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Las mujeres marcaron el ritmo de la marcha del 1M en Caracas

En un contexto de ingresos insuficientes, desigualdad laboral y la precarización del trabajo, las mujeres volvieron a las calles y marcharon  este 1º de mayo, para exigir salarios dignos y el reconocimiento a sus múltiples cargas laborales, luchas que llevan años siendo reclamadas

Las mujeres no acompañaron, sino que marcaron el ritmo de la marcha de este 1 de mayo, Día Internacional de las Personas Trabajadoras. Desde jóvenes y hasta adultas mayores fueron mayoría visible y motor de la convocatoria, que recorrió Caracas desde la Plaza Brión de Chacaíto, hasta la Plaza Morelos, en el centro de la ciudad.

Docentes, enfermeras, ingenieras, comunicadoras, responsables del hogar, estudiantes, militantes de partidos políticos, sindicalistas y demás mujeres no solo hicieron presencia, también incidieron e insistieron en la exigencia de mejores condiciones laborales y sueldos más justos para las trabajadoras y los trabajadores venezolanos.

La movilización avanzó bajo la custodia de la Policía Nacional. Ya en la Plaza Morelos, el cerco aumentó con piquetes policiales, vehículos antidisturbios y funcionarios con indumentaria antimotín que rodeaban el espacio, marcando los límites de la manifestación de calle en Venezuela.

Un día después del “aumento”

El pasado jueves 30 de abril, Delcy Rodríguez anunció el aumento del llamado ingreso mínimo integral, que ahora suma 240 dólares y 70 dólares para los pensionados.

Sin embargo, no hubo mayores especificaciones sobre qué pasará con el salario mínimo, que, hasta el momento, sigue anclado a 130 bolívares desde 2022, lo que representa menos de un dólar, según datos del Banco Central de Venezuela.

Para muchas de las manifestantes, este anuncio no representó un avance estructural, sino la continuidad del modelo de bonificación impuesto por los gobiernos de los últimos años en Venezuela.

Así lo resumió la docente Zuleika Matamoros. “La narrativa que se pretende imponer es que el sector empresarial y el Estado no tienen dinero, pero los que no tenemos dinero somos las trabajadoras y los trabajadores que desde hace más de 10 años trabajamos por un salario que prácticamente es cero”, denunció Zuleika.

La doble y triple jornada

Delia Alejo dedicó más de 40 años de su vida a ejercer la enfermería dentro del sistema de salud público venezolano. Eligió esa profesión por vocación, aunque hoy sobreviva con una pensión que equivale a centavos de dólar. Su presencia en la marcha no responde a una consigna partidista, sino a una necesidad de mejores ingresos económicos que le permitan disfrutar de lo trabajado.

“Lo que ganamos no alcanza para costear una buena alimentación, mucho menos para comprar medicinas”, afirmó Delia. Pero su reclamo no se limitó a lo económico, Delia también aprovechó de recordar que “la mujer trabaja más en el hogar que en la calle”.

“En los últimos años se ha dicho que tenemos igualdad con los hombres, pero las mujeres seguimos llevando mayores cargas, sobre todo en el hogar, al tener que estar pendiente de los hijos, de llevarlos a la escuela. Somos psicólogas, transportistas, cajero automático, hacemos de todo”, complementó Delia. 

Wilmaira Ríos, ingeniera agropecuaria y perteneciente al Bloque de Mujeres en Lucha, coincide. Para ella, el problema no es solo la precariedad salarial, sino la invisibilidad del trabajo doméstico por parte del Estado venezolano.

“No solamente trabajamos fuera de la casa, no hay que olvidar que nosotras también tenemos la carga de las labores domésticas que no son reconocidas por la ley venezolana”, detalló Wilmaira, quien también mencionó, que esa carga puede ser de dobles y hasta de triples jornadas laborales que pueden no reflejar ningún ingreso. 

Hablemos de la desigualdad estructural

El 1° de mayo no es solo una fecha conmemorativa, también es un punto de partida para revisar las condiciones laborales del país, sobre todo de las mujeres, ya que en Venezuela persiste un profundo desequilibrio de género en materia laboral.

Para 2023, la participación de la mujer en el mercado laboral formal era 23 % menor que la de los hombres (Banco Interamericano de Desarrollo), además de que la brecha salarial es de 36,7 %, la más alta de la región. 

Sin embargo, la economía doméstica venezolana depende en gran medida de las mujeres. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), 52 % de los hogares venezolanos tiene como principal sustento a una mujer, y el 89 % de la población femenina del país tiene que dedicar gran parte de su tiempo a trabajos domésticos no remunerados.

Mientras tanto, estos trabajos, históricamente invisibilizados, representan entre 12,9 % y 15,0 % del PIB venezolano (según estimaciones del BID), valor que pone a estas actividades como el principal sector de la economía no petrolera.

Los ingresos no reflejan la trayectoria

Entre la multitud, Edilia Torrealba avanza con varias medallas colgando en su cuello. Lleva también una bolsa negra a modo de toga y un birrete hecho de cartón. Su vestimenta no es casual sino parte de su reclamo.

Durante 30 años Edilia trabajó como docente en instituciones públicas, formando generaciones de estudiantes. Hoy sus ingresos económicos no reflejan su trayectoria ni su nivel académico.

“Nos dicen que no hay dinero para aumentar el salario porque se robaron lo que había y lo que no había también”, afirmó Edilia, directiva del Colegio de Profesores de Venezuela.

“No me siento representada”

Desde enero, tras la extracción de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, el país es gobernado por Delcy Rodríguez, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar la presidencia venezolana. Sin embargo, hay quienes siguen sin ver con buenos ojos a esta figura política femenina.

“Las mujeres hemos hecho mucho y hemos logrado conquistar muchos espacios, pero jamás podré sentirme representada por una mujer que es símbolo y sinónimo de robar a una nación”, expresó Edilia.

Su postura se enmarca en el contexto político y económico de los últimos años. Delcy fue parte de los gobiernos de Maduro, durante los cuales se reportaron más de 255 casos de corrupción de fondos públicos que superan los 69 mil millones de dólares y que involucran a funcionarios de alto nivel, según Transparencia Venezuela.

Para Raquel Figueroa, profesora e integrante del Colegio de Profesores de Venezuela, la precarización del salario no es un hecho aislado sino el resultado de políticas de “miseria y pobreza”, por lo que salir a marchar fue un pequeño paso en una lucha que continuará hasta lograr que las demandas sean atendidas.

La marcha de este 1° de mayo dejó una imagen clara: la lucha laboral en Venezuela está atravesada por las mujeres.

Lisa Henrito

Las mujeres venezolanas sostienen los hogares… y también la mayor brecha salarial de la región

Aunque la jefatura femenina ocupa más de la mitad de los hogares venezolanos, la brecha salarial entre hombres y mujeres es de 36,7%, la más alta de la región. En el mes de la mujer, desde Redsonadoras impulsamos nuestro especial de marzo #RedsonamosJuntas en el que cada semana abriremos la conversación y hablaremos de un tema que atraviesa la vida de las mujeres. Empezamos hablando sobre dinero

Los datos estadísticos sirven para muchas cosas, entre ellas para dibujar un país. En el caso de Venezuela muestra un rasgo importante: 52% de los hogares dependen de una mujer (Encovi 2024). La paradoja es que este pilar económico que sostiene a más de la mitad de las familias es precisamente quien más vive en precariedad, debido a que el sistema las margina y castiga por sesgos de género, sobre todo por el peso del cuidado que le ha asignado la misma sociedad como obligación exclusiva

De acuerdo con un estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el mercado laboral venezolano reflejó, en el año 2022, la diferencia en cuanto a remuneraciones laborales más amplia de la región entre hombres y mujeres. La inexistencia de políticas públicas efectivas, aunada a una crisis económica persistente, ha convertido la jefatura de la mujer en un factor de vulnerabilidad: 9 de cada 10 hogares encabezados por mujeres se encuentran hoy en situación de pobreza.

“La división sexista del trabajo establece para los hombres el rol de proveedores, de productores, del manejo de lo público, del liderazgo y de la autoridad, y se reservan las mejores remuneraciones. Para las mujeres siempre se consideró como un tema de apoyo, no como algo de lo que fueran a vivir”, expone Susana Reina, experta en recursos humanos y activista por los derechos de la mujer.

El sistema margina a las mujeres venezolanas que enfrentan la brecha salarial más alta de Latinoamérica, lo que convierte en una contradicción que sean el pilar económico del país. 

Según la encuesta Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2024, casi 7 de cada 10 hogares en situación de pobreza están liderados por mujeres que no pueden insertarse en el mercado laboral por dedicarse al cuidado del hogar. Ante esto Susana Reina plantea que las mujeres son “pobres de tiempo”, ya que la misma estructura patriarcal reserva para las mujeres las labores de los cuidados.

“Cuando la mitad de la población está sufriendo los embates de una economía que no está diseñada para las situaciones que viven las mujeres, eso no puede ser sostenible en el largo plazo. Eso trae consecuencias de pobreza, más pobreza para las mujeres”, asevera la especialista, también directora de la ONG Feminismo INC. Puntualiza que “la mujer siempre está en situaciones de precariedad, con trabajos a medio tiempo, mal pagados o en la informalidad que a veces se disfraza de emprendimiento y de independencia”.

Pero esta no es una situación aislada; es una problemática global. Según el Foro Económico Mundial, para 2025 el índice de paridad de género alcanzó apenas 68,8%. Lo que quiere decir que sigue existiendo un abismal desbalance de condiciones, impulsado por la percepción errada del rol que juegan el hombre y la mujer en la sociedad. 

Venezuela como parte de esta realidad presenta matices de exclusión económica aún más alarmantes.

Techos de cristal y el laberinto del financiamiento

Las mujeres suelen encontrar barreras en el ámbito laboral, basadas en prejuicios y estereotipos de género. Incluso cuando la mujer quiere emprender formalmente se ve en desventaja ante sus pares.

Claudia Valladares, cofundadora y CEO de Impact Hub Caracas, denuncia que “las mujeres reciben una proporción mucho menor de financiamiento, especialmente capital de riesgo e inversiones formales, debido a estereotipos de género, sesgos inconscientes en los procesos de decisión, redes de inversión dominadas por hombres y estructuras de financiamiento que favorecen modelos tradicionales de emprendimiento masculinos”.

Pero la brecha no solo se manifiesta en el acceso a oportunidades, sino en la calidad de la remuneración. Según Encovi, aunque en algunas profesiones el sueldo base parezca equilibrado, la diferencia real se hace evidente al final del mes: en Venezuela los hombres perciben en promedio 36,7% más.

La disparidad salarial se agudiza en la cúspide de la pirámide corporativa. En cargos de dirección o gerencia, un hombre recibe 12,2 dólares más por hora que una mujer. Al respecto, Susana Reina señala que “cuando empiezas a sumarle bonificaciones por horas extras, por comisiones o por beneficios, en los hombres empieza a crecer mucho más esa compensación. Primero, porque están ubicados en posiciones que representan muchísimo poder y las mujeres en roles de recursos humanos, administración, contabilidad o apoyo logístico. Entonces, allí el esquema de incentivos y el pago por realizaciones extraordinarias, en el caso de estas posiciones, son muy bajos o inexistentes”.

Claudia Valladares sostiene que “sólo el 2% de mujeres son CEO de empresas en Venezuela y es un porcentaje que responde a barreras estructurales como menor acceso a redes de poder, roles tradicionales de género que dificultan la continuidad profesional, y sesgos (explícitos e implícitos) que limitan el ascenso a posiciones directivas”. 

Reina agrega que mientras el hombre es reforzado por su capacidad negociadora y visto como un “líder”, la mujer que intenta defender su salario suele ser etiquetada como “conflictiva”, lo que congela sus ingresos por años para “no caer mal” en el grupo. 

Isabel Bermúdez, psicóloga especialista en el manejo de finanzas, coincide en que existe una presión desmedida sobre el desempeño femenino: “Preferimos estar 100% listas para pedir un aumento salarial y sentimos que tenemos que demostrar cuatro o cinco veces más nuestro esfuerzo sobre el del hombre”.

La condena del sistema por ser mujer

A pesar de décadas de lucha por el reconocimiento de los derechos y las condiciones laborales de la mujer, todavía no basta el talento y la preparación para ascender en el ámbito laboral. Al contrario, se levanta un camino de obstáculos ante cada paso que dan, ya que el sistema penaliza factores biológicos y sociales, transformando la dedicación familiar en un estigma laboral. 

Reina plantea que las empresas aún premian el “presentismo”. “Quien puede estar hasta las 8 de la noche en una reunión importante es alguien que no siente que la casa es su responsabilidad; por lo general, los hombres”. 

Sumado a esto, a la mujer se le aplica socialmente el “castigo por maternidad” o muro maternal. Susana Reina advierte que “se considera que una mujer que ya tiene un hijo ya no está comprometida, que tiene que sacar tiempo del trabajo para su familia”. Explica también que la misma legislación laboral venezolana, que designa seis meses de permiso pre y postnatal, “se convirtió en la peor herramienta de soporte para las mujeres, ya que crea la percepción de que son un gasto para los empleadores”

El problema no es el permiso, sino cómo la estructura laboral asigna a las mujeres la responsabilidad principal del cuidado. Cuando el sistema laboral asume que el cuidado del hogar y de los hijos recae casi exclusivamente en las mujeres, la maternidad termina siendo vista como una limitación profesional. Sin políticas que fomenten la corresponsabilidad, este sesgo continúa influyendo en decisiones de contratación, ascenso y salario.

Para Claudia Valladares, el sistema produce una acumulación de ventajas para quienes ya ocupan posiciones de poder y desventajas para quienes no las han tenido históricamente: “En Venezuela la desigualdad se intensifica por la falta de transparencia salarial, escasa regulación y sesgos de género y de clase, escasa regulación y prácticas claras de igualdad de oportunidades”

Del sesgo estructural a la equidad 

Para cerrar la brecha de género no basta con reconocerla, es un esfuerzo que requiere una sinergia entre reformas legislativas y un compromiso real del ecosistema empresarial para implementar mecanismos que garanticen la paridad.

Susana Reina expone que debe haber una ley de paridad salarial y una ley de paridad y de cuotas de género en los espacios de poder. Y coincide con Valladares en una hoja de ruta que prioriza la equidad a través de: 

  • Transparencia salarial obligatoria y auditorías de equidad de género.
  • Incentivos fiscales para empresas que demuestren una reducción real de sus brechas.
  • Programas de apoyo financiero (microcréditos y fondos semilla) dirigidos específicamente a mujeres emprendedoras para romper las barreras de acceso al capital.
  • Sistemas de cuidado infantil y licencias equitativas, que permitan una inserción laboral y profesional plena sin que el peso del hogar recaiga solo en la mujer.

Pero no solo es trabajo del Estado; las empresas tienen la responsabilidad de implementar políticas internas. Sobre esto, Valladares puntualiza que deben:

  • Realizar diagnósticos internos de brecha salarial y publicar resultados.
  • Implementar procesos de reclutamiento, promoción y evaluación con sesgo mitigado.
  • Capacitar en liderazgo a mujeres y mandos medios.
  • Establecer metas claras de diversidad y objetivos vinculados al desempeño organizacional.
  • Fomentar cultura de corresponsabilidad de cuidados para equilibrar carga familiar y profesional.

Susana Reina explica al respecto que es imperativo formar al personal en la identificación y mitigación de sesgos de género. “En la toma de decisiones, los baremos no siempre son los mismos. He notado que a la mujer se le exige el doble o el triple de rendimiento. A los hombres se les contrata por su potencial; a las mujeres, por su cumplimiento de metas. No es una pelea igual”, sentencia.

Por otro lado, para Valladares el esfuerzo para cerrar la brecha debe ser transversal con acciones como:

  • Educación y capacitación temprana para promover carreras con equidad de género, especialmente en áreas técnicas y en ciencia (carreras STEM).
  • Programas de mentoría y patrocinio para desarrollar liderazgo femenino.
  • Cultura empresarial que valore el balance trabajo-vida.
  • Promoción de redes de inversión inclusivas donde mujeres inviertan en mujeres y apoyen emprendimientos diversos

“Para el sector privado, implementar políticas de igualdad permitiría retener un inmenso porcentaje de talento femenino que hoy abandona las empresas al no poder conciliar la vida laboral con la doble jornada doméstica, lo cual sería beneficioso para las empresas y la economía del país”, explica Reina.

Mientras, Valladares argumenta que “cerrar la brecha de género no es solo un tema ético sino estratégico, ya que las empresas se ven directamente beneficiadas al aumentar la diversidad de perspectivas en equipos, se potencia la innovación y se refuerza la reputación corporativa, lo que puede atraer clientes, inversionistas y talento diverso. Y sobre todo organizaciones con liderazgo diverso también tienden a tener mejor desempeño financiero y mayor resiliencia”. 

La equidad de género busca justicia para hombres y mujeres según sus condiciones. Actualmente, la brecha salarial responde a un sistema que ignora las realidades de cuidado y desarrollo de las mujeres. Sima Bahous, directora ejecutiva de ONU Mujeres, explica que “en los lugares donde se ha priorizado la igualdad de género, las economías y sociedades han avanzado enormemente”.