Cuidado (4)

De Barcelona a Las Magnolias: tres mujeres que impulsan el liderazgo femenino en Anzoátegui

Lisbeth Rojas, Rumelys Rodríguez y Oscarlex Bolívar promueven el liderazgo femenino y la participación comunitaria en sectores populares de Anzoátegui, como una vía para enfrentar la normalización de la crisis venezolana y abrir camino a nuevas voces para el desarrollo nacional

En cada comunidad organizada del estado Anzoátegui, al oriente de Venezuela, hay historias cotidianas de resistencia, empatía y compromiso democrático. Así lo han constatado tres lideresas que, a través de la asociación civil Aprender Haciendo y la Red de Mujeres Constructoras de Paz, han llevado herramientas de formación e impacto social a sectores populares del norte, sur y oeste de la entidad.

El recorrido ha sido impulsado por la licenciada en docencia y psicopedagogía Lisbeth Rojas, directora de Aprender Haciendo, una organización sin fines de lucro que ejecuta programas de carácter social, humanitario y educativo, orientados al desarrollo comunitario y el bienestar de poblaciones en situación de vulnerabilidad. 

El trabajo de Rojas ha sido clave para formar y fortalecer capacidades en las comunidades con el propósito de que las mujeres reconozcan sus derechos y desarrollen su participación social activa, principalmente en las zonas donde hacen vida. 

“Por más de diez años hemos llevado información a las comunidades sobre los derechos de la mujer, violencia de género, participación política y el rol de cada una de ellas en la búsqueda de soluciones para sus comunidades. Realizamos unas cuatro actividades de formación al mes y en cada una de ellas hemos contado con la asistencia de entre 15 y 20 mujeres”, explica.

Además de promover talleres sobre el emprendimiento, su acompañamiento ha guiado a las beneficiarias en la solución directa de sus problemas. Destacan la recuperación de canchas deportivas gestionada por mujeres y hombres de algunas localidades anzoatiguenses como Barrio Razetti de Barcelona, Barrio Obrero en Clarines y Alí Primera en El Tigre.

La directora de Aprender Haciendo destaca que la participación de las mujeres es indispensable para el desarrollo colectivo y recomienda romper con esquemas históricos que limitan su accionar en el país.

Liderazgo femenino

“La mujer debe tener su espacio para la participación y no pensar que su rol principal es atender únicamente sus hogares, pues esa idea le resta el tiempo necesario para involucrarse en las grandes decisiones de su comunidad. No se trata de dejar de atender sus hogares, sino de entender que todo se puede lograr en unión familiar, compartiendo responsabilidades y con una buena organización. Hay que romper con los patrones patriarcales generacionales que han marcado nuestras conductas”, recalca.

A través de la asociación civil, fundada hace 12 años, algunas subcoordinadoras, como Rumelys Rodríguez y Oscarlex Bolívar, han llevado formación a las mujeres de las comunidades indígenas Kariña que hacen vida en los sectores Las Magnolias y Bajo Hondo, ubicados en los municipios Pedro María Freites y Simón Rodríguez de El Tigre, al sur de la entidad.

En estas zonas, afectadas por deficiencias en los servicios públicos como el agua y la electricidad, Rumelys Rodríguez ha visibilizado la fuerza del liderazgo indígena.

“En las comunidades Kariña hemos verificado cómo la participación política y social de las mujeres transforma la realidad. Cuando la mujer indígena reconoce su poder y sus derechos, se pone al frente de las exigencias para lograr agua, luz y dignidad para todo su pueblo. Sus voces son indispensables para reconstruir el tejido social”, sostiene.

Rumelys visita una vez por mes a los habitantes de las comunidades indígenas en la zona sur de la entidad, y revela que lograr la aceptación de las mujeres Kariña no ha sido fácil; sin embargo, han sido los conversatorios sobre violencia de género y derechos constitucionales los que le han permitido ganar la confianza de quienes en ellas habitan.

“En Las Magnolias, por ejemplo, desconocían que se podían dirigir a la alcaldía de Simón Rodríguez y solicitar la instalación de postes de alumbrado público, porque los residentes han limitado sus derechos a su cultura y forma de vivir, lo que les hacía pensar que la única solución para contar con energía eléctrica y alumbrado público era esperar ser tomados en cuenta”, asegura.

La joven activista, quien también es contadora pública, considera que ayudar a la comunidad indígena en el reconocimiento de sus derechos, bajo el enfoque y cultura de paz, ha sido el mayor aporte que ha podido dejar en la zona, donde ha notado como mujeres y hombres se han enfocado en la búsqueda de beneficios para todos, entre ellos; la activación de jornadas para la adquisición de bombonas de gas para quienes lo requieran.

Otro de los objetivos alcanzados por Rumelys en los últimos dos años es lograr el chequeo ginecológico de las mujeres kariña, a través de jornadas médicas que llevan a la localidad.

“Al principio no querían chequearse, pero poco a poco fueron ganando confianza. Incluso se negaban a ser revisadas por ginecólogos hombres y todo eso lo hemos ido trabajando con el fin de que todas puedan recibir atención oportuna”, cuenta. 

Un relevo necesario

Para estas tres activistas, la participación política de la mujer en Venezuela no es solo un derecho, sino un requisito para avanzar hacia la democracia y el crecimiento sostenible nacional.

Frente a la precariedad y la crisis que enfrenta el país, advierten que el mayor riesgo es la resignación, por lo que resulta imprescindible multiplicar el esfuerzo y formar a las nuevas generaciones de relevo que transformaran a la sociedad.

Oscarlex Bolívar es activista política en la zona sur del estado Anzoátegui e integrante de la Red de Mujeres Constructoras de Paz, una alianza entre líderes comunitarias, activistas y periodistas de 16 estados de Venezuela, que tiene como objetivo aportar en el reconocimiento y la visibilización de la desigualdad de género, y también en la sensibilización sobre temas fundamentales relativos a las mujeres.

Destaca que las herramientas facilitadas durante las jornadas de formación comunitarias, sobre el reconocimiento de sus derechos y la participación política de la mujer, han ayudado a visibilizar los avances sociales locales y del país.

“Muchas veces normalizamos la vulneración de nuestros derechos. Tenemos que aprender a defender lo que por ley nos corresponde, pero primero tenemos que conocer cuáles son nuestros derechos y así poder generar criterios propios e identificación real de cada acto violatorio de ellos”, explica. 

Recuerda la labor de sus padres desde el activismo político en la zona sur de Anzoátegui y asegura que desde su adolescencia aprendió a comprender que el liderazgo femenino debe servir como puente para demostrar que la acción pública es compatible con el crecimiento social.

“Es necesario evitar normalizar las carencias y el aislamiento. Como líderes, nuestra tarea es formar a nuevas mujeres para sumar esfuerzos por Venezuela. Al llegar a cada rincón de mi ciudad, le recuerdo a la ciudadanía que quienes hacemos política también tenemos una vida normal llena de retos como el trabajo, la familia y el hogar”, concluye Bolívar.

Su trabajo también alcanzó a mediados de 2026 a las mujeres desplazadas de otras regiones que llegaron al estado Anzoátegui luego del doblete sísmico del 24 de junio en Venezuela. Ambas organizaciones atendieron a esta población con jornadas médico asistenciales y entregas de kits de salud menstrual para mujeres. 

En la actualidad, estas tres mujeres lideresas reconocen el riesgo que han enfrentado tras la defensa de los derechos ciudadanos en sus comunidades. Sin embargo, también agradecen la transformación y el crecimiento social que han podido presenciar luego de las acciones positivas que algunas mujeres en formación han guiado desde sus sectores.

Liderazgo femenino
Cuidado (3)

Darianny: nacer y renacer después de los terremotos

Una red de amigas, activistas y doulas se unieron para ayudar a las mujeres embarazadas afectadas por los terremotos del 24 de junio: así llegaron a Darianny Tocuyo, quien perdió su hogar y todo lo que había comprado para cuando naciera su bebé

Cuando Darianny Tocuyo volvió en sí, se dio cuenta de que estaba en un Farmatodo del sector Playa Verde, en La Guaira. Escuchaba llantos y gritos a su alrededor; ahí comprendió que no era la única que intentaba procesar lo que había pasado. El 24 de junio reconfiguró la vida de miles de venezolanos y la suya. Ese día, Venezuela vivió un doblete sísmico con tan solo 39 segundos de diferencia. El primero tuvo de magnitud 7,2 y el segundo de 7,5. 

“Ni me acordaba de que estaba embarazada. Escuché que una señora gritó: ‘Por favor, denle a la embarazada una silla’”, recuerda sobre ese día, cuando ella y su barriga de seis meses de gestación resaltaban en medio de aquel lugar. 

Darianny entendió que la vida que había construido hasta entonces se había derrumbado delante de sus ojos. De la casa donde vivía con su pareja, que pertenecía a la abuela de él, no quedó nada. 

Tras pasar una larga noche en el Farmatodo de Playa Verde, después de los sismos, Darianny y su pareja se fueron a casa de otros familiares a Santa Teresa del Tuy, en el estado Miranda. Ahí estuvieron un mes hasta que él tomó la decisión de irse a Colombia. “Me dejó sola y tuve que venir a casa de una tía aquí en Catia (Caracas). No tenía otro lugar a donde ir. Nos habíamos quedado sin nada”.

Semanas después, sentada en una silla en la casa de sus padres en el sector Nuevo Horizonte de Catia, la joven mira al cielo y suelta: “En ese momento perdí la memoria”. Busca en sus recuerdos, pero no ubica cómo salió de esa casa. La vivienda se convirtió en escombros porque encima le cayó una piscina y el agua lo tapó todo. Ella no solo perdió todas sus pertenencias, también todo lo que había podido comprar para su bebé. 

La historia de Darianny no es un caso aislado. Un mes después de los terremotos, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) advirtió que el fenómeno natural agravó desigualdades ya existentes en el país y dejó a miles de personas con acceso aún más limitado a servicios esenciales de salud y protección. 

Paula Narváez, la Directora Regional de Unfpa para América Latina y el Caribe, recalcó que “las emergencias no interrumpen los embarazos ni los partos, pero sí dificultan el acceso a la atención que mujeres y adolescentes necesitan para proteger su vida y su salud”. 

La misma agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estimó que más de 36.000 mujeres resultaron afectadas por los terremotos. Pero, más allá de las cifras alarmantes, activistas, feministas y doulas se unieron para asistir a embarazadas porque observaron que, además de insumos, necesitaban acompañamiento. 

Mujeres embarazadas tras terremotos en Venezuela
Darianny Tocuyo, 20, toca su barriga durante una jornada médica para mujeres embarazadas en Coche, Caracas, Venezuela, el 13 de agosto de 2026. Fotografía: Andrea Hernández.

Mujeres desatendidas tras la emergencia 

Después de los terremotos, Mariandreina Montilla, comunicadora social e integrante de la Alianza de Mujeres Políticas, comenzó a recorrer pequeños campamentos transitorios para las personas damnificadas. Con el apoyo de líderes y lideresas comunitarias, identificó a mujeres embarazadas que estaban atravesando situaciones complejas. 

La activista compartió con una de sus amigas su preocupación por esta población y ella quiso ayudarla en una jornada. Comenzó localizando centros de acopio en Caracas para conseguir insumos que pudieran necesitar las embarazadas. Sin embargo, querían hacer más. 

“Supimos que se tenía que brindar esta ayuda de forma focalizada. Así fue como se me ocurrió contactar con Uquira, porque son aliadas naturales, además de amigas, y les planteé la idea”, relata. 

Al plan se sumó Aquamater, una organización no gubernamental conocida como el primer centro pionero en Venezuela dedicado de forma exclusiva al parto respetado, la maternidad consciente y el nacimiento humanizado. La unión surgió de la casualidad, ya que una voluntaria de la organización también estaba interesada en ayudar a una misma chica embarazada

“Sí nos unimos, somos mucho más productivas, más fuertes. Así nació esta dinámica de colaboración y acompañamiento a las mujeres embarazadas. En una conversación entre amigas para ayudar y acompañar”, cuenta Montilla. 

Más adelante, al proyecto de la Alianza de Mujeres Políticas, Uquira y Aquamater se sumaron Mi Convive, Fundación Andrés Bello y Alimenta la Solidaridad. 

Para Darianny su primer encuentro con este grupo fue eso que ella llama “destino”. En medio del dolor que la embargaba, estaba navegando por TikTok y vio un video de una chica que hablaba de una iniciativa que ayudaba a mujeres embarazadas afectadas por los terremotos.  

Con dudas sobre si podía ser real, la joven contactó a la chica de la publicación: “Mi mamá me dijo ‘escríbele, escríbele que tú necesitas’. Le expliqué toda mi situación y me dijo que escribiera a un número y lo hice”. Ese era el número de Mariandreina. 

Las jornadas 

Montilla señala que, al principio, pensaron en solo ayudar con kits, pero Aquamater sugirió ofrecer apoyo psicoemocional y ayudar a gestionar algunos de los partos. Después se sumó la Fundación Andrés Bello con atención ginecológica. 

“Sacamos un flyer y me escribió la fotógrafa Andrea Hernández para pedirme más información sobre la forma en la que nos podía ayudar. Así que no solo era esta idea de los kits, también era la atención médica, el acompañamiento psicoemocional y el apoyo fotográfico, a cargo de Andrea”, explica la activista. 

Se estableció entonces que las jornadas estarían compuestas por estaciones donde las madres recibirían atención ginecológica, asistencia con doulas y también se les ofrecía la posibilidad de maquillarse, para luego ser fotografiadas por Hernández. 

Darianny llegó a una de estas jornadas en el campamento transitorio Pedro Emilio Coll, en la parroquia Coche de Caracas. Fue acompañada de su papá. Asistió a su consulta ginecológica y le dieron un kit con toallas sanitarias, toallas posparto, ácido fólico, vitaminas, toallas húmedas, pañales, jabón para bebé y uno de adulto, antibacterial, calcio, una caja de hierro, un paquete de tapa pezones y una crema antipañalitis. 

—¿Quieres que te tomemos una foto?— le pregunta Andrea.

Darianny dice que sí y después se ponen a conversar. Cuenta que tiene una hermana gemela, y que tuvo que dejar la escuela cuando salió embarazada. 

—¿Y qué estabas estudiando?—, pregunta la fotógrafa. 

—Criminalística—, responde la joven. 

—¿Te gustaba?—, repregunta Hernández. 

—Sí—, dice Darianny y agrega que cuando estaba en el bachillerato, era ella quien le ayudaba a su hermana con las tareas. 

Darianny de 20 años de edad —cumplidos el 27 de agosto— posa frente a la cámara con una tela azul de fondo. Andrea le entrega una foto impresa, ella agradece y se va. 

Mujeres embarazadas tras terremotos en Venezuela
Eili Córdova maquilla a Darianny Tocuyo, 21, en casa de sus padres en la zona popular de Catia, Caracas, Venezuela, el 28 de agosto de 2026. Fotografía: Andrea Hernández.

El nacimiento del bebé 

Cuatro semanas después de ese encuentro, la joven dio a luz. Fue un parto de emergencia porque se adelantó. Como parte del seguimiento que realizan a quienes han atendido, Mariandreina y Andrea fueron a visitarla y a llevar algunas cosas para ella y el bebé.

—¿Se les hizo difícil llegar?—, pregunta la muchacha. 

—No tanto—, dice Mariandreína. 

Toda la familia de Darianny las estaba esperando. Sacan sillas de la casita y las reciben cariñosamente. Ella cuenta su experiencia, cómo tuvo dolores muy fuertes y las contracciones no la dejaban avanzar. 

Sus padres hicieron lo que pudieron para movilizarla y el bebé nació sin más, a pesar de haber llegado antes de lo esperado. Darianny recibe a su hijo como un milagro. Como una muestra de que están vivos. En la casa de Nuevo Horizonte viven actualmente 13 personas, incluyendo a la joven. En un espacio reducido, todos se acomodan para estar. 

Andrea le pregunta si quiere una foto con su bebé y ella responde que sí. En la sala de la vivienda aprovecha que hay una cortina de colores y la fotógrafa suelta: “Este espacio está lindísimo para la foto”. 

Darianny busca a su bebé, que estaba medio dormido y medio despierto. Se acomoda el cabello y posa. Minutos después, la familia se une al retrato y Andrea le entrega la fotografía impresa. Todos se alegran en la sala. 

Mariandreina no solo carga con insumos para Darianny y su familia, también, por pura coincidencia, lleva una torta y ahí se enteran que la joven cumplió 20 años el día anterior, el 27 de agosto, así que cantan el Cumpleaños feliz

—El día de mi cumpleaños mi mamá me dijo que no tenía mucho para darme, pero que agradeciera que estaba viva— dice ella.  

Mujeres embarazadas tras terremotos en Venezuela
Darianny Tocuyo, 21, sostiene a su bebé recién nacido junto a su mamá, hermana y sobrina en casa de sus padres en la zona popular de Catia, Caracas, Venezuela, el 28 de agosto de 2026. Fotografía: Andrea Hernández

Las visitantes le aseguran que seguirán presentes en su proceso. Darianny cuenta que ha tenido problemas para amamantar, su bebé le ha roto los pezones. La activista recuerda que en el equipo hay doulas dispuestas a ayudar. La nueva mamá comenta que una de ellas le brindó atención antes y que no puede estar más agradecida. 

Se abrazan y, de nuevo, prometen seguir en contacto. Darianny se despide con una sonrisa. 

La importancia del apoyo de las doulas 

En un país como Venezuela, donde la salud sexual y reproductiva parece estar en el último eslabón, las doulas juegan un rol importante. Ahora, durante la emergencia, han podido ayudar a decenas de mujeres embarazadas. 

La Red Mundial de Doulas, cuenta su coordinadora Isabela Polito, se movilizó para identificar las primeras necesidades de las mujeres en conjunto con una red de voluntarias. Las doulas son personas que brindan asistencia durante el embarazo y después del parto. Lo hacen desde tres áreas principales: acompañamiento perinatal, apoyo continuo en el parto y sostén emocional o contención. 

Para acompañar en terreno, elaboraron un protocolo y la red también se movilizó para ayudar desde la distancia, indica. Al ser una organización que se encuentra en diferentes países, todas se abocaron a la emergencia. Encontraron refugios sobrepoblados, historias sobre familias desplazadas e identificaron que se necesita más organización, ayuda material pero también apoyo emocional. 

Melanie Agrinzones, doula y cofundadora de la colectiva feminista Uquira, coincidió con esta percepción. Dentro de los refugios temporales que visitaron había una necesidad palpable de apoyo emocional, en especial, para las embarazadas. 

“Muchas se estaban enfrentando a la ansiedad y el miedo, y esto puede afectar el proceso de gestación, por eso la contención emocional era necesaria. Que ellas entendieran que podían tener a personas que las guíen en cómo ocurre un parto y cómo lactar en estas situaciones, personas que las acompañen durante el parto”, explica.

Darianny no es la única beneficiaria de la iniciativa. Suman más de 45 mujeres atendidas y que han podido sobrellevar sus embarazos en situaciones adversas. Para Agrinzones estas iniciativas, cercanas y que brindan contención emocional, las ayudan a entender que no están solas y que se pueden sostener en una red comunitaria, en una red de iguales para cuidarse entre ellas. 

“Estas redes son las formas más amorosas de responder a las catástrofes: salvan vidas, organizan, planifican y, por supuesto, sostienen ante el miedo y ante la incertidumbre y crean espacios seguros de contención y de atención”, afirma.

Mujeres embarazadas tras terremotos en Venezuela
Mariandreina Montilla, Eili Córdova y Darianny Tocuyo posan para un retrato en casa de sus padres en la zona popular de Catia, Caracas, Venezuela, el 28 de agosto de 2026. Fotografía: Andrea Hernández.