad y la adaptación al cambio climático.
“Esto es permacultura, una filosofía que busca crear sistemas agrícolas sostenibles a largo plazo, es fundamental en nuestro trabajo. Al manejar de manera holística el medio ambiente, podemos mejorar la calidad de vida de los campesinos y asegurar la salud de nuestros ecosistemas”, expone.
De acuerdo al último informe de la ONU sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo “Agua y prosperidad para la paz” del año 2024, actualmente casi la mitad de la población mundial sufre escasez de agua al menos durante parte del año.
Una cuarta parte de la población mundial se enfrenta a niveles de estrés hídrico extremadamente altos y utiliza más del 80 % de su suministro renovable anual de agua dulce. El futuro entonces parece incierto para la agricultura, un motor socioeconómico clave para el crecimiento sostenible y la seguridad alimentaria.
Isaac Ruiz, especialista en diseño hidrológico y adaptación al cambio climático.
Estos proyectos han generado un gran entusiasmo entre los más jóvenes y las comunidades. Fundación Senderos ha estado en más de seis escuelas con aproximadamente 200 niños, quienes se han convertido en espacios de aprendizaje y experimentación.
Mientras, a la par, mujeres como Ligia y Raquel en sus propias comunidades han llevado el aula a la naturaleza, considerando que respetar la espiritualidad es vital para entender el ciclo de la vida y garantizar la existencia próxima de las nuevas generaciones.
Hija de la comisaria actual del Comité de Riego y aprendiz de siembra de agua en Misintá, estado Mérida.
Este contenido fue realizado como producto periodístico dentro del programa de becas “Redsonadoras”, organizado y desarrollado por la Red de Periodistas Venezolanas (RDPV). Conoce otra de las historias becadas aquí.
La palabra “bruja” ha estado muy presente en mi vida desde que recuerdo. Mis películas favoritas de niña eran en las que existía una poderosa hechicera capaz de ser una con las fuerzas de la naturaleza. Mujeres con conocimientos profundos sobre remedios y pociones capaces de curar hasta la herida más dura y con una sabiduría inaudita sobre los hilos que nos mueven más allá de lo que vemos y sentimos en el mundo físico. Sin embargo, las referencias que me ofreció la industria del entretenimiento distan del concepto de bruja que he compuesto durante años de investigación sobre el tema.
Pensar en brujas quizá nos lleve automáticamente a una mujer físicamente condenada a rasgos más bien diabólicos, sola, generalmente vieja y con intenciones siempre malignas.
Pensar en brujas quizá nos lleve automáticamente a un grupo de mujeres que se reúnen en secreto para copular con el diablo, con un alma vengativa y siempre buscando eliminar a “la más agraciada” de todas.
Pensar en brujas quizá nos lleve automáticamente a una mujer montada en una escoba, recitando canciones con la intención de llamar a los niños para encantarlos y comerlos.
Y no nos culpo. La verdad es que todos creemos saber de qué estamos hablando cuando alguien menciona a las “brujas”.
Hoy tengo una propuesta distinta.
Mi invitación es que cada vez que pienses en una bruja automáticamente evoques la imagen de una mujer —generalmente inocente— condenada a la hoguera por un grupo de hombres, sin ningún respaldo legal que la salvaguardase después de sufrir torturas.
Quiero que cuando vuelvas a leer un “somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar” pienses que la caza de brujas alcanzó su punto álgido al comienzo de la Edad Moderna, aunque se gestó mucho antes cuando a las mujeres se les asociaba con los demonios y herejes.
Me gustaría que cada vez que nos topemos con una romantización —de lo que verdaderamente fue la primera matanza por razones de género en la historia— pensemos en que eso fue posible gracias a una misoginia cocinada a fuego lento, la cual se enraizó en la sociedad y convirtió a las mujeres en las enemigas.
Aunque no exista un consenso general sobre el número total de víctimas durante la caza de brujas —y parte de esa cifra también incluye a hombres acusados de brujería—quiero que, cada año durante estas fechas, recordemos que existió una manual llamado “El martillo de las brujas” en el que se detallaban los métodos de tortura que acabaron con generaciones enteras de familias. Linajes femeninos enteros destruidos por el fuego de la hoguera.
Mi invitación es a que antes de pensar en estas mujeres asesinadas únicamente como transgresoras y poderosas, demos unos pasos hacia atrás y también volvamos a esa época —no tan lejana como quisiéramos— en las que un simple rumor podía condenarte a ti y a tus hijas a un destino en la horca. O a ser consumida por el fuego.
Las razones religiosas que dieron pie inicialmente a la caza de brujas transmutaron a otra cosa. Y sí, aunque en este siglo ya el concepto de Dios no es el eje central de la sociedad —y sabemos que la última persona que fue ajusticiada por practicar brujería en Europa fue Anna Göldi en 1782—, quiero invitarnos a nunca olvidar que hay mujeres y niñas que todavía son asesinadas luego de ser acusadas como brujas en África y nuestra propia región.
Finalmente, te hago una última invitación en forma de pregunta: si el manifiesto “Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar” fue escrito por una mujer española y blanca bajo el seudónimo Tres Voltes Rebel, para hablar sobre la experiencia de ser mujer en sociedades patriarcales y el mito de la bruja como “icono feminista”, ¿en dónde queda la experiencia de las mujeres negras que también mataron por brujería o incluso peor, fueron esclavas?
Cuatro proyectos periodísticos con perspectiva de género y alto impacto social destacaron para obtener las becas otorgadas por el programa “Narrar Fronteras”. Esta iniciativa de la Red de Periodistas Venezolanas (RDPV), con apoyo de Free Press Unlimited (FPU), además contó con la participación de 40 personas, entre periodistas, fotógrafas(os), videógrafas(as) y trabajadores de la comunicación que viven o laboran en zonas limítrofes venezolanas.
Los participantes asistieron a las cinco sesiones principales, y una electiva, de la fase de formación en temas indispensables para la cobertura de las fronteras. Cómo abordar historias sobre trata y tráfico de personas, seguir los pasos de los migrantes venezolanos en su camino a encontrar una mejor calidad de vida. O las medidas de seguridad y autocuidado de les periodistas para minimizar los riesgos de su labor en contextos peligrosos fueron algunas de las áreas abordadas.
Las heridas de la migración y los riesgos que enfrenta la población wayúu
Luego de la fase de capacitación, los asistentes presentaron sus propuestas para obtener las becas, que cuentan con un apoyo económico de hasta 3 mil dólares por proyecto, además de la mentoría y apoyo editorial brindado por la RDPV. De 12 postulaciones recibidas, luego de un minucioso proceso de evaluación por parte de un calificado panel de expertas, las ganadoras son:
“Que aparezca mi muchacho”: Relatos sobre desapariciones forzadas transfronterizas en la frontera colombo-venezolana ocurridas entre 2016 y 2020. Por Kaoru Yonekura, Walter Molina y Luis Estévez.
“No fue la mar: El rastro de las que se fueron y las que se quedaron”: Abarca historias de mujeres que han visto sus vidas afectadas por la migración forzada que existe en Venezuela. Esto llevó a sus familiares a salir de manera ilegal y clandestina por rutas marítimas en búsqueda de mejores oportunidades de vida y han desaparecido en el mar. Por Danielly Rodríguez y Nayrobis Rodríguez.
“Mujeres wayuu: vivir y prolongar la vida entre fronteras”: Expone cómo las mujeres wayúu y su linaje permanecen en riesgo ante los retos enfrentados por las indígenas de La Guajira en el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos. Con ellas en peligro, la esperanza de supervivencia de este pueblo originario resulta comprometida. Por Betsabé Molero, María Fernanda Padilla y Génesis Daniela Prada.
“Las ETS, asesinas silenciosas en el territorio wayuu”: Demuestra el impacto de los índices de contagio de enfermedades de transmisión sexual (ETS) que se registran en adolescentes y jóvenes indígenas wayuu en el eje fronterizo de la Guajira. Por Sailyn Fernández Ja’yaliyuu, Ana Karolina Mendoza, Leonel López y Rónald Fuenmayor Epinayu.
Cobertura de fronteras con perspectiva de DDHH y enfoque de género
A través de estas becas, las cuatro equipas seleccionadas contarán con tres meses para realizar su trabajo reporteril y preparar el contenido en los diversos formatos planteados, según cada proyecto. Posteriormente, realizarán la publicación y difusión de los resultados. En cada una de esas etapas contarán con acompañamiento editorial.
La Red de Periodistas Venezolanas agradece a cada participante por su dedicación y compromiso con las actividades de “Narrar Fronteras”. Este programa fue concebido con el objetivo de lograr una cobertura fronteriza más empática, respetuosa y de relevancia para toda la sociedad. Además, enriquecer el ejercicio periodístico desde una perspectiva de derechos humanos (DDHH), de género, igualdad y diversidad.
Aunque la desigualdad y discriminación de género afectan a todas las mujeres en Venezuela, aquellas en los estratos socioeconómicos más bajos enfrentan las consecuencias de manera mucho más aguda. Estas mujeres no solo resisten ante enormes desafíos, sino que también demuestran una profunda resiliencia en un contexto que exacerba las dificultades que ya enfrentan.
Parte de esa realidad se plasma en el informe Mujeres que resisten: el alto precio de la desigualdad, edición 2024. Este esfuerzo de la Red de Mujeres Constructoras de Paz muestra cómo esta afectación diferenciada se presenta en las principales áreas que impactan a las mujeres: la salud, la educación y el liderazgo político y comunitario.
Para este análisis, se encuestó a 1.281 mujeres de diferentes edades y realidades económicas, en 17 estados del país (Anzoátegui, Apure, Aragua, Barinas, Bolívar, Carabobo, Delta Amacuro, Distrito Capital, La Guaira, Lara, Mérida, Miranda, Portuguesa, Sucre, Táchira, Yaracuy y Zulia). Sus respuestas complementaron los hallazgos con experiencias e información generada por otras organizaciones que tienen varios años trabajando en hacer incidencia por y para las mujeres del país.
La salud sexual y reproductiva en crisis
Uno de los aspectos centrales es la grave situación en materia de salud sexual y reproductiva. El 40 % de las mujeres menstruantes reporta no utilizar métodos anticonceptivos, una cifra alarmante que muestra el riesgo latente a embarazos no intencionados que, a su vez, perpetúa ciclos de pobreza y desigualdad.
El informe da cuenta de que 1 de cada 3 mujeres (34 %) se ha ausentado de sus labores por razones relacionadas con la menstruación, siendo el dolor la principal causa, seguida por la falta de productos de gestión menstrual y de acceso a agua limpia.
Otro de los hallazgos más preocupantes es el alto índice de violencia obstétrica. 53 % de las mujeres que han dado a luz en Venezuela reporta haber sufrido algún tipo de violencia durante su parto, un porcentaje que aumenta al 60 % en las mujeres de estratos más bajos. Estas mujeres enfrentan maltratos, negligencias y violaciones a su autonomía en uno de los momentos más vulnerables de sus vidas. El sistema de salud público no cuenta con los recursos suficientes para garantizar partos seguros y dignos, lo que incrementa las probabilidades de violencia obstétrica en las mujeres más pobres.
Esta forma de violencia, que ocurre en un entorno que debería ser de protección, es invisibilizada en gran parte de la sociedad venezolana, a pesar de las leyes que reconocen su existencia y la prohíben. Revela el informe que son también las mujeres de menos recursos quienes más prejuicios y estereotipos sexistas sostienen, lo que se explica por la falta de acceso a educación y también por las desiguales responsabilidades que tienen en el hogar.
Las tareas de cuidado no remunerado, el gran bastión de la desigualdad
Las diferencias entre la cantidad de horas que le dedican hombres y mujeres a las tareas de cuidado del hogar y crianza aumentan notablemente cuando se trata de hogares de estratos más bajos. El estudio hace mención destacada a la participación política y comunitaria de las mujeres venezolanas. A pesar de que el 94 % considera necesario un cambio político en Venezuela, las de estratos socioeconómicos bajos enfrentan mayores barreras para su participación activa. Solo el 25 % está involucrada en actividades políticas o comunitarias, en comparación con el 35 % de las mujeres de clases más altas.
Las dificultades económicas, la falta de acceso a educación y la limitada representación política son algunos de los obstáculos que dificultan su participación. Además, el 21 % de las mujeres de estos estratos expresó temor a represalias por votar libremente, lo que refleja un entorno de coacción y vulnerabilidad que afecta directamente su capacidad para influir en los procesos democráticos. La encuesta revela que, aunque el 99 % de las niñas y adolescentes en Venezuela están inscritas en el sistema educativo, solo 58 % asiste diariamente a clases, una cifra que es aún más baja en los estratos socioeconómicos más bajos, donde la asistencia diaria se reduce al 47 %.
Factores como la falta de maestros, la suspensión de clases y la inseguridad económica continúan afectando el acceso a una educación de calidad. Tal y como mencionamos en el informe pasado, con este trabajo no queremos limitarnos a documentar la situación actual, sino también concienciar sobre la necesidad urgente de tomar medidas que brinden apoyo y oportunidades a las mujeres en Venezuela reconociendo las diferentes condiciones que sufren aquellas con menos recursos y cuán importantes son para la reconstrucción del país.
La Red de Mujeres Constructoras de Paz es una alianza entre líderes comunitarias, activistas y periodistas de Venezuela, que tiene como objetivo aportar registros y contenidos para el reconocimiento y la visibilización de la desigualdad de género, y también en la sensibilización sobre temas fundamentales relativos a las mujeres.
El riesgo de cubrir las dinámicas fronterizas aumenta cuando las mujeres periodistas se insertan en estas áreas para cubrir sus realidades. Y aunque no deja de ser necesario revelar al mundo la complejidad de lo que se vive en las zonas limítrofes, procurar la seguridad y el autocuidado de las equipas periodísticas es igual de indispensable. Porque sin periodistas a salvo, no se pueden contar esas historias.
Maye Primera, con más de 20 años de experiencia en la cobertura de temas políticos, migración y derechos humanos; y Ronna Rísquezuna de las periodistas más reconocidas en la cobertura de seguridad y crimen en Venezuela, autora de libro sobre la banda criminal “El Tren de Aragua” , ofrecieron sus recomendaciones como investigadoras expertas en áreas fronterizas.
Ambas periodistas han enfrentado riesgos significativos en sus coberturas en distintos países de América Latina. Esto les ha brindado una comprensión amplia y detallada de los desafíos que conlleva trabajar en terrenos peligrosos. Y es a partir de esas experiencias que comparten sus aprendizajes más importantes para quienes quieran adentrarse en esas zonas.
Dinámicas y riesgos fronterizos
Ronna Rísquez resaltó la importancia de entender las dinámicas cotidianas de quienes habitan las fronteras. Puso como ejemplo las ciudades cercanas a la frontera venezolana, como en el estado Táchira, donde las personas cruzan regularmente entre países por razones de trabajo o educación. Al cubrir este tipo de áreas es esencial comprender las motivaciones y los riesgos que enfrentan estas comunidades.
Apuntó que las fronteras son espacios donde confluyen diversos riesgos, como la presencia de grupos armados no estatales, contrabando, tráfico de drogas y trata de personas. “Hay que estar conscientes de que una frontera no es un parque de atracciones, sino un lugar con dinámicas y peligros distintos a otros territorios”.
Las características de las fronteras como “lugares de paso entre países” facilitan la existencia de estas dinámicas ilícitas. Subrayó que estos peligros no son exclusivos de Venezuela, sino que se presentan en otras fronteras como la de México con Estados Unidos o la de Chile con Bolivia.
Uno de los riesgos clave es la corrupción, tanto en los funcionarios de seguridad como en los servicios de migración. “Es común que algunos funcionarios se presten para manejos corruptos, cooperando con grupos criminales o permitiendo el paso de mercancías ilícitas”, advirtió.
Autocuidado y protocolos de seguridad
Maye Primera enfatizó la necesidad de planificar cada cobertura. En su opinión, es imprescindible comparar los beneficios editoriales con lo que se arriesga al movilizarse para contarla. “Debemos preguntarnos si vale la pena asumir ciertos riesgos“, reflexionó sobre la tentación en el periodismo de buscar historias a cualquier costo.
Destacó que la seguridad no solo debe ser física, sino también digital y emocional. El autocuidado psicoemocional es fundamental para las periodistas que, al cubrir situaciones de conflicto, están expuestas al trauma.
Recordó que, durante muchos años, no consideró su propia seguridad como una prioridad. “Nunca pensaba en mi seguridad personal, creyendo que era invulnerable”, dijo. No obstante, con el tiempo comprendió la importancia de tomar medidas preventivas.
Una de sus recomendaciones claves fue la creación de protocolos de seguridad detallados, que incluyan la planificación de cada aspecto del trabajo, desde los transportes a utilizar hasta la preparación de respuestas ante posibles emergencias. Ambas ponentes subrayaron la importancia de tener un plan de evacuación, sabiendo de antemano por dónde entrar y salir de una zona de conflicto.
Seguridad emocional y apoyo psicoemocional
“Los periodistas, al igual que los bomberos o los paramédicos, vamos hacia el peligro cuando todos los demás intentan escapar (de él)”, indicó Primera, quien fue corresponsal de El País (España). Destacó la importancia de estar preparados para manejar el trauma y la ansiedad que pueden surgir al cubrir situaciones emocionalmente impactantes.
Recomendó no subestimar la necesidad de apoyo psicológico y destacó la importancia de buscar ayuda cuando sea necesario. El trauma vicario, que afecta a quienes están en contacto constante con el sufrimiento ajeno, es una realidad en este tipo de trabajo. Y puede tener consecuencias duraderas si no se aborda adecuadamente.
Para reducir sus efectos, es necesario prepararse mentalmente antes, durante y después de la cobertura. Buscar apoyo psicológico cuando se requiera, ya que las situaciones emocionales intensas pueden tener un impacto duradero.
Las investigadoras expertas coincidieron en que la empatía es esencial, pero también se debe ser consciente de los propios límites. “No somos invulnerables, y la historia que cubrimos también nos afecta”, concluyó Primera.
Mantener el foco: conseguir la información y difundirla
“No debemos perder de vista cuál es el objetivo del periodismo: informar. No se trata de demostrar cuán valientes somos o si tenemos miedo o no. El enfoque debe ser obtener información de interés público y difundirla dentro de nuestras capacidades”, acotó.
“Para mí, la vida de nadie, ni la tuya ni la de una fuente, vale una foto. Es un riesgo que pocas veces merece la pena correr”, sentenció Rísquez. La también colaboradora de la revelación de los Panamá Papers, agregó que, pese a esos riesgos, la cobertura de fronteras es valiosa y de alto impacto.
Ronna Rísquez y Maye Primera ofrecieron estas recomendaciones en la cuarta sesión sobre la seguridad y el autocuidado en la cobertura de zonas fronterizas del programa “Narrar Fronteras”. Este programa de la Red de Periodistas Venezolanas (RDPV) busca visibilizar la situación de las áreas limítrofes con una perspectiva de género y enfoque en los derechos humanos a través de la formación de periodistas. Puedes ver la tercera sesión aquí.
La actual migración venezolana, que impulsa a millones de personas a recorrer América Latina, expone especialmente a mujeres y niñas a situaciones de vulnerabilidad extrema, incluida la trata de personas. Y la falta de una narrativa adecuada en los medios de comunicación para visibilizarla, limita la capacidad de las sociedades para identificar y combatir este delito.
Estefanía Mendoza, abogada feminista y coordinadora de Mulier de Venezuela, ofreció una profunda reflexión sobre la trata en el contexto de la migración venezolana. “Este delito avanza más rápido que la legislación y las políticas públicas”, resaltó. Es así como el papel del periodismo resulta esencial para alertar, educar y crear un entorno más seguro para todas las personas.
Trata y tráfico de personas, dos conceptos diferentes
Aunque a menudo se confunden, trata y tráfico de personas son dos términos que describen situaciones diferentes. Mientras que el tráfico implica la entrada ilegal de personas a un país, generalmente de forma voluntaria, la trata de personas es un crimen que viola los derechos humanos (DDHH) al someter a las víctimas a explotación. Esta explotación puede ser sexual, laboral o incluso para el tráfico de órganos.
“El tráfico es un delito contra el Estado, mientras que la trata es un delito contra las personas. La dinámica de tráfico es lo que conocemos de los ‘coyotes’, donde se paga para cruzar una frontera. En Venezuela, hemos visto paquetes turísticos para cruzar a Estados Unidos o para cruzar el Darién. Pero pueden terminar en trata si los traficantes detectan a mujeres solas o en situación de vulnerabilidad”, explicó Mendoza.
Enfatizó que, en muchos casos, las mujeres (y personas LGBTQ+) migrantes no reconocen que están siendo víctimas de trata hasta que ya es demasiado tarde. Recordemos que suele estar acompañada de coerción, engaño o violencia, lo que anula la capacidad de la persona para tomar decisiones libres sobre su propia vida. Por eso necesita visibilizarse cada caso.
La trata implica diversas formas de abuso
La también activista por los DDHH destacó que la trata de personas no se limita a la explotación sexual, a menudo vinculada con imágenes estereotipadas de mujeres encadenadas. También incluye la explotación laboral, el trabajo forzado y otras formas de abuso que, a menudo, pasan desapercibidas.
La trata de personas ha crecido hasta convertirse en eltercer delito más lucrativoa nivel mundial, después del narcotráfico y el tráfico de armas, lo que demuestra la magnitud del problema, dijo.
Mendoza insistió en que, tanto los estados como las organizaciones internacionales y los medios de comunicación, deben trabajar juntos para abordar la trata de personas desde una perspectiva interseccional. Las políticas públicas deben enfocarse en la protección de los derechos humanos de las personas migrantes, prestando especial atención a las mujeres y niñas, quienes son las más afectadas por este delito.
Además de la respuesta de los países de acogida, debemos analizar cómo responde el mismo gobierno venezolano. “El Estado tiene la obligación de proteger a las mujeres de la violencia y garantizar una vida libre de esta, lo cual es inherente a nuestros derechos humanos. No tiene que ver con que seamos venezolanas en Perú, en Colombia o en Venezuela”, señaló.
Perú y Ecuador, países inseguros para las mujeres venezolanas
La coordinadora de Mulier comentó que, de acuerdo con los informes que están elaborando, Perú es uno de los países donde la situación de las migrantes venezolanas es más crítica. Muchas de estas mujeres enfrentan formas extremas de violencia, incluso por parte de las fuerzas de seguridad, quienes en lugar de protegerlas, actúan como cómplices de los tratantes. Los medios locales, en muchos casos, no reportan con diferenciación la gravedad del problema, lo que contribuye a invisibilizar la explotación.
Lo que hace a estas mujeres más vulnerables es, en gran parte, la narrativa xenófoba y estigmatizante creada alrededor de la migración venezolana. Mientras que en el pasado, los venezolanos de clases más acomodadas eran mejor recibidos (como en la época de los dólares de Cadivi), la nueva oleada de migrantes, más pobres y vulnerables, genera reacciones mucho más hostiles.
Esto incluye la hipersexualización de las mujeres migrantes. En países como Ecuador, “estos estereotipos han evolucionado a la percepción de la venezolana como ‘prostituta’, alimentados por el machismo y la violencia estructural contra las mujeres”, denunció Mendoza.
El estereotipo de la venezolana “bella” o “miss” se reemplazó por la idea de que son más “deseables” o “sumisas” en el contexto de la explotación sexual. Al respecto, advirtió sobre el peligro de estas narrativas, que no solo deshumanizan a las mujeres, sino que también refuerzan la idea de que “venden mejor”, perpetuando así su vulnerabilidad.
Focos de explotación en las fronteras venezolanas
En las fronteras de Venezuela, particularmente en los estados Zulia y Táchira, se ha documentado un aumento en los casos de explotación sexual y laboral. Mujeres y niñas son obligadas a trabajar en condiciones de esclavitud en estas zonas.
“El Arco Minero del Orinoco, por ejemplo, es un punto crítico. Allí la explotación minera ilegal y la presencia de grupos irregulares afectan gravemente a las comunidades indígenas y a las mujeres venezolanas, quienes recurren a las minas como medio de subsistencia”, precisó la especialista en violencia de género.
En la frontera y en el contexto de la virtualidad, la explotación sexual de migrantes venezolanas en casas de modelaje webcam es otro fenómeno alarmante. “Estas mujeres, muchas en situaciones de vulnerabilidad, son explotadas en este tipo de trabajos, donde el consentimiento se desdibuja y pasan de tener un trabajo sexual consentido a ser víctimas de trata”, resaltó.
Mendoza señaló que las zonas mineras de Brasil y las fronteras marítimas con Colombia, la explotación laboral y el tráfico de personas las convierte también en puntos críticos. “En las comunidades indígenas, la detección de víctimas de trata es aún más difícil debido a las barreras culturales y la percepción diferente de las fronteras”, agregó. Esta invisibilidad refuerza la impunidad de los tratantes y la falta de atención por parte de las autoridades locales.
Por una narrativa inclusiva y de alto impacto
En opinión de la abogada feminista, combatir la trata de personas de manera efectiva requiere de una coordinación conjunta entre los medios, los Estados y las ONG. Los objetivos en común deben ser la creación de narrativas más justas y humanas, que no perpetúen la xenofobia ni la estigmatización; y que promuevan políticas basadas en el respeto a los DDHH.
Estefanía Mendoza subrayó la importancia de ampliar y diversificar las narrativas en torno a la trata de personas. Esto implica no solo reconocer la explotación sexual y laboral, sino también visibilizar a las víctimas que, debido a los estigmas y la falta de políticas públicas adecuadas, permanecen invisibles. No solo mientras se movilizan en las fronteras, sino luego de establecerse en países receptores de la migración, pues las dificultades para regularizar su estatus migratorio persisten por largo tiempo.
A pesar de que el gobierno venezolano afirma tener un plan nacional contra la trata de personas, este no ha sido publicado, lo que refleja falta de transparencia y de acción concreta. Esta opacidad dificulta la implementación de políticas efectivas y limita la capacidad de los países receptores de migrantes para proteger a las víctimas.
La también consultora en temas de género ofreció este análisis sobre la trata de personas en su ponencia “Trata de personas, tráfico y otros problemas fronterizos”. Este fue el tema abordado durante la tercera sesión del programa “Narrar Fronteras“, impulsado por la Red de Periodistas Venezolanas (RDPV). Puedes leer la nota sobre la segunda sesión aquí.
Entre enero y julio de 2024, se registraron un total de 108 femicidios en Venezuela, con 14 de ellos reportados solo en ese último mes. El más reciente informe de la ONG Utopixsobre este tipo de delitos revela cifras alarmantes de violencia contra las mujeres. Se estima que, en los primeros siete meses del año en curso, cada 47 horas se cometió un crimen que acabó con la vida de una venezolana dentro de su país.
Además, cada 36 horas se cometió un posible femicidio frustrado durante ese mismo lapso. Mientras que el año anterior, se contabilizaba uno cada 38 horas. Resulta más que preocupante esa tendencia en aumento con cada año que pasa. En 2023, el Monitor de femicidios de Utopix documentó 206 muertes asociadas a esta clasificación de crímenes contra las mujeres.
Estos indicadores reflejan que a la emergencia humanitaria compleja que se vive el país desde hace varios años hay que sumarle una crisis en torno a la violencia de género. Sin mencionar la alta tasa de impunidad en los casos que se denuncian ante las autoridades y el subregistro de víctimas a quienes la justicia no alcanza.
Un problema estructural desatendido por el Estado
Estas 108 mujeres asesinadas entre enero y julio de 2024 representan vidas truncadas por falta de protección efectiva por parte de las instituciones del Estado venezolano.
A pesar de que existe una Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la realidad demuestra que no se aplica. Los mecanismos de protección, como medidas cautelares o la persecución y detención de los agresores, fallan al no poder garantizar la seguridad de las víctimas.
En el informe de estos primeros siete meses del año, publicado en la página web de Utopix bajo la autoría de Aimeé Zambrano, se destaca que estas cifras no solo representan muertes violentas, sino que evidencian un problema estructural más amplio. Y que está vinculado a la violencia machista y a un sistema judicial que no actúa con la celeridad ni la sensibilidad necesarias para abordar estos casos.
Distribución geográfica y patrones identificados
El registro de los femicidios no se limita a un contexto específico, ya que se extiende por todo el país y afecta a mujeres de diversas edades, niveles socioeconómicos y realidades sociales, según muestra el informe. Sin embargo, queda claro que la crisis económica y social que vive Venezuela ha exacerbado la vulnerabilidad de las mujeres, quienes enfrentan mayores riesgos en contextos de pobreza, migración y falta de acceso a servicios básicos. Un total de 16 venezolanas fueron asesinadas fuera de su país de origen.
Respecto a los 14 casos domésticos reportados en julio de 2024, entre 16 y 35 años osciló el rango de edad de la mayoría de las víctimas. También hubo un aumento de casos entre mujeres de 51 a 55 años. Armas de fuego, armas blancas y la provocación de asfixia mecánica fueron los métodos más usados para acabar con la vida de estas venezolanas. Cinco de ellas eran madres. Y una docena de niños, niñas y adolescentes quedaron en orfandad.
La impunidad como agravante de los femicidios
Del total de estos casos, seis de los cuerpos de las víctimas fueron abandonados en la vía pública. Además, dos mostraron signos de tortura y uno de mutilación. Otro fue escondido en una maleta. El estado con el mayor número de femicidios consumados es Miranda, con cinco. Mientras que se registró uno por entidad en Distrito Capital, Aragua, Yaracuy, Monagas, Anzoátegui, Carabobo, Trujillo, Portuguesa y Apure.
Uno de los aspectos que resalta el informe de Utopix es la impunidad que rodea a estos crímenes. A pesar de la existencia de leyes para la protección de las mujeres, muchas de las denuncias de violencia de género no se atienden adecuadamente, lo que deja a las víctimas desprotegidas.
En muchos casos, las órdenes de alejamiento no son cumplidas por los agresores, y las autoridades no responden con la urgencia requerida para evitar que las situaciones de violencia escalen hasta convertirse en femicidios.
Por ejemplo, Utopix refiere que de 17 femicidas identificados, diez están detenidos; uno está fugado y dos se suicidaron tras cometer los crímenes. En cuatro casos no hay información sobre el status de los responsables de estas muertes.
La falta de formación en género y derechos humanos entre los cuerpos policiales y judiciales también agrava la situación. Las mujeres que denuncian violencia no siempre encuentran un trato respetuoso o eficiente por parte de las instituciones, lo que desalienta a muchas víctimas a buscar ayuda.
La invisibilización de las víctimas en Venezuela
Aunque los medios de comunicación reportan algunos casos, muchas veces la cobertura se limita a lo sensacionalista y no aborda las causas profundas de la violencia. Utopix ha estado trabajando para visibilizar estas problemáticas, no solo a través de sus informes, sino también mediante campañas de concienciación que buscan cambiar la narrativa sobre la violencia contra las mujeres en el país.
La ONG también ha enfatizado la necesidad de una mayor cobertura mediática responsable que no revictimice a las mujeres ni perpetúe estereotipos de género. En lugar de centrarse en detalles amarillistas, se requiere un enfoque que denuncie la inacción de las instituciones y la falta de políticas efectivas para protegerlas.
Es imprescindible que el Estado venezolano, en conjunto con organizaciones de la sociedad civil, tome medidas urgentes y efectivas para proteger a las mujeres. Además, los medios de comunicación deben jugar un papel más activo en la visibilización de esta problemática, más enfocados en las causas estructurales de la violencia de género.
“¿Ustedes van a matar a mi hija? ¿Ustedes le van a hacer daño a una muchacha inocente porque no me pudieron agarrar a mí?”. Esas son las palabras de Xiomara Barreto, activista social y dirigente del partido opositor Copei, en una grabación de audio publicada en redes sociales el pasado 25 de agosto de 2024.
Barreto es la madre de Ana Carolina Guaita Barreto, reportera del portal noticioso en línea La Patilla, a quien detuvieron autoridades venezolanas en las afueras de su casa el 20 de agosto, en el estado La Guaira, en el litoral central de Venezuela.
Guaita Barreto es la tercera mujer periodista detenida en la ola de protestas que estallaron tras las elecciones presidenciales venezolanas del 28 de julio. También, es una de las 230 mujeres detenidas en el marco de la represión ejecutada por el Estado, según datos de la organización de derechos humanos Foro Penal.
Los familiaresde Guaita Barreto dicen que su detención fue una retaliación en contra de sus padres, quienes apoyaron la campaña electoral del opositor venezolano Edmundo González Urrutia.
“Tengo a mi hija de 32 años como rehén del gobernador [José Alejandro Terán]”, continuó Barreto en la grabación de audio. “Les pido que dejen a mi hija en libertad”.
Ana Carolina Guaita Barreto, reportera del portal noticioso en línea La Patilla, detenida por autoridades venezolanas en las afueras de su casa el 20 de agosto. (Foto: La Patilla)
Mujeres periodistas acusadas de terrorismo sin pruebas
Su hermano, Carlos Guaita, dijo aLatAm Journalism Review (LJR) que sus familiares pudieron visitar a Guaita Barreto en detención después de no saber de su paradero durante ocho días. Compareció ante el Ministerio Público y se le acusó de asociación para delinquir, terrorismo y actos violentos.
Una representante de la Red de Periodistas Venezolanas (RDPV) dijo a LJR sentir una profunda preocupación ante la creciente persecución dirigida contra mujeres periodistas.
“Han sido objeto de detenciones arbitrarias y acusaciones como terrorismo e instigación al odio”, dijo la vocera de la red, que pidió no ser identificada por temor a represalias. “Estas acciones no solo son injustas, sino que además violan flagrantemente el debido proceso, privando a las detenidas de su derecho a una defensa adecuada”.
Mujeres periodistas son también víctimas de censura, estigmatizaciones y agresiones físicas y verbales. El Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela (IPYS) registró, entre el 29 de julio y el 4 de agosto, 79 vulneraciones a la libertad de prensa. De estas, 23 fueron contra mujeres.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó, el 27 de agosto, medidas cautelares a favor de Guaita Barreto, diciendo que se encuentra en una situación de gravedad y urgencia de riesgo de daño irreparable.
Otros casos contra periodistas mujeres
La reportera Deysi Peña también se encuentra en prisión y se le acusa de terrorismo, incitación al odio, resistencia a la autoridad, vandalismo y otros crímenes, de acuerdo con el grupo activista juvenil Sin Mordaza.
Peña fue detenida por tomar y publicar fotos en sus redes sociales sobre una protesta el 30 de julio. En un video publicado por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), la hija de Peña dijo que Peña era la cabeza económica del hogar y que sus dos hermanitos menores de 7 años no paran de preguntar dónde está su madre.
“Mis hermanos y yo solo queremos a mi mamá de vuelta a casa porque informar no es un delito”, dijo Bárbara Canino Peña en el video publicado el 6 de agosto. Otra periodista mujer que sufrió detención, luego de la elección, fue la reportera de espectáculos Carmela Longo.
El 20 de agosto, Longo fue despedida del diario de tendencia oficialista Últimas Noticias. Cinco días después miembros de la policía nacional allanaron su vivienda, se la llevaron detenida, y la acusaron de terrorismo e incitación al odio, según el SNTP.
#ATENCIÓN "Así llega la reportera gráfica Deisy Peña a los tribunales del estado #Miranda para ser imputada por delitos que no cometió", denunció el SNTP. Fue trasladada de Los Teques a Ocumare del Tuy y hoy llevada de nuevo a Los Teques para ser presentada #08Agopic.twitter.com/NGOYqVZviE
En Venezuela, la vida en la cárcel está marcada por el hacinamiento, la falta de acceso a servicios básicos, y la violencia de género, según ha afirmado el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), una ONG que defiende los derechos de los presos.
De acuerdo a la OVP, las mujeres privadas de libertad en Venezuela corren el riesgo de recibir tortura física y psicológica, e inclusive negación de atención médica adecuada.
En el caso de Peña, se encuentra recluida en una cárcel de mujeres en Ocumare del Tuy (estado Miranda), a tres horas de su residencia familiar. Esto dificulta y aumenta los costos del traslado de sus familiares al lugar, de acuerdo al SNTP.
Por su parte, Guaita Barreto sigue detenida en la Dirección de Seguridad de la Gobernación de La Guaira en un espacio apartada de la población reclusa.
“Nos dijo que no ha sido agredida ni física ni psicológicamente y que le están dando sus comidas diarias. Dentro de lo malo, ‘está bien’”, dijo su hermano a LJR.
La vocera de la Red de Periodistas Venezolanas dijo que las mujeres periodistas, activistas y políticas detenidas se enfrentan a vulnerabilidades exacerbadas en Venezuela.
“Hay que sumar los riesgos de violencia sexual y de sufrir de desatención de necesidades básicas relacionadas con la salud menstrual y la salud sexual y reproductiva”, dijo la vocera de la red. “La escalada de violencia y persecución estatal que enfrentamos como periodistas no solo vulnera nuestros derechos como comunicadoras, sino que también tiene un impacto devastador en nuestra salud mental y física”.